Las posibilidades para la izquierda. Frente al desgaste de la derecha paraguaya

Fue el liberalismo quien realizó con más efectividad una estrategia de “izquierdización” como medida de freno de su agotamiento político programático, mediante el expediente de generar una alianza electoral con sectores de izquierda.

 

Fuente: paraguay.com

La llegada al poder ejecutivo de Fernando Lugo en 2008 marcó un hito en la estrategia derechista para dar una salida a su propio agotamiento mediante la inclusión electoral y programática de la izquierda. El último gobierno colorado había hecho ya la inclusión programática del modo de hacer de la izquierda latinoamericana para renovar el accionar político colorado, ejemplificado en los acercamientos de Nicanor a Brasil y Venezuela que formaban parte medular de esa estrategia para revertir el agotamiento político ideológico de la derecha.

Fue el liberalismo quien realizó con más efectividad una estrategia de “izquierdización” como medida de freno de su debacle política programática, mediante el expediente de generar una alianza electoral con sectores de izquierda. Esta alianza llevó a Fernando Lugo a la presidencia del país y dejó la vicepresidencia y el control del Congreso Nacional en manos de los liberales.

La exitosa alianza de todos modos no logró frenar las expresiones del abandono popular que sufría la derecha. Los liberales debieron ir izquierdizando su discurso y aún así los sectores populares fueron prefiriendo la gestión que realizaban los ministerios y secretarías dirigidos por sectores de izquierda. El ascenso en popularidad de la ministra de salud es un ejemplo de esto. Los colorados también vieron mermado su apoyo popular y debieron recurrir a medidas de prestidigitación contable para dar la imagen contraria. Así, mientras miles de miembros del partido colorado lo abandonaban para irse a partidos más a la izquierda, preferentemente el liberal, la anr por decreto reincorporó a todos los expulsados, incluidos los miles que conformaron UNACE. Estas medidas de contabilidad, en la práctica, no sirvieron más que para dar cifras y titulares a la prensa. En los hechos la capacidad política de movilización interna del partido colorado sufrió por la pérdida de densidad militante que la incorporación sistemática de figuras unace no ha logrado salvar. Unace y Patria Querida, sin ideas propias, intentaron ampliar la alianza que llevó a Lugo al poder, sin poder darle mucha efectividad a esa intención, ni siquiera en el parlamento. La idea de sumar por la izquierda si bien ayudó a dar la impresión de un ascenso liberal, lo que realmente hizo fue sumar “para” la izquierda.

De esta situación tomó cuenta toda la derecha y en función de ese análisis es que ideó sus siguientes jugadas.

La izquierda en el poder demostró un pragmatismo aparente que dio muy buenos resultados en cuánto a la imagen de “gobernabilidad y gobernanza” que quisieron dar, esto incluso por sobre sus propias y grandes diferencias internas. Primero que nada se lograron apoderar de la imagen del ministro de Hacienda quien, dueño de su feudo, realizó una política económica que contentó y satisfizo a los sectores empresariales y a las principales potencias con las que Paraguay tiene estrechas relaciones comerciales. La imagen de seriedad y eficiencia que el ministro Borda daba, la izquierda la hizo suya sin mucha oposición de la derecha, en especial de la anr, partido que podría haber reclamado como continuidad suya esa política.

Fuente: ñanduti.com.py

La izquierda desarrollo políticas con carácter de estado en áreas no apreciadas por la derecha pero que lograron una vinculación interesante con los sectores populares y de clase media. Las iniciativas de trasparentar el acceso a la función pública, de dar acceso a servicios básicos de salud, de trasparentar el acceso a la tierra, de reforma agraria o no, el voto migrante, los esfuerzos por acabar con el trabajo infantil urbano y con el analfabetismo a nivel nacional, y las trasferencias monetarias condicionadas, fueron muy bien recibidas por sectores que aspiran a una sociedad meritocrática y sectores que aspiran a salir de situaciones de mendicidad y pobreza. Estas políticas no podrían tildarse de izquierdistas, sino más bien van en la lógica oenegera de derechos y deberes, muy en sintonía con las propuestas metodológicas del Banco Mundial y BID, políticas que, la derecha, en su debacle de ideas,jamás asumió como propias, dejándolas libres para que la izquierda las usase, recibiendo halagos por su “criterio” y buen desempeño.

Junto a este escenario e imágenes, el desempeño desesperado, mezquino y cortoplacista de la mayoría derechista en los otros poderes constitucionales del estado, legislativo y judicial, con algunas actuaciones que bordeaban el escándalo, lograron que el abandono popular a la derecha tuviera escenas memorables como la huida bochornosa de parlamentarios desde la sede del Congreso Nacional por una vía en construcción ante la molestia ciudadana por el despilfarro de recursos en el asunto electoral.

La desesperación de la derecha, el agotamiento ideológico que llevaba, el abandono popular de sus propuestas y siglas, el ascenso de toda la izquierda, incluso al interior de los partidos populistas de derecha, llevaron inequívocamente a buscar soluciones desesperadas y a la vez contraproducentes en el largo plazo. El golpe de estado parlamentario del 22 de junio y la masacre de Curuguaty que le dio origen fueron la cristalización de ese desespero. Efectivamente colocó a la derecha y al liberalismo en especial de vuelta en el Poder Ejecutivo, pero desnudó la pérdida de apoyo popular en tanto el golpe de estado parlamentario fue sentido como tal por la inmensa mayoría de la población paraguaya, independientemente a que esta mayoría se sintiese particularmente afectado por el golpe de estado o que estuviese dispuesto a realizar acciones de resistencia. Desnudó también el tamaño real de la derecha en tanto logró sumar a partidos de centro que se habían derechizado mediante su experiencia en el poder: pdp y pen. Es importante aclarar que estos partidos son experiencias cupulares y que su integración a la derecha pasa por la integración de sus cúpulas a la derecha y la destrucción de sus bases que han volado a llenar otras tiendas políticas de mayor compromiso democrático.

En este sentido el golpe de estado parlamentario denotó la fragilidad política de la derecha, incapaz de propulsar soluciones democráticas en un escenario de derrota; denotó también que en una situación desesperada la derecha puede caer en tácticas dictatoriales en tanto su impronta y herencia es profundamente estronista todavía, herencia universal para toda la derecha, liberales y patriaqueridistas incluso.

La situación electoral, que surge apurada, rápida, intempestiva para la izquierda, producto del quiebre de agenda que constituyó el golpe de estado parlamentario es también un momento propicio para plantearse e ir construyendo un escenario político adecuado para un crecimiento constante de la izquierda. El crecimiento de la izquierda paraguaya pasa también por la calidad de la derecha que toca enfrentar y en general por la calidad, democrática o no, de toda la escena política. Durante este periodo electoral, con el golpe de estado parlamentario a la vista todavía, es posible ir colocando algunas ideas y propuestas en escena, para ello hay que hacerse de algunas convicciones: hay en Paraguay un sector histórico de la derecha, inflado electoralmente por situaciones históricas también y culturales además. Existe en Paraguay un oído popular y de clase media, por esas mismas razones históricas y culturales, para un discurso de derecha, Existe en Paraguay, contradictoriamente, un sector popular y de clase media, de derecha, pero constitucionalista al cual, en su desesperación, la derecha toda ha dejado de representar.

Existe también una izquierda amplia, cada vez más amplia que recibe más y más apoyo popular, rural y ahora sobre todo urbano. Existen también sectores de la clase media receptivos a discursos progresistas meritocráticos. Existe además una prensa de derecha, competitiva, que está receptiva a representar esos sectores progresistas meritocráticos y a los de derecha constitucionalistas.

Por otra parte, la separación del frente guasu en dos bloques diferenciados, y la construcción de Kuña Pyrenda como un sólido referente de izquierda, construye a la idea de hacer unas cuantas construcciones estratégicas a partir del momento eleccionario.

No aporta al crecimiento de la izquierda el contar con una derecha desesperada, irracional y sin sentido estratégico, como tampoco contribuye a la izquierda la inexistencia de sectores de centro reales, absorbidos y subrepresentados como están ahora en los supuestos (más que reales) “grandes partidos” de derecha. Para la construcción de una derecha democrática, constitucionalista y dialogante este es el momento y el escenario ideal. Una posición política se construye a partir de imágenes, esperanzas y actos. Lo que se representa, lo que se promete y lo que se hace. La izquierda paraguaya, dividida en tres, está intentando representar a los sectores populares campesinos y urbanos resistentes y radicales, a sectores medios progresistas y democráticos y debería también querer representar a los sectores medios de derecha constitucionales, surgidos de más de 20 años de quiebres constitucionales promovidos por la derecha política y económica. Esta derecha que estaría receptiva a un discurso de derecha constitucional proveniente de la izquierda es aquella derecha que se ha sentido traicionada por esos quiebres constitucionales. He aquí que esta división en tres de la izquierda da pie para que, discursivamente, en el el sentido de las esperanzas, se pueda -desde la izquierda- ir construyendo la derecha que ahora no hay: democrática, constitucionalista y dialogante. Para ello en la temporada electoral bastaría instalar candidaturas que representen esa esperanza de respeto a la constitución, de seriedad y tranquilidad institucional, candidaturas a nivel parlamentario. Se podría decir que es llenar un vacío en la representatividad a partir de imágenes compartidas. Un Adolfo Ferreiro representa bien esta imagen.

La construcción de un centro, progresista y meritocrático es posible hacer del mismo modo, mediante la reinstalación de imágenes de este tipo que estuvieron presentes durante el gobierno de Lugo, especialmente en las trayectorias de Lilian Soto y José Tomás Sánchez.

Para la existencia de estos centros y derechas democráticos, constitucionales, progresistas y dialogantes es necesario apuntalar un radicalismo discursivo de izquierda que aluda a los vectores clásicos de este sector. Una izquierda combativa, heredera de luchas y movilizaciones del campo, la ciudad y el trabajo, que haga suya la continuidad de una parte del gobierno Lugo, tal como la construcción de esa derecha y ese centro también harán suya alguna parte de la era Lugo.

La idea de aprovechar estratégicamente un escenario que combina el agotamiento de la derecha y la división de la izquierda es poner en la mesa el pragmatismo necesario para llevar adelante las construcciones de horizonte.

 

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