Las persecusiones de Lugo

Lugo cree que contradiciendo sus promesas electorales para adecuarse a los designios de los intereses económicos dominantes podrá conservar el sillón. A este paso, atacando a los sectores populares y progresistas que lo votaron, solo le quedarán quienes piden su cabeza. Y éstos, sin desembolsar los cien mil dólares y sin hesitar, lo botarían como bolsa de mandioca del palacio.

La oleada represiva implementada por su ministro del Interior, Rafael Filizzola, al estilo gorila de las décadas negras de América Latina, nos devuelve a una siniestra realidad que la mayoría de los paraguayos creyó desterrada con el triunfo de Lugo. El, que se deshizo en promesas de inaugurar una nueva era de empatía hacia «los pobres», hacia «los que sufren», una política económica más distributiva.

Por sus frutos los conoceréis… y el secuestro supuestamente perpetrado por un grupo guerrillero tiene como consecuencia esta represión masiva contra sectores campesinos reivindicativos con la colaboración… del gobierno colombiano(!).

El cuestionamiento de la estructura oligárquica de la propiedad de la tierra, sustentada en la corrupción prebendaria, que se venia denunciando, y que era objeto de investigación por parte de ciertos funcionarios gubernamentales, así como el eje de las luchas permanentes de campesinos organizados, tiene su respuesta en esta persecución de efecto (apenas «colateral»?) disuasivo de futuras acciones sociales. Un secuestro que cae como anillo al dedo para solucionar los enojosos problemitas que le iban surgiendo a la poderosa e intocable oligarquía criolla. Y aquí cabe la pregunta: a esta altura de los acontecimientos, alguna persona con discernimiento ¿podría creer todavía en el cuentito del EPP?

Hace unos días decía que prefería a «Lugo y su equipo», antes que a Calé, Nicanor and Company. Pero si parte de este equipo gubernamental se empeña en desenterrar los métodos del terror fascista, persiguiendo por «criminales» a quienes exigen cambios sociales en nuestro país, ya nos resultará bien difícil distinguir las diferencias.

En la época sangrienta de la dictadura de Stroessner fui una de las personas cuya cabeza tenia precio. Los calificativos de «peligrosas terroristas», integrantes de «una banda de criminales» que acompañaban tres fotografías, con el precio per càpita correspondiente, tenia eco en una parte de la población. Mucho me recuerda a otros tiempos esta asimilación que se pretende entre lucha por erradicar las injusticias versus delincuencia, esta criminalización sistemática de las luchas políticas y sociales. Los que acusaban de terrorismo, simultáneamente asaltaban mi casa en hordas furiosas, con ráfagas de metralletas, con mis pequeños hijos y una joven embarazada de ocho meses adentro. Y, una vez escapada casi de sus manos, estos mismos acusadores intentaban asesinarme en el interior de la embajada de México. Solo tuve la vida salvada por la valiente intervención del jardinero de la residencia.

Por esos días (enero de 1978) era acribillado a balazos Jorge Agustín Zavala Esquivel, 27 años, hijo único, estudiante de medicina en Corrientes. Joven idealista que imaginaba un mundo mejor, un Paraguay justo y solidario. Era mi mejor amigo y un paradigma de ser humano, el «hombre nuevo» del que hablábamos. Este asesinato sigue impune hasta hoy: era solo un «terrorista»… Después de trece años de exilio pude volver, y el PY ya estaba «en democracia»…

Son casos entre tantos miles a lo largo de sesenta años. Cuenta como testimonio, porque a fuerza de querer olvidar, la historia se repite.

Hoy son otros nombres: Arrom, Marti, Colmán, refugaidos en Brasil, sobrevivientes de secuestro y torturas (si, dos de ellos fueron víctimas de secuestro y de feroces torturas) salvados in extremis por sus hermanas, condenados por «secuestro y terrorismo» (!) al final de un proceso plagado de vicios y falsedades. Sus fotos se están publicando en los medios, con esos calificativos infamantes, con cien mil dólares de recompensa… como antes.

Las historias se repiten a lo largo de las generaciones y ya parecen un disco rayado. El drama es que nuestro país, nuestras vidas, nuestras generaciones futuras son las que se hipotecan con todas estas farsas siniestras, calcadas al detalle, de los viejos modelos que esperábamos perimidos, de tan larga y triste memoria.

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