Las palabras posibles de Chereas Daniel

Chereas Daniel

Chereas y sus libros

El 10 de setiembre fue la fecha fijada para esta entrevista. Dos días antes Chereas llamó para puntualizar el encuentro, dijo que sería un honor hablar de su libro en E’a y ante ese gancho la periodista se sintió inevitablemente comprometida. «Traé maquillaje para arreglar un poco mi cara para la foto», fue otro pedido que sonó inaudito, pero no había razón para contrariar la naturalidad de esa solicitud. Junto a la cámara, la libreta y el bolígrafo, sus pocas armas cosméticas fueron una herramienta más de trabajo.

Chereas Daniel llamó preocupada para postergar el encuentro media hora, pues los libros que debían llegar de la imprenta se atrasaron y no era una opción para ella empezar la entrevista sin su segundo hijo en brazos.

La periodista llegó, y a la par de un eufórico saludo el paquete despanzurrado por las garras de la ansiedad dejaba ver al hijo, Palabras posibles, su segundo poemario.

Escribir es estar atento de los demás

Chereas, de 32 años, pudo ver su sueño cumplido en el 2003, su Pequeña Antología reunió poemas sencillos donde con ternura habla de penas, soledades, añoranzas, y no necesariamente porque ella las sufra todas, sino que se alimenta de otras experiencias. «Mi poesía no parte de mí sino de mi observación de los otros», dice.

Y esto es tan cierto como la anécdota que con su acostumbrado desenfado cuenta: «El año pasado me caí en una rejilla en la calle». A raíz de este accidente tuvo una fractura delicada en el brazo. Su estadía en el hospital de Itauguá fue una situación nutritiva para su rol de escritora. Pasó el año nuevo ahí. Los médicos se hicieron sus amigos. «Ahí aprendí lo que significa amanecer en la piel del otro». Observó tanto a su alrededor que de su curiosidad no se escapó la famosa historia del fantasma de Rosa que, dicen, habita el hospital. «Memorias de un fantasma», escribió y lo tiene guardadito.

Poesía y pintura

Chereas habla de muchas cosas, de un tema salta a otro, una anécdota le remite a una persona y esa persona a otra anécdota y así la charla va de liana en liana. Recuerda su primer poemario y la periodista no siente que le irrita ninguna vanidad cuando le dice: «ese fue un libro que ha conmocionado, por la estética de los poemas y las caritas», mientras lo hojea y recorre la vista sobre los distintos semblantes de los dibujos que ella delineó para su poemas. En esta nueva publicación no acompañan nuevos dibujos, salvo la hermosa portada hecha por su amiga Tana Schémbori. Sin embargo, Chereas muestra unas cuantas obras suyas enmarcadas y otras en proceso de terminar. Van desde técnicas de collage hasta pinturas en acuarela. «Cuando la gente me pregunta qué significa esto o cuál es el mensaje de aquel, yo le digo: a la pucha, te estoy faltando al respeto si te digo porque te estoy robando la capacidad de imaginar», le aclara a la periodista y ésta se abstiene de preguntar qué quiso decir con aquella pintura. La presentación de Palabras posibles irá acompañada de una pequeña exposición de estas obras.

Poesía, pintura, música…

«Tengo vocación de cantante», dice Chereas y sorprende de nuevo con una pasión más. Ella se crió en San Cristóbal, el distrito de Alto Paraná, por lo que habla muy bien el portugués y en la entrevista empieza a correr la bossa nova, un adelanto de lo que también habrá en el lanzamiento. «Con unos amigos tengo un grupo de música llamado Trova Bohemia».

Su ídolo es Joaquín Sabina, un arrebato y un relajo a la ansiedad. Y platicando de ansiedad le habla del cigarrillo que a veces fuma, dice, «pero no trago, saco nomás». Surgen otros temas, su salud no es muy buena, tiene problemas renales, entre otros. Y las complicaciones del alma en las que recibe la ayuda del doctor Carlos Alberto Arestivo. Es imposible no poner su nombre acá porque en medio de la charla sobre poesía, pintura, en medio de las disgregaciones, siempre surge él, a quien Chereas llama «mi viejo», que tiene «los ojos azules como el mar y las canas de Richard Gere».

Al despedirse se disculpa con la periodista: «me voy por las ramas al hablar, pero eso es típico de los escritores». «No hay problema», le dice tomando el comentario como una excusa para el último estrechón de manos y se va. Ya distantes y retornando a temas domésticos tal vez, piensa en los maquillajes y se sonríe pensando en que ninguna se acordó de usarlos. De repente resuena la poesía con un mensaje de texto de Chereas: «Si de repente nos fuimos por las ramas es porque sabemos cuán fuerte y profunda tienen el tronco y la raíz».

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