Las industrializadoras de agua van agotando lenta pero sostenidamente el Acuífero Patiño

Por Arístides Ortiz Duarte

Las embotelladoras de bebidas azucaradas, alcohólicas, agua mineral y demás empresas extraen diaria y  gratuitamente, sin reglas ni control, millones de litros de agua dulce del acuífero.

Según un estudio de balance hídrico realizado por técnicos del Servicio Nacional de Saneamiento Ambiental (Senasa) en el 2005, al acuífero ingresaban en forma anual unos 175.800 millones de litros de agua y se extraían 249.000 millones litros. El déficit de diferencia era entonces de 73.200 millones de litros de agua. El estudio concluyó que las aguas del Patiño  bajan a un promedio de medio metro por año.

Pero en los últimos 10 años, aquel balance de agua del acuífero se ha disparado en cuanto al déficit entre lo que se descarga y lo que se recarga naturalmente: varios geólogos e hidrólogos  proyectan que cada año el Patiño tiene 100.000 millones de litros de agua menos.

Por poner solo un ejemplo, una recopilación de información en forma de libro escrito en el 2014 por Ana Portillo y Guillermo Ortega –investigadores de la ong Base Is- detalla la cantidad de agua que la empresa Paresa, productora de Coca Cola en Paraguay, usa del Patiño. Describe la recopilación que Coca Cola vendía en ese año  unas 5,6 millones de botellas de litro por mes. El informe recoge informaciones que señalan que para producir un litro de bebida cola se necesitan 9 litros de agua; 2,5 litros para un litro de Coca Cola y 6,5 para producir su botella, pero se estima que durante el proceso de producción como limpieza, calefacción y enfriamiento, utiliza 200 litros de agua por cada botella producida. Es decir, Paresa utiliza 1.133 millones de litros de agua en un mes sin pagar un canon por esa materia prima que extrae de manera gratuita. Tampoco está establecido un límite de cantidad para extraer.

Miles de millones de litros son extraídos por empresas transnacionales y franquicias locales como Coca Cola (Paresa), Pepsi (AJV SA) y Cervepar (Pilsen y Brahma). El presidente Horacio Cartes construyó su emporio con las aguas del Patiño. Bebidas del Paraguay, ubicada en San Antonio, fabrica las bebidas gaseosas Pulp, los jugos Puro Sol y Watt’s, las aguas Levite, Ser, Villavicencio y La Fuente; la bebida isotónica Full Power, el energizante Battery y las cañas Rodeo y Estrella de Oro.

El negocio de la explotación de agua dulce es una inversión sin riego alguno, ya que la materia prima, el agua, es gratis. Las ganancias de las industrializadoras de agua son astronómicas.

A aquellas empresas embotelladoras se suman las otras que también aprovechan las aguas dulce del acuífero: curtiembres, lavaderos de vehículos, agricultura familiar, mataderías de animales vacuno, porcino y avícolas, agua mineral y aguateras privadas, cuyos negocios están ubicados en diversos puntos del Departamento Central, sobre el Patiño.

Explotación sin reglas ni control

Las aguas de las decenas de acuíferos que posee el Paraguay bajo su superficie geográfica son explotadas, desde siempre, sin reglamentaciones específicas, sin pago de canon y sin controles de autoridades competentes, ya que la Ley de Recursos Hídricos (Ley de Aguas) número 3239, sancionada y promulgada en el 2007, establecen disposiciones generales que no pueden aplicarse. Al no tener una reglamentación para su aplicabilidad, todos los acuíferos de agua dulce son explotados a discreción.

En este sentido, el artículo 46, inciso “d”, de esta ley establece, por ejemplo, que  para  “…el otorgamiento de la concesión se abonará un canon que será establecido sobre la base de la naturaleza de la inversión, el impacto sobre el recurso hídrico utilizado y la utilidad social del emprendimiento”. Pero al no fijar monto ni forma de cobro, es letra muerta.

Desde el año en que entró en vigencia, hubo intentos de reglamentar la ley por decreto del Poder Ejecutivo. Durante más de cuatro años -desde el 2008 al 2012-, la Secretaría del Medio Ambiente (Seam), entonces a cargo del arquitecto Oscar Rivas, procuró terminar la elaboración de un proyecto de reglamentación de 116 artículos. Pero nunca pudo terminar en decreto, ya que los intereses de las empresas industrializadoras de agua se opusieron. Hoy ese proyecto duerme en el Ministerio de Agricultura y Ganadería.

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