Las fiestas cívicas del 25 de diciembre son prohibidas (II, final)

El 25 de diciembre de 1842 se realizó el juramento de defender la independencia. Por ello, las celebraciones navideñas de entonces eran fiestas patrias en que el pueblo paraguayo renovaba su compromiso de defender la independencia. La costumbre desapareció luego de que los Legionarios tomaron el poder de la mano del Ejército invasor tras la Guerra del 70.

Monumento que conmemora, entre otras fechas, la jura de independencia del 25 de diciembre de 1842.

En las fiestas navideñas de hace ciento cincuenta años, el pueblo paraguayo estaba celebrando las más grandes “demostraciones de júbilo y contento público” del día de la jura que tuvieran lugar en la época de los López.

El año 1863 fue el mejor de los tiempos para el Paraguay. En tan solo 5 décadas, la provincia empobrecida había pasado de una dependencia colonial explotada a la República preeminente del Río de la Plata.

Los López, al continuar las políticas de Dr. Francia, no permitieron que las riquezas del Paraguay se desviaran a una metrópoli extranjera, como ocurrió en las otras naciones de América Latina.

Al encontrar el enorme superávit en el tesoro que heredó del dictador, el gobierno empleó el capital público para financiar las empresas del Estado que promovieron el desarrollo espectacular del Paraguay. La economía controlada  por el Estado generó riqueza creciente a partir de su monopolio de la yerba mate y otros productos de exportación, que se invirtió en la industria y la infraestructura del país mediante la importación de la tecnología y la contratación de técnicos extranjeros.

La defensa nacional fue para los López, como había sido para Francia, la prioridad más alta. Durante medio siglo, la política de la República de neutralidad y no participación en las guerras civiles de la región –que fue posible gracias a la fuerza de sus fuerzas armadas– había protegido a su pueblo de la muerte y el sufrimiento que asolaran a los demás pueblos del Río de la Plata. El gasto enorme para mantener el establecimiento militar moderno ascendía a, por lejos, la parte más grande de los recursos nacionales.

Aun así, el ambicioso programa de obras públicas del gobierno procedió a buen ritmo junto con el telégrafo, el ferrocarril y la flota de buques a vapor del Estado, mientras que la fundición de hierro establecida por Francia en Ybycuí se convirtió en un complejo de fabricación industrial.

Miles de habitantes vivían en ejidos alquilados del gobierno. Decenas de estancias de la Patria, también establecidas por Francia, produjeron carne y cuero para los militares, pero también vendieron productos al público en las tiendas del Estado. Los precios comerciales y de consumo controlados por el gobierno ayudaron a asegurar que, más que en ninguna otra parte, el pueblo compartía en la prosperidad.

Y la educación, “el primer elemento de civilización”, fue otra gran prioridad. Aprovechando la base establecida por Francia, el sistema de escuelas públicas de la República proporcionó la educación primaria, incluso para los jóvenes del campo.

Con todo, para principios de la década de 1860, el Paraguay había surgido como un oasis de prosperidad y paz en el Río de la Plata.

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Las fiestas que comenzaran el 25 de diciembre de 1863 eran las primeras después del prolongado período de luto con que el país honró a Don Carlos, quien murió el 10 de setiembre de 1862. Para las festividades que llenaban las siguientes semanas, El Semanario encargó una serie de artículos destacados, escrita en primera persona. El ensayo “Fiestas”, la segunda entrega publicada el 2 de enero de 1864, es una tentativa literaria para retratar este momento feliz en la historia del pueblo paraguayo.

El autor empieza con una revisión de las actividades del fin de semana pasado. Poniendo la mejor cara en los eventos suspendidos, su relato continúa al explicar que el 27 de diciembre de 1863:

“El domingo debió de haber sido un dia completo para el pueblo, ancioso de distraerse, si una desecha agua por la mañana no hubiese venido á desbaratar muchos preparativos; sin embargo, hemos visto muchos corrillos de enmascarados recorrer las calles y plazas y difundir la risa y la algazara. Tambien tuvo lugar la sortija, y por la noche en lugar de un baile que debia haberse dado, hubieron fuegos de artifico… en la plaza, cerrada por una apiñada muchedumbre….

Lamentablemente, se cuenta que toda esa semana próxima, “El tiempo parecia haberse conjurado contra todo lo que se disponia para ofrecer momentos de solaz al público. Y, una vez más, sufrió el espíritu de las fiestas cuando

“El día 1o de Enero, 8o día del aniversario del 25 de Diciembre y primer día del año 64, amaneció encapotado, y privó la recepcion en el palacio que debió haber tenido lugar esa mañana”.

Pero entonces, felizmente, relata:

“La tarde de ayer ofrecia las playas del rio un panorama sorprendente; miles de personas poblaban el circo y sus inmediaciones, y allí  se veia un continuado movimiento. Casi toda la poblacion se desbordó en aquel sitio con el objeto de ver las corridas de toros; los cercos  y  palcos se llenaron completamente. Nunca se vió tan favorecida la playa; lugar en que la mayor parte del tiempo cubre el agua y los peces, se vera convertido en un espléndido escenario, donde una concurrencia alegre, bulliciosa y divertida gozaba con los variados espectáculos que se le ofrecía”.

Por fin, después de exudarse sobre “el color de la esperanza” del césped tapizando la playa, aparentemente capaz de contener sus emociones, irrumpe:

“La hermosa llanura parecia matizada de ramos infinitos de flores de variados colores y puestos en movimiento por las brisas de la tarde, mostrandose con mas profusion en el lugar del circo, que pudiera  representarse por la imaginacion como una corona variadísima ofrecida entonces á la festividad de la Independencia Nacional por la union de un pueblo entusiasta y divertido; mas allá el rio, los mastiles de los buques flameando banderas diversas, que representan otras tantas nacionalidades, el campo, los animales, la montaña; todo formaba un conjunto verdaderamente admirable y poético”.

Artículo «Fiestas», publicado por El Semanario el 2 de enero de 1864.

Casi perdido en la continua cobertura de las fiestas, en El Semanario de la semana siguiente hay un párrafo que colocó en contexto “el augusto y venturoso Día 25 de Diciembre”. En el número del 9 de enero de 1864, se encuentra esta impresionantemente concisa cronología de la historia extraordinariamente complicada de la independencia y su conmemoración:

“Todas las naciones cultas del orbe político, consagran un día a las aniversarias festividades de su libertad… nada es mas justo, laudable y obligatorio al pueblo paraguayo, que en reconocimiento al Ser Supremo que crió al hombre libre é independiente… le consagre el augusto y venturoso día 25 de Diciembre, en que tambien se  recuerda el día en que saliendo del silencio y letargo en que hacia incierto en su porvenir, alzó la voz y declarándose libre, proclamó ahora mas de diez lustros, y despues en 1842 juró su entera independencia, bajo la acertada administracion del Gefe Supremo de la Nacion que con prudencia y energía, ha sabido elevar nuestra Patria al rango que ocupa hoy entre las naciones cultas” (El Semanario, 9 de enero de 1864, p.4.)

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No es inconcebible que en estas fiestas navideñas de 2013, en que los paraguayos están celebrando el Bicentenario de la Independencia, también se renueve el compromiso de defender la Independencia. Esto a pesar de la campaña de falsificación de la historia llevada a cabo por los Legionarios y sus descendientes intelectuales.

Al servicio de sus amos, la banda de expatriados lanzó el proyecto de desmantelar el Estado y reducir el Paraguay popular a otra empobrecida neocolonia explotada por la metrópoli mundial. Entregaron vastas extensiones de tierra, el telégrafo y el ferrocarril del Estado a las corporaciones extranjeras; abolieron los ejidos, estancias y almacenes del Estado; y abandonaron el sistema de escuelas públicas de la República.

Por supuesto, era de suma importancia suprimir la institución del 25 de Diciembre que unía al pueblo con la República fundada por Francia, el Paraguay desarrollado por los López. El día de la jura y las fiestas cívicas, establecidas por Don Carlos para “consagrar un monumento eterno a nuestra gloriosa independencia”, ya no se podía tolerar.

Cada recordatorio de las “demonstraciones de júbilo y contento público” tenía que ser borrado. Incluso su nombre de una avenida principal de la capital, cuya ubicación se encuentra en una factura de trabajo de 1860 para la pared de ladrillo “sobre la Calle de la Palma, y de viente y cinco de Diciembre, a continuacion del nuevo edificio para la Casa de Club”.

Así murió la gran tradición patriótica del día de la jura de defender la Independencia. El 25 de diciembre de cada año a lo largo de la época de los López servía para renovar la fe en sentirse ciudadano de esa altiva nación paraguaya.

*Historiador norteamericano. Autor de “La Primera Revolución Popular en América. Paraguay 1810-1840″.

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