Laberinto paraguayo

Opinión sobre los conflictos partidarios y la carrera electoralista que lanzó la derecha y en la que han caído todos.

Imagen: Guayoyoenletras.

Por José Antonio Vera.

El sondeo de opinión, ordenado por el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) y efectuado el primer día de este mes, respecto al peso que tienen los autoproclamados postulantes a la Presidencia de la República, ha degenerado en un espectáculo escandaloso que ofrece la ocasión de meditar acerca del laberinto en el que están inmersas todas las familias políticas en Paraguay y tiene el mérito de intensificar la muy necesaria discusión política en el país, como ejercicio de participación ciudadana.

El culebrón liberal, que lleva una semana de enfrentamientos, incluso a trompadas entre la facción del desafiante Efraín Alegre contra la del Presidente del Partido, Blas Llano,  senadores ambos, se desató de inmediato al cierre de las urnas, llamadas hasta el cansancio “delivery”, cuando bien pudo hablarse de “casa a casa”, por básico respeto idiomático, y para no alimentar tanto la dependencia cultural y a sus voceros afines.

Cada contendiente, a una semana del conteo de los votos, aún continúa declarándose ganador. El Vicepresidente de la República, Federico Franco, tercero en la puja, en un inédito gesto racional, se retiró en total fracaso a la hora de comenzar la visita a los hogares, en lo que resultó una actividad selectiva, pues muchos que portaban las urnas de cartón, excluyeron a su paso a numerosos domicilios en todo el país.

El aspecto quizás más denigrante de una organización política con más de un siglo y cuarto de vida, al igual que su viejo contrincante el Partido Colorado, es que en ningún momento sus dirigentes hablan de ideología, de la situación general del país, de sus agudos problemas sociales, o de programa, absorbidos todos los actores de esta penosa puesta en escena, por una demencial y masiva carrera por los cargos.

Llano, quien tiene mucho peso sobre el aparato partidario, podría haber sido aventajado en los votos, pero también aparece en el plano de las muchas hipótesis en curso como el vencedor, y podría ser declarado como tal en los próximos días, en virtud del sistema de conteo que, cuatro horas después del cierre, decidió el Tribunal Electoral del Partido, alimentando numerosas denuncias de fraude.

Hombre de múltiples facetas, desde estanciero hasta corredor de rallys, algo pendenciero, a su ascendiente partidario acumuló cierto crédito popular en estos cuatro años del Gobierno de la Alianza para el Cambio (APC), que contribuyó a formar, y con la que ha sido el más leal entre los pocos altos dirigentes liberales que pueden exhibir una postura nacionalista.

Alegre, exministro de Obras Públicas del primer Gobierno de Fernando Lugo, de gestión mayoritariamente aceptada, pagó con su destitución el haber comenzado a utilizar ese puesto como trampolín para su postulación presidenciable, apoyado por buena parte del capital privado nacional y foráneo, además del sostén de ciertas embajadas extranjeras.

Una de sus medidas más recordadas, que mostraron claramente su hilacha privatista de la economía nacional, fue su campaña parlamentaria para concesionar las 14 pistas aéreas del país en beneficio de un grupo de inversionistas extranjeros por un período de 30 años con una ridícula inversión total de 100 millones de dólares (3.3 millones/año).

Suma burlesca, dado que sólo los tres aeropuertos más importantes del país, arrojaron más de tres millones el año pasado sólo en concepto de cobro por tarjeta de embarque, es decir, la misma cantidad anual que hubieran comenzado a invertir si su propuesta hubiera cristalizado, la cual recibió el rechazo de las centrales sindicales, sectores progresistas, organizaciones campesinas y movimientos sociales, que se enfrentaron a la mayoría parlamentaria que aprobaba el plan, calificado de “entrega de la soberanía”.

Si bien el liberalismo fue el sostén ideológico fundamental del imperialismo británico, y su doctrina económica es la base del actual caos planetario, es innegable que durante los últimos dos siglos produjo figuras dignas que, en el caso paraguayo su más alto ejemplo es Eligio Ayala, Presidente de la República entre 1924/28, y que si los actuales dirigentes respetaran algo su trayectoria, tienen suficientes razones para obrar de forma decente.

Similar enredo también se constata en las otras familias partidarias del país, en primer lugar el Partido Colorado, el más grande, con más de un millón de afiliados, el que aún no ha podido salir de la matriz corrupta y autoritaria del estronismo, que tras sufrir el shock que le produjo su derrota electoral frente a la APC en abril del 2008, se ha deslizado por un peligroso acantilado que algunas fuentes llegan a identificarlo como la apertura a la narcopolítica, un delito que podría engrosar su larga trayectoria de prostitución pública.

En la vereda de enfrente está el movimiento popular, las organizaciones campesinas, los sectores progresistas y democráticos, la enclenque y siempre confusa izquierda, y algunos sindicatos, en un total de 18 fuerzas que hace dos años conformaron el Frente Guasu (FG), el cual hasta ahora es incapaz de superar la esterilidad de sus divisiones y luchas intestinas paridas por la vanidad y celos personales, el caudillismo y otros males que amenazan con partirlo en dos o tres partes, al igual que a liberales y colorados.

El reflote de la APC, aunque no se rectifique, es indispensable para evitar la implosión del PLRA y para que sobreviva el FG, que apenas llegaría a reunir un 25 por ciento de las fuerzas en pugna y, en la perspectiva de convergencia sólo puede visualizar a una fracción colorada insignificante en votos y a los liberales, como en el 2008, pero ello ahora está más complicado porque ese matrimonio casi fue destruido por la improvisada gestión de Gobierno, salvado en sus girones por la amortiguación que hasta hoy ejerce Lugo.

Las elecciones presidenciales están fijadas para abril del año próximo, y en la tramposa carrera electoralista que lanzó la derecha y en la que han caído todos, ningún sector aún está en condiciones de ofrecer un candidato y en su búsqueda se centra toda la atención de los políticos de este país que, de forma deliberada algunos y otros no, son cómplices en la consagración de Paraguay como paraíso de las transnacionales, esas fábricas de la expansión transgénica, de la usura, del hambre y de la exclusión social.

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