La soja se está comiendo lo que queda de bosques

 En la Región Oriental quedan menos de un millón de hectáreas de bosques. La mitad de estos se encuentra en áreas protegidas, comenta el titular de Guyra Paraguay, Alberto Yanosky.

Es una historia que parece no tener límites. En 1940 la Región Oriental contaba con once millones de hectáreas de bosque, gran parte concentrado en el llamado Bosque Atlántico. Una exuberancia de fauna y flora que maravilló a Moisés Bertoni, que pudo registrar muchísimas especies para el mundo de la ciencia. La mayor parte de este territorio boscoso se mantuvo hasta los años 70, con variaciones graduales que no causaban alarma.

Una cruz y una bandera raída plantadas en el sojal, nubarrones y el músico Nilton Vasquez. Marina Cue, a un año y siete meses de la masacre. Foto: Cigarrapy.

La apuesta decidida durante el gobierno de Alfredo Stroessner a la ganadería extensiva e intensiva y la agroexportación, principalmente algodón y luego la soja, vendría a cambiar en los 80 gran parte del mapa boscoso de Paraguay. Este avance de la agroexportación tendría directa relación, desde los 80, con la masiva migración de las familias del mundo rural a las ciudades, convirtiéndose el departamento Central y el departamento Alto Paraná en los principales puntos de migración en el país, además de la migración antigua a la Argentina. Ya en los 90 el ya fallecido sociólogo Tomás Palau advertía el destierro del mundo rural de unas 100 mil personas al año

De los departamentos más boscosos que en 20 años ha sufrido un cambio extraordinario se cuenta Canindeyu, parte íntegra del Bosque Atlántico, y donde actualmente queda la reserva más grande, de 34.000 hectáreas, el Mbarakayu.

El ingreso a fines de los 90 de la semilla transgénica, especialmente en las plantaciones de soja, vendría a darle casi la estocada final a nuestros antiguos bosques. De no más de un millón de hectáreas de cultivos hasta el 2000, los sojeros han pasado a ocupar más de tres millones, y han dicho, en más de una ocasión, que la meta es llegar a los seis millones. En la plantación de la soja la depredación no tiene límites. No se respetan las reservas establecidas en la ley, ni los caminos vecinales, los cauces hídricos. Es más, se usan a la fiscalía y a la policía para fumigar en esas áreas prohibidas por la ley.

Actualmente, hay una penetración de este cultivo en la zona de agua dulce del Chaco, hacia Bahía Negra, con una semilla que es resistente a la sequía.

 

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