La soja primero, la salud después

Los puertos graneleros del municipio de San Antonio enferman a la población. El paso de los camiones, la dispersión del polvillo de la soja, los desechos arrojados a las aguas les provocan dificultades respiratorias, dolores de cabeza, vómitos, mareos, asfixia, problemas en los ojos, diarreas y problemas en la piel. Lo confirman las innumerables denuncias de sus pobladores, víctimas del negocio sojero, tal como lo demostró la ONG Base de Investigaciones Sociales (Base is).

Manifestación contra la soja

Manifestación contra la soja | Foto IndyMedia Paraguay

Nada de esto pareció importar a la Secretaría del Ambiente (Seam), a la Municipalidad de Asunción, ni a la justicia que rechazó un amparo judicial planteado por las organizaciones sociales para evaluar correctamente el impacto que tendrá un puerto varias veces más grande en Zeballos Cué, a sólo 150 metros de las tomas de agua de la Empresa de Servicios Sanitarios (Essap).

El megapuerto de Zeballos (Puerto Unión S.A.) de la transnacional Cargill y socios locales moverá 1 millón de toneladas de soja por año, una cantidad superior a los que anualmente movilizan Gical y Concret Mix en San Antonio, donde la gente ya no se baña en el río y los pescadores no encuentran nada que pescar. Olores nauseabundos, contaminación del río con los combustibles de las barcazas y con los desechos de los puertos son hechos fácilmente verificables allí. Pero hay una diferencia: San Antonio está río abajo de las tomas de agua, Zeballos Cué río arriba. Así, los desechos y desperdicios que el megapuerto derramará en el río contaminarán las aguas que beben miles y miles de pobladores de Asunción y el Departamento Central.

Es esta la principal razón por la que las organizaciones insisten en que se revoque la licencia ambiental al proyecto Puerto Unión de Zeballos Cué y le piden a los concejales de Asunción que paralicen la ejecución de las obras hasta que se haga un estudio de impacto ambiental, avalado por organizaciones internacionales que tienen experiencia y probidad en la materia.

«Serán responsables de los daños que pudieran ocurrir en la salud de la comunidad», le recordaron a la Junta Municipal que todavía puede dictaminar sobre la construcción del empalme Puerto Zeballos-Ruta Transchaco.

Según la empresa, el problema del polvillo que se genera en los puertos de estas características será solucionado por unos «filtros de manga» que retienen el polvo, además de que «los granos serán transportados en cintas cerradas y la descarga a las barcazas contará con la última tecnología en aspersores para evitar que el polvo se disemine al cargar». Vale decir en este punto que ni Essap ni el Servicio Nacional de Sanidad (Senasa) tienen laboratorios para analizar el impacto de este tipo de actividad en las tomas de agua.

La promesa empresarial pareció convencer a la Seam, que además aseguró que mantendrá la licencia ambiental si la empresa construye un ducto de 150 metros para eliminar los desechos líquidos del puerto aguas abajo de la toma de Essap.

La obra se sigue construyendo y tiene el apoyo de comisiones vecinales de los bañados y de Zeballos Cué, áreas donde la pobreza y la desocupación son galopantes. «No entendemos cómo se puede estar llevando adelante estas acusaciones contra Puerto Unión que está por donarle a la Essap todo lo que necesita para estar protegido en sus tomas de agua», expusieron entre otros la Asociación de Pescadores de Zeballos Cué y la Comisión Vecinal El Dorado. «Además también realizan la donación de una doble avenida de más de tres kilómetros y medio, cañerías de agua, iluminación, subcomisaría, escuelas, plazas y obras de importancia… sin dejar de mencionar los innumerables puestos de trabajo directos e indirectos que se generarán en toda la zona», apuntaron en un comunicado que parece redactado por la empresa.

A la gente se le dijo que habrá 3 mil puestos de trabajo, pero en los planes figuran 120 puestos, denuncian los ambientalistas y vecinos contrarios a la construcción. Entonces los pobladores se mostraron fascinados por la posibilidad de encontrar una changa aunque tengan en Zeballos Cué la experiencia del impacto de dos puertos de contenedores que funcionan desde hace unos años. Poco trabajo, camiones que rompen las calles, polvillos que se inhalan, aguas contaminadas: lo que se puede comprobar en San Antonio, aunque este ofrece otros conocimientos. Se puede ver cómo las viviendas de la gente sufren grietas a causa del tráfico de camiones y terminan siendo vendidas a precios irrisorios a las empresas propietarias de los puertos. Veinte millones, treinta millones de guaraníes por inmuebles que cuestan el triple en el mercado.

A pesar de esta experiencia fehaciente, las comisiones vecinales de Zeballos Cué celebran la vía de acceso y salida que representará la doble avenida que proyecta construir la empresa para vincular el puerto con Mariano Roque Alonso. Dicen que es una necesidad, que les ayuda a romper el aislamiento, un elemento real, pero nada que no se pueda exigir al Estado que ejecute.

Despertar

Las organizaciones que se oponen a la construcción del megapuerto están difundiendo un documental que muestra el caso de los pobladores del barrio Malvinas Argentinas de Rosario, Santa Fe, Argentina, y su experiencia con los puertos graneleros.

Los vecinos tuvieron cáncer, leucemia, enfermedades respiratorias como producto de la contaminación del aire producida por el polvillo de los granos que contienen agrotóxicos y del humo que se respira cotidianamente. Inclusive pudieron configurar un mapa con las muertes relacionadas a estas dolencias.
El impacto de los puertos y su infraestructura se reproduce en un kilómetro a la redonda, pudieron determinar. En el caso de Puerto Unión, tanto la toma de agua como las piletas de decantación de la Essap ingresan en esa área.

El puerto tendrá una capacidad de acopio de 64 mil toneladas de granos, 40 mil en silos planos y 4 tubos de 6 mil. «Es un puerto versátil que tendrá una capacidad de secado de 120 toneladas por hora», explicó la empresa dando una idea de la movilidad que tendrán los granos y el polvillo que siempre es recuperado porque cada kilo pesa para los agroexportadores.

El puerto podrá embarcar hasta 16 mil toneladas por día cargando de a dos barcazas a la vez.
En Paraguay aproximadamente el 90% de la soja es de la variedad transgénica Roundup Ready RR, es resistente al herbicida Roundup, ambos desarrollados por la Corporación Monsanto a base de glifosato.
Antes de cosechar se usa como secante el herbicida Paraquat, una sustancia ya prohibida en Europa por su alta toxicidad. En el transporte y almacenamiento se usa D.D.V.P. (Insecticida Caricida Órgano Fosforado) de toxicidad aguda. En el almacenamiento de los silos en puerto, cuando el grano tiene que permanecer en tiempo de espera para ser embarcado, se usan productos tóxicos con poder residual como el Rendal, clorado de clase 3, uno de los más tóxicos del mercado. Para un camión de 30 toneladas se colocan 9 ó 10 pastillas de fosfuro de aluminio, cuestión que se multiplica en las barcazas.

El trasvase hacia las barcazas genera un polvillo que contiene partículas de todos estos agrotóxicos que serán emitidos al aire de Zeballos Cué y zonas de influencia.

Estos son los elementos que las organizaciones intentan difundir entre la población con los escasos recursos a disposición.

La soja es un sistema que expulsa, enferma y mata, un monocultivo arrasador del que obtiene ventajas una pequeña minoría de la población.

Hay 2,4 millones de hectáreas de producción sojera que las grandes empresas agrícolas con la complicidad del Estado quieren extender a 4 millones de hectáreas.

Habrá más expulsión campesina, más enfermedad y más muerte si la minoría crítica, educada y con alguna influencia política que habita la Gran Asunción no comienza a darse cuenta que el problema está a punto de llegar a sus canillas, a sus pulmones, al centro mismo de su corazón.

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