“La soja mata a los amigos del hombre”

Reseña del documental Resistencia en aumento, que trata sobre los conflictos entre dos intereses económicos y estilos de vida opuestos en la actualidad: los empresarios de la agricultura mecanizada y los pequeños agricultores que no pueden seguir cultivando.

“Resistencia en aumento” (“Raising resistance”), una película suizo alemana que trata de la opresión de la soja sobre los campesinos de nuestro país.

Los grafitis callejeros gritan al unísono de los alaridos del campo. Salir de la sala del cine y bajar la avenida para escuchar un clamor que no sale en los diarios. “La soja mata”, rezan los caracteres trazados en aerosol sobre las paredes externas de las oficinas de un ente agrario.

Resistencia en aumento, una coproducción suizo alemana dirigida por Bettina Borgfeld y David Bernet, fue estrenada en Asunción el fin de semana pasado en el marco del ciclo de cine de la Francofonía de la Alianza Francesa.

El filme cuenta la historia de una comunidad rural de Minga Guazú, Alto Paraná, en su lucha por la vida. El documental presenta “los conflictos entre dos intereses económicos y estilos de vida opuestos en la actualidad. Por un lado, los empresarios de la agricultura mecanizada, dirigida a abastecer la demanda globalizada de la soja; por otro lado, los pequeños agricultores que no pueden seguir cultivando, ni siquiera viviendo al lado de las grandes plantaciones por razones de salud, y que por sus acciones de resistencia son criminalizados por el mismo gobierno, incapaz de resolver esta agravante situación”, se lee en un fragmento de la sinopsis.

Los casos de enfermedades vinculadas a exposición a agroquímicos aumentan. Un niño cuenta cómo luego de pegarse un chapuzón en el arroyo empezó a sentir un dolor insoportable en los ojos. Luego, en la escuela, ya no pudo ver sus libros. Su vida queda marcada por un signo trágico: la ceguera. Bidones del herbicida se amontonan a la vera del cauce. El diagnóstico médico apunta a los venenos agrícolas como la causa.

Las plantaciones llegan hasta el borde de los caminos y las casas. Nada de las franjas de seguridad reglamentarias. Las nubes de glifosato esparcidas en los cultivos mecanizados empapan a las poblaciones vecinas. Si en principio se fumigaba 2 veces al año, progresivamente la cantidad aumenta a cuatro, seis… Algunas malezas mutan y se vuelven resistentes a los herbicidas. Las dosis deben ser incrementadas.

Esto es una guerra, dice un poblador, mientras carga el tambor de su revólver. Estoy dispuesto a usarlo, asevera con gesto decidido. De todas maneras estamos muriendo envenenados. “Es mejor morir parados que arrodillados”, agrega.

Las historias de vida se intercalan con entrevistas a científicos y biotecnólogos. La agricultura es una de las industrias más destructivas, argumenta uno; en tanto, otro destaca el “milagro” de la transformación genética de una planta para que sea capaz de soportar un químico que destruye todo a su paso.

Los plantíos de rubros alimenticios aledaños a las extensiones de los monocultivos quedan enfermos al ser afectados por los agrotóxicos dispersados por el viento. El glifosato rompe las células de las plantas y éstas mueren. “La soja mata a los amigos del hombre”, se lamenta Gerónimo. Ya no pueden comer sus manduvi y otras especies expuestas a las fumigaciones de los sojales adyacentes. “Una comunidad pequeña en un mar de soja.  Eso somos”, reflexiona. La gente se va porque se ve obligada a vender sus tierras, ya que no se puede vivir bajo el acoso agresivo de esa marea verde. “Pero nosotros no nos iremos. Éste es nuestro hogar, nuestra tierra, y por ella lucharemos”. Luego advierte: “Han venido a sacudir un panal y como las avispas nos defenderemos”.

“Al menos podrían esperar que pase el viento. No nos respetan para nada”, se indigna una mujer al observar la máquina pulverizando los pesticidas sobre sus rostros. Pero ya basta. “Jaha. Ani jakyhyje lo mitã”, exclama un poblador para animar a sus compañeros de la comunidad. Están decididos a enfrentar la amenaza y defender la vida de sus hijos. Detienen el tractor.

Muerte, enfermedad y contaminación

Estudios realizados a los pobladores indicaron que, de cada 9 de ellos, 3 están gravemente enfermos con cuadros relacionados a la intoxicación por exposición a pesticidas. Qué dicen las instituciones: imputación por invasión de propiedad privada y ante las protestas en las calles de  Asunción, el bastón policial.

Es la ley del poder, dice un propietario brasilero. “Si usted quiere aumentar su propiedad, puede aumentarlo sin ningún problema”, añade, reafirmando que el que manda en este asunto es el capital. Luego relata que cuando llegó a Paraguay se dedicó a talar bosques. “Esto era una selva llena de leopardos y otras amenazas y nosotros las convertimos en tierras aptas para la agricultura”, se enorgullece.

Entretanto, una kuñakarai cuenta que a veces sueña con el bosque. Luego el rugir sin cesar de las topadoras la despierta. El bosque ya no está.

Galardón de derechos humanos

Gerónimo Arévalos, protagonista, narrador, entrevistado de este documental, fue condecorado con el Premio Internacional de Derechos Humanos de Amnistía Internacional Golden Butterfly por la experiencia retratada en la película.

Algunos de los nominados en la categoría A matter of act fueron, entre otros, el palestino Emad Burnat –por el documental 5 cámaras rotas, que relata su experiencia de filmar la pérdida de territorios de su pueblo por el avance de la colonización hebrea y las violaciones a los derechos humanos cometidas por el ejército invasor de Israel– y el disidente chino Ai Weiwei, en Nunca lo sientas, un film que muestra un espacio de tres años de la vida de este artista y su arte de provocación al régimen dictatorial.

Ficha técnica

Resistencia en aumento (Raising resistance).

Suiza / Alemania 2011 – Color 85 min – ATP.

Directores: Bettina Borgfeld y David Bernet.

Documental con agricultores y agroempresarios del Paraguay, empresarios y científicos de Europa y EE.UU.

Premio Mejor Documental en el Festival de Nyon Visions du Réel 2011.

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