La sinceridad de Karmiña

Más que ella, se expresó la cultura dominante del desprecio al avañe’e.

La andanada de insultos que virtió contra el guaraní Carmiña Masi, locutora de Radio Venus FM, el martes pasado durante su programa, es un hecho cuya responsabilidad no debe atribuírsele sólo a ella.  Porque a través de las expresiones de Carmiña habla, mucho más que ella, la larga cultura dominante del colonialismo europeo que comenzó allá por 1537, cuando los españoles desembarcaron en la bahía de Asunción.

Guarani, castellano, bilinguismo

Escena de un cómic que simboliza la lucha de culturas. Fuente: www.sector2814comics.wordpress.com

Han pasado 474 años desde aquel desembarco. Largos años y siglos durante los cuales ambas culturas, la guaraní y la europea, protagonizan un guerra que no termina hasta hoy. Un combate interminable en el que, sin embargo, hay un claro dominador y un claro dominado. En esta  relación de dominación, extrañamente, la cultura dominada mantiene viva su lengua; incluso se da el lujo de ser la lengua de la mayoría absoluta de la población del país.

¿Cómo es posible que, habiendo sido perseguido y despreciado durante casi cinco siglos desde el Poder por cuantos españoles, criollos, mestizos y zambos llegados al Estado en tiempos de provincia y de “independencia” del Paraguay, el guaraní siga vivo, y más aún, fuerte?

No es mi intención ni tengo la capacidad de responder a esta complejidad. A este furioso relacionamiento entre dos idiomas que vienen peleándose y, de paso, haciéndonos pelear a los paraguayos y paraguayas, hace siglos. Sí digo, porque parece claro hoy, que aquella cultura originaria de éste continente que recibió a los españoles en la Bahía de Asunción, produjo una lengua cuya cosmovisión, religiosidad y filosofía resultaron mucho más profundas y sólidas que lo que pensaban los europeos e incluso muchos guaraniólogos y antropólogos de ahora. También creo que, en su larga lucha de resistencia lingüística, cultural y política, el guaraní (los guaraní hablantes, mejor) desarrolló, ayudado por varios factores históricos, refinados y muy eficaces estrategias y discursos de combate contra el castellano, los que deben ser investigados y estudiados a profundidad.

Así las cosas, el hecho generado por la locutora Carmiña Masi y los centenares y centenares de internautas que remitieron mensajes, en abierta confrontación, a su cuenta de twitter, es un combate más de la ya larga guerra. Segura de que en un medio como internet “los guarangos” no están o son minoría, habida cuenta que los “pobres” que hablan guaraní “no saben” escribir “ni” manejar esta herramienta moderna, Carmiña se dio la libertad de decir lo que pensaba, con toda la crudeza de desprecio con que se viene expresando el Poder hacia el idioma dominado desde hace 500 años. Pero grande fue su sorpresa, y la de muchos otros como yo, cuando la cultura dominada de los guaraní hablantes la obligó a retractarse de sus agraviantes expresiones. Ocultos detrás de sus computadoras (tal como hacen los guaraní hablantes hace siglos), sin que el Poder los vea, arremetieron con burlas e ironías contra Carmiña.

Nadie sabe qué depara al guaraní ni al castellano en esta pelea ¿Con qué nueva estrategia y efectividad afronta el guaraní los tiempos de la modernidad que nos toca vivir en su lucha contra el castellano? ¿Qué impactos linguísticos y políticos tendrá en el idioma originario la escritura y el uso de los medios como internet y los impresos? Qué estrategias desarrolla el castellano en su afán de conquistar el mundo de la oralidad casera, íntima, familiar, de las mayorías sociales de este país, un mundo que hasta hoy le es negado por el guaraní? ¿Qué estrategias desarrolla el guaraní en su viejo deseo de entrar en los espacios formales y reales de poder, un espacio que históricamente le ha sido negado por el castellano? No sé.

Si creo saber que si la discordia no se resuelve, el país nunca podrá resolver históricos problemas sociales, económicos, culturales, en suma, nuestro histórico problema de poder, de dominados y dominantes, que se juega, sí, en la lingüística y en los medios, pero sobre todo en las crudas y concretas relaciones de poder de las grandes mayorías sociales excluidas contra la vieja oligarquía sujeta a los poderes imperiales.

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