La selección ya necesita de otras exigencias

A propósito del empate de Paraguay ante Brasil por la Copa América.

La primera oportunidad de gol de Roque Santa Cruz, en el primer tiempo contra Brasil. No pudo ser.

La contradictoria selección de Martino sumó el sábado un nuevo episodio de casi-victoria, en su segundo partido por los puntos luego del mundial del año pasado. Lejanos ya los tiempos en que un empate de visitante con gol del arquero copaba las calles asuncenas, y los hinchas sentíamos que evitar la derrota era suficiente para celebrar.

Los épicos empates de la selección paraguaya de las dos últimas décadas generan dos tipos de reacciones. Por un lado, desde el autoconvencimiento de la inferioridad y el consumo de marketing televisivo, la conformidad de no perder o perder por poco ante un rival con mayor prestigio (Argentina 93, Francia 98, España 2010); por otro, el hartazgo y la impotencia de no ganar nunca los partidos realmente importantes ante quien sea. Es en el segundo grupo en el que terminé de instalarme definitivamente ayer.

Es que más allá del márketing que se ha desarrollado alrededor de la selección con las palabras gloria, garra, pasión, etc., el nivel alcanzado de la selección de Martino creo que ya ha superado a la del 86 (no vi jugar la del 79). Con un grupo de jugadores disciplinados y aguerridos, sin un referente excluyente como supieron ser Romerito y Chilavert, se ha conseguido un equipo sólido, pero que ya necesita subir el listón de la exigencia, por ejemplo, jugar una semifinal y ganarla.

Con más táctica que técnica, más fuerza que elegancia, pero más orden que ambición, esta selección se ha convertido en un rival muy difícil de ganar, que da la sensación de que en algún momento puede ganar por demolición o perder por falta de osadía, pero termina empatando por equilibrio de fuerzas.

Pero el partido de ayer tuvo una peculiaridad, probablemente se perdieron los puntos por un cambio desacertado, Osvaldo Martínez no era el jugador para reemplazar a Estigarribia, en caso que haya sido necesario cambiarlo. Si el pase genial de Ganso no nos hubiese jodido la tarde, no hubiese sido tan evidente que en la jugada previa Martínez deja de correr una pelota cuando hasta Roque Santa Cruz estaba marcando como un 6. Con ese detalle sale a la luz el tema de fondo. Esencialmente, esta selección tiene la fragilidad de que necesita de todos sus elementos rindiendo bien para lograr un objetivo. Si un jugador no está rindiendo el esquema lo siente en demasía, es un organismo excesivamente cohesionado, para bien y para mal.

Nos queda esperar a jugar la permanencia en un partido lleno de nervios contra una sólida Venezuela, cuando no se supo ganar los dos partidos anteriores por distintas razones. No pasar de ronda sería el peor fracaso de la selección en varios años, incluso recordando el 6 a 0 contra México en la última Copa América. Y lo contradictorio es estar ante un posible fracaso doloroso jugando mejor que en mucho tiempo. Y recordando la época de Carpeggiani en que se festejaban los corners a favor, pienso que Martino tiene todo para no ser recordado por épicas no-derrotas, pero hay que hacerlo de una buena vez en la cancha.

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