La saga Crepúsculo: mormones por vampiros

Acerca de cómo vender una religión a través de una saga de libros y películas.

"Como cualquier joven mormón, soporta una gran tensión sexual, pero intenta mantener la pureza, para poder ser recomendado en el Templo. Esta es una historia que exalta la castidad. Se evita el sexo, para poder disfrutar de un amor tan eterno como el del 'matrimonio celestial'…"

Por José de Segovia Barrón.

A primera vista no parece haber mucha religión en estos libros. Los personajes no hacen oraciones, ni van a la iglesia. Y desde luego no sale Joseph Smith en ninguna página. Es verdad que la primera página tiene una cita bíblica, pero ¡eso lo hace hasta Hemingway!, que aunque se crió como presbiteriano, no es que fuera muy cristiano que digamos…

Crepúsculo  es la historia de una adolescente, Bella Swan, que se muda a una nueva ciudad y se enamora de un vampiro “vegetariano”, que bebe la sangre de pumas y otras presas animales, en vez de seres humanos, porque “no quiere ser un monstruo”.

Estos  chupasangres  no son las criaturas a las que estamos acostumbrados en otras historias de terror. No tienen colmillos. Andan a plena luz, de día, aunque no duermen (o sea como la mayor parte de los adolescentes hoy en día). Van al instituto, lucen un cuerpo perfecto. Y su imagen sí que se refleja en el espejo…

El vampiro, Edward Cullen, no sabe si está más atraído por Bella o por su sangre. Ella tiene un olor especial, que le hace querer devorarla, pero como está enamorado de ella, intenta ejercer el autocontrol. Ella quiere tocarle, pero él al principio no le deja siquiera acercarse, para que no descubra su fría piel de vampiro y poder así resistir la tentación. Como cualquier joven mormón, soporta una gran tensión sexual, pero intenta mantener la pureza, para poder ser recomendado en el Templo. Esta es una historia que exalta la castidad. Se evita el sexo, para poder disfrutar de un amor tan eterno como el del “matrimonio celestial”…

Culto a la familia 

Quien piensa que nadie se preocupa por la familia como los católicos o los evangélicos, es que no conoce el mormonismo.  No hay creencia religiosa tan centrada en la familia como la propia doctrina mormona. Para los cristianos, la familia es muy importante para comunicar la fe; pero para los mormones es clave para la vida eterna. El proceso de deificación que en realidad supone el mormonismo, se centra en rituales y prácticas, que tienen el matrimonio como elemento central. Para Bella, el camino a la inmortalidad pasa por el matrimonio, pero sobre todo por la procreación, que alcanza en el cuarto libro y presenta el  Libro del Mormón  como la única forma de vivir para siempre.

¿Por qué utiliza entonces una historia de vampiros? La razón es evidente. “Si los vampiros gustan tanto”, dice el editor de la serie en España (Alfaguara Infantil ), es “porque en el fondo todos queremos ser como ellos, y no morir nunca”. ¿Son entonces los vampiros mormones? No exactamente.  La familia Cullen está en un plano superior de existencia, comparados con otros vampiros. En el libro segundo y tercero, Bella se pregunta incluso si Edward no puede ascender todavía más, cuando muera, a causa de su bondad. Meyer contrasta a los iluminados Cullen con los “comedores de carne”, que todavía se alimentan de seres humanos y siguen sus instintos más básicos. Esta familia parece vivir la “progresión eterna” de los mormones.

La familia no es sólo el factor humanizador, que los distingue de otros vampiros, sino también de los seres humanos. La madre de Bella está separada, pero ha encontrado ahora un novio, que hace que ella se vaya con su padre a este pequeño pueblo del estado de Washington. A ella no sólo le atrae Edward, sino también su familia, que es todo un modelo de convivencia. Es una familia extraña, porque en los tres primeros libros parece que los vampiros no pueden procrear (ya que están muertos), pero en el cuarto tienen hijos al morder niños.  Al casarse Bella y Edward, conciben una criatura, que al nacer pone a su madre al borde de la muerte. Edward la salva convirtiéndola en vampiro, como si fuera el “sello del matrimonio celestial”, que permite que se puedan convertir en una familia eterna.

Amor eterno 

Bella y Edward tienen un tipo de amor romántico poderoso, apasionado y perfecto. Están dispuestos a sacrificar cualquier cosa por el bien del otro.  El mayor conflicto no es si Bella debe, o no, convertirse en vampiro. Ella quiere pasar la eternidad con Edward, pero él no quiere que pierda su humanidad. Es un amor sacrificado, pero no libre de tentaciones. El libro gira en torno a este tema, mientras que la película se centra más en la atracción sexual. Su directora, curiosamente viene del cine independiente, Catherine Hardwick, que se enfrentó en  Natividad  al desafío de integrar lo sobrenatural en el mundo natural. Su cinta es un producto para adictos a la serie. Los demás la encontrarán cursi y ridícula. Sobre todo el espectador adulto, que no ha leído los libros, se encontrará perplejo, como en otras sagas fantásticas, ante una historia que le resulta absurda, puesto que es sólo comprensible para adolescentes iniciados.

Nota: extracto del ensayo titulado “Crepúsculo: vampiros y mormones” escrito por José de Segovia Barrón y publicado el 16 de diciembre de 2008 en “Protestante Digital”.

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