La rehabilitación del trabajo. A propósito de la marcha de los niños y jóvenes trabajadores

Exigieron la dignificación del trabajo, por el Día del trabajador y trabajadora.

Jajapo peteî kora guasu ápe, apunta una de las coordinadoras de la Movilización por el Día Internacional del Trabajador/a, al tiempo que organizaba a los niños más retozones, esos locos bajitos, como dijo el poeta.

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Una pancarta en la marcha realizada el sábado. Fuente: Paulo López

Formamos un círculo tomados de las manos en tanto se daban los detalles sobre el itinerario y el programa del día. Plaza Uruguaya. En frente, el ferrocarril, mudo testimonio de lo que dicen que fue el primer país soberano de la América austral. Ya cerca del mediodía del sábado 30 de abril, parte la marcha integrada por la Juventud Obrera Cristiana (JOC), Coordinación de Niños, Niñas y Adolescentes Trabajadores (Connat’s), Jóvenes Universitarios/as de Trabajo Social, UNA y Centro de Estudiantes de Filosofía UCA – CEFUC, Movimiento Objeción de Conciencia (MOC), Plataforma Nacional de N.N.A., Movimiento CREAR, en síntesis, un variopinto conglomerado unificado bajo una consigna común: la dignificación del trabajo y de los trabajadores.

Los puntos presentados en la movilización fueron los de exigir “mejores condiciones de trabajo para las familias; erradicación de los maltratos y criminalización de la Policía Nacional y la Fiscalía hacia la niñez, adolescencia y juventud trabajadora; abolición del servicio militar obligatorio y el servicio civil obligatorio, que permita mayores oportunidades  de educación, esparcimiento y trabajo para la niñez, adolescencia y la juventud”, según detalla la convocatoria.

La primera parada se hizo frente al Viceministerio del Trabajo. Gladis González, de  la Coordinación de Niños, Niñas y Adolescentes Trabajadores (Connat’s), habló de la valoración crítica del trabajo infantil en cuanto a que quieren y necesitan trabajar, pero no aceptan las condiciones de discriminación y explotación. Así también destacó que el objetivo de la marcha es lograr el reconocimiento oficial y formal de su estatus de trabajadores, visibilizar su aporte a la economía nacional y confrontar los prejuicios instalados por la prensa en el sentido de que los niños y adolescentes trabajadores son presentados como criminales. Remarcó, además,  que la pobreza no debiera suponer privación de derechos, tal como ocurre.

Por su parte, Felicia Cabrera, 17 años, de Villa Elisa, criticó las leyes que reprimen el trabajo infantil, puesto que directamente lo criminaliza con las consecuentes persecuciones que ello implica. Ante esto propone la necesidad de un marco jurídico que resguarde sus derechos como trabajadores.

Luego, el desplazamiento siguió hasta la Fiscalía, escenario de una de las más brutales represiones de este gobierno en noviembre de 2009.  Hubo consenso en que los niños y adolescentes deberían dedicar la mayor parte de su tiempo al estudio. Pero “Mba’e jajapóta ñandemboriahúrõ? Ja mba’ápo mantearã”, fue la idea central de las intervenciones.

En tanto la llovizna se estrellaba con mayor fuerza sobre la Asunción, las columnas iban aproximándose a la Plaza Italia, destino final de la jornada. Luego de un poema a los mitã’i,  Ernesto Benítez, de la comunidad Táva Guaraní de San Pedro, hizo una observación importante sobre cómo las grandes corporaciones, por ejemplo la Coca Cola, instrumentalizan la imagen de la niñez en sus tiras publicitarias, construyendo el prototipo del consumo como finalidad última de la existencia, sin que las autoridades se encarguen de aplicar las leyes contra el trabajo infantil, que en cambio sí las aplican con toda rigurosidad contra las personas con bajos ingresos.

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Manifestantes. Fuente: Paulo López

Posteriormente, Estela García, del sindicato de docentes de Trabajo Social de la UNA, expresó su convicción de que la universidad debe consustanciarse con los sectores populares,  de tal manera que deje de responder exclusivamente a las directivas del mercado. Como muestra de esa disociación señaló la poca cantidad de docentes que apoyaron la expresión de las reivindicaciones de la niñez y adolescencia trabajadora.

Como alumna de Trabajo Social, intervino Ana Valdez, quien habló del compromiso del estudiante universitario de vincularse plenamente en la lucha de los obreros. En otra parte de su intervención subrayó la total ausencia de las políticas públicas de Estado para con la niñez y la adolescencia y para ejemplificar ello señaló la ausencia del Viceministerio del Trabajo y el Viceministerio de la Juventud a fin de ponerse al tanto de los reclamos. Simultáneamente, denunció la injerencia partidista en la universidad en el nombramiento de los docentes, a raíz de lo cual los profesores de la facultad se encuentran en paro en señal de protesta. De hecho, en semanas anteriores fue muy difundida la campaña del rector de la UNA, Pedro González, a favor de los candidatos del Partido Colorado Lilian Samaniego y Horacio Cartes, violando el principio de la autonomía universitaria.

En un aparte, le consulté a Dionisio Gómez, del Movimiento de los Pueblos Originarios (MPO), sobre el escenario laboral de los indígenas, ante lo que reclamó igualdad de condiciones y equiparación salarial, pues aunque realicen las mismas labores la remuneración que reciben es siempre menor con relación a la mano de obra no indígena. Es decir, que la sola condición de “indio” ya implica una minorización automática del valor de sus actividades productivas y hacia la reversión de tales circunstancias dirigió Gómez sus llamados.

Poesía, break dance, zancos, batucadas y danzas indígenas marcaron el epílogo de esta mímesis de los desplazamientos a través de los tape aviru. Ya con el vare’a a cuestas, recuerdo a Rafael Barrett, ese anarquista enamorado de la causa obrera y que sintió como suya la lucha de nuestro pueblo, cuando en su texto La rehabilitación del trabajo relataba un momento en que, mientras escribía, observaba a su hijo de 2 años jugando con tierra y piedras, imitando la labor de los albañiles. “La idea de ser útil germina en su tierno cerebro con alegría luminosa”, decía. Y después se preguntaba por qué no trabajan los hombres con la alegría y el juego con los que trabajan los niños.

El trabajo, como el pleno desarrollo de las potencialidades del ser humano, es una habilidad que bien puede ser estimulada en edad tempranera, como el lenguaje o la lecto-escritura. Esto sin dejar de poner las tildes en que hay niños trabajando en condiciones de explotación y bajo abusos de todo tipo, un hecho evidentemente inaceptable y que debe ser revertido.

Para los niños el trabajo puede resultar tan placentero como el juego, a manera de aquellos retoños mbyá-guaraní del Monday a los que observé cómo se divertían al recoger el maíz hasta depositarlo en los cestos de mano en mano, jugando al tocorré. O como Toto, proyectando las cintas en la cabina del Cinema Paradiso. Pero la cuestión radica en la esclavitud y servidumbre a las que fue degradado. Para Barrett, en cambio, esta desnaturalización no podría subsistir por mucho tiempo y por ello manifestaba su convencimiento de que pronto “liberaremos a los pobres de la esclavitud del trabajo y a los ricos, de la esclavitud de su ociosidad”.

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