La precariedad de la expiación como expresión de un Estado fallido

El caso Curuguaty.

La marcha partirá de la Catedral y tendrá por destino el Hospital Militar. Foto: Qué pasó en Curuguaty.

Manifestación a favor de los presos de Curuguaty. Foto: Qué pasó en Curuguaty.

Esto que saltó  con el caso de los presos de Curuguaty en huelga de hambre, es un capitulo que pone visceralmente en evidencia, el carácter venal de una administración de justicia que desde tiempo inmemorial responde burdamente a los vaivenes del juego de fuerzas. Es cierto y claro que lo jurídico es consecuente del juego político de fuerzas  que a veces se traducen que juicios fraguados, y ejemplos en la historia existen. Desde el sonado caso Dreyfus en Francia hasta el caso de los llamados mártires de Chicago primero, y más adelante, el  de Sacco y Vanzetti en Estados Unidos. Todos esos luctuosos acontecimientos dan cuenta de que la expiación como recurso hegemónico de un sector de la sociedad sobre el resto no es nuevo. Pero sin dudas, en el caso referido salta una impronta que su vez, da cuenta del deterioro propio de un estado fallido como el nuestro.

Generalmente la expiación se suele producir como todo crimen (porque no se puede calificar de otra forma a un acto que expone vidas inocentes) desde una elaboración pensada de manera que no aparezca como tal. Consiste en hacer aparecer a un inocente como responsable de un delito para encubrir al verdadero responsable del mismo.

Lo que se ve acá sin embargo, es que la expiación  se presenta  impregnada de improvisación. En este caso, se trata de encubrir un crimen, atribuyendo a inocentes no como responsables del o los crímenes en cuestión. Se pretende tapar y consecuentemente cerrar el caso de las muertes en la conocida como masacre de Curuguaty, con la acusación a los “chivos expiatorios” de “tentativa de homicidio”.

Si bien, de acuerdo a nuestra legislación penal, la tentativa equivale al crimen, descarta la existencia del crimen porque quedó en tentativa. Y de la acusación de tentativa , se desprende el oscuro interrogante de quiénes son los responsables del crimen. En este caso de las muertes en el referido caso. Es decir, quién fue o quiénes fueron los responsables reales de las muertes de policías y campesinos en Curuguaty en junio del 2012.

Esas muertes de público conocimiento son crímenes que por ser tales, deben ser investigadas, y el órgano encargado de realizar las investigaciones, es decir el esclarecimiento de los mismos, es el ministerio público.

Más allá de que la fiscalía lejos está de demostrar la tentativa como cargo sobre los acusados que hoy salieron de una huelga de hambre de 58 días, porque no se determinó las victimas contra las que se atentó ( presupuesto ineludible para la configuración del  hecho), no resuelve ni remotamente el caso de  los homicidios. Porque, repetimos, la tentativa descarta el crimen.

Pero lo más grave es que el caso al que nos referimos se suma a otros que agregan a una trama de podredumbre de la administración de justicia. Por ejemplo la denuncia de la fuga de un traficante de drogas bajo la cobertura de jerarcas de nuestra administración de justicia.

Que la administración de justicia paraguaya está podrida desde tiempo inmemorial, se sabe. Pero el caso de la masacre de Curuguaty, con una pretendida expiación tan precaria, conduce a  develar una contradicción política relacionada con la implementación de un modelo político-económico, que arranca con un golpe de estado y que por lo tanto imposibilita a la estructura de poder esclarecer. La improvisación, sumada a otras improvisaciones, es el síntoma de un pretendido Estado neoliberal fallido que devendrá en un proceso de ingobernabilidad con consecuencias difíciles de predecir. Por ahora, más vale que esta ya internacionalmente desprestigiada administración de justicia, trate de hacer correctivos indispensables, para por lo menos salvar  alguna socorrida  apariencia, coadyuvando a la absolución de estos “chivos expiatorios”, e imprima alguna racionalidad a las decisiones políticas de este forzado y nefasto “nuevo rumbo” si se quiere evitar esa desastrosa ingobernabilidad.

Comentarios

Publicá tu comentario