La poesía se encontró con la lucha por la vivienda

De a poco fueron llegando hasta donde antes se explotaba una cantera. Trajeron sus hules, sus terciadas, sus pasacalles, sus ollas y se fueron ubicando, entraron a la Historia. Cuando todo estaba listo, colocaron sus banderas. A un año y pico de un trabajo de hormiga, varias familias limpeñas escriben esta experiencia de organización que tiene al frente a una maestra. Y el nombre de una combatiente poeta.

El sector de los sin techo ha conquistado con sus luchas una importante relevancia política en los últimos meses, y se configura como un fenómeno urbano que trasciende. La principal motivación de su organización y su crecimiento delatan uno de los más dramáticos problemas sociales de Paraguay: la falta de vivienda.

Nos acercamos a ésta realidad realizando una visita al Asentamiento «Carmen Soler», un terreno de 11 hectáreas ubicado en Limpio donde actualmente habitan alrededor de 235 familias.

Isidora Villasanti (32) nos cuenta cómo comenzó esta experiencia. Dos años atrás, ella trabajaba como maestra de grado con la comunidad de Saladoœi. La realidad de personas viviendo en alquileres, en la casa de sus padres o que fueron desalojados por no poder terminar de pagar su terreno conjugaban la principal realidad por la que pasaba la comunidad. Ante esta situación, con la caes*, vieron un lugar, y a través de la Secretaría de Acción Social (sas) contactaron con el dueño del terreno. Luego de llegar a un acuerdo, consiguieron que la sas compre el terreno.

Una situación dramática

El asentamiento «Carmen Soler», al igual que el resto de las ocupaciones urbanas, se debate en medio de todo tipo de necesidades, comenzando por las más elementales.

Sobre el problema del agua potable, Isidora nos cuenta: «estamos totalmente aislados por las autoridades, ya que el primer factor de salud pública es el agua y a un año y medio no tenemos agua en el asentamiento». Por eso una fotografía cotidiana del lugar es ver lugareños acarreando agua de largas distancias. Tampoco cuentan siquiera con letrinas sanitarias.

El problema del hacinamiento y la precariedad de las «casas» forman parte de la vida cotidiana de los pobladores: «Vivimos en el hacinamiento, con un promedio de 3 ó 4 chicos por casa, en viviendas precarias que ni siquiera son de madera, sino de hule, cartón…» explica Isidora.
En el terreno de la educación, también lleno de carencias, lo destacable es la tremenda capacidad creadora de la organización en base a sus necesidades. En un mes levantóaron una escuelita en el asentamiento con el objetivo de «crear un ambiente y una educación para niños del asentamiento con necesidades propias».

Profesora, como la llaman sus compañeros, nos explicó esta necesidad diciendo: «queremos tener una escuela propia, las escuelas de alrededor tienen ciertos prejuicios hacia los niños de asentamientos, nuestros niños no tienen zapatos, no tienen uniforme y las escuelas exigen lista de útiles. No es porque no queremos, sino porque no podemos», dice.

Mientras esperan la habilitación del Ministerio de Educación y Culto, los niños dan clases con cuatro maestros, que no tienen otra paga que perseguir lo que trazaron como objetivo: «Por una educación sin discriminación», el nombre del proyecto educativo.

Respecto al acceso a la salud, el problema empieza con la falta de puestos médicos en el asentamiento. Los pobladores deben trasladarse al Centro de Salud de Limpio, para lo cual se debe sortear pésimos caminos, intransitables por las ambulancias o patrulleras de la 911. Isidora nos cuenta que tienen niños con casos de neumonía, diarrea crónica y deshidratación. Comparte más: «Tuvimos la experiencia de una compañera que se sintió mal, dio a luz a su bebé y, esperando al 911 o a una ambulancia, el bebé falleció antes de llegar al hospital. Son experiencias bastante trágicas, siempre están dormidas con nosotros».

Luego de hacer un recorrido sobre las condiciones de vida en el asentamiento, la dirigente concluye «Es bastante dura la vida en Carmen Soler, no es nada fácil, eso les puedo decir».

¿En que trabaja la gente de Carmen Soler?

La prensa hegemónica, fiel a los poderosos del capital, busca pintar la imagen del sin techo como «haraganes», simples «aprovechadores» o, directamente, criminales comunes.

Es más fácil pensar que lejos del estereotipo, los pobladores de «Carmen Soler» y el resto de los sin techo son personas trabajadoras que, día tras días, salen a darle batalla a este sistema para poder poner pan en sus mesas.

Isidora nos habla sobre las diversas fuentes de ingreso de la gente: «¿Fuentes de trabajo? Es difícil. Somos recicladores, empleadas domésticas, nos dedicamos a la venta de golosinas en los colectivos, juegos de azar como la quiniela, el binguito». Comentó que a través del caes están haciendo proyectos para dedicarse a la panadería, la cría de aves y tilapias, peluquería, corte y confección, etcétera.
Finalizó reafirmando su confianza en el poder de la organización popular: «Todo organizaríamos desde la Comisión Vecinal, a nivel comunidad, corporativismo acá nada».

Criminal indiferencia

«Hace falta una política clara de parte del gobierno hacia nuestra clase (…) Ponen trabas. Los asentamientos luego no somos nada para las autoridades. Primero, somos delincuentes, invasores, criminalizan la pobreza. Apelamos al artículo 100 de la Constitución que dice que todos tienen derecho a una vivienda digna», dice Isidoro.

Alcides Morán (35), vicepresidente de la Comisión Vecinal, denunció las expresiones del Intendente de Limpio, Optaciano Gómez, que ante un pedido relacionado al agua le contestó: «Che ndaikuaasevéi mba‘eve asentamiéntogui».

En el mismo sentido, Isidora se refirió a las prácticas prebendarias de los partidos políticos tradicionales, comentándolas a partir de un hecho concreto: «Acción Social nos trajo víveres, que en realidad era galleta havemba, justo cuando estábamos cerca de las elecciones, para que le apoyemos a Blanca Ovelar. Además nos dijeron “denle a los que más necesitan” lo cual es una burla, pues en Carmen Soler todos estamos en la extrema pobreza».

Ante este cuadro de total indiferencia, Isidora comprende muy bien la importancia de la organización y reflexiona: «Si no estábamos organizados nos iban a barrer».

Perspectivas de la lucha y el nuevo gobierno

En cuanto a la cuestión política, afirmó: «Estamos dejando los colores, la experiencia pues nos enseñó que eso sólo crea división dentro de la clase (…) los compañeros están identificándose más con la lucha».

Finalmente, sobre las expectativas en el nuevo gobierno, dijo Isidora: «esos que estaban rapiñando las arcas del Estado salieron un poquito, pero no estamos 100% seguros de hacia dónde va. Vamos a estar vigilantes siempre. Estar vigilantes ante las acciones que ellos tengan, ya que nosotros estamos buscando una política a favor de nuestra clase, no sólo luchar por vivienda, sino también está la salud, educación, recreación… una vida digna».

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