La plaza de la liberación se convierte en una fiesta

Miles y miles de egipcios celebran el adiós del presidente egipcio con gritos y un mar de banderas.

(Por Nuria Tesón/Publicado en www.elpais.com) El día especial para la revuelta egipcia se ha convertido en una fiesta. Es día de rezo y los manifestantes anti-Mubarak, concentrados en la plaza de la Liberación de El Cairo, han celebrado con gritos y ondeando las banderas el adiós de Mubarak como presidente de Egipto.

Egipcios celebran la caída de Mubarak sobre el puente de Qasr al Nil, en El Cairo.- CLAUDIO ÁLVAREZ Elpais.com

«El pueblo ha hecho caer al régimen», «El pueblo y el Ejército son uno», han sido algunos de los gritos de libertad más coreados contra un presidente que se había aferrado al poder pese al clamor de la calle y pese a los 30 años que llevaba rigiendo los destinos de Egipto.

«¡Gracias a Dios! He estado en paro por su culpa, la vida era horrible, ahora voy a empezar mi vida, voy a poder respirar», aseguraba a Reuters Ahmed, un joven de 35 años. «¡No puedo creer que voy a ver a otro presidente en mi vida! Nací durante el tiempo de Sadat, pero sólo tenía cuatro años cuando murió. Estoy abrumado con la noticia de la dimisión de Mubarak. Nada ni nadie podrá detener al pueblo egipcio nunca más. Es una nueva era», aseguraba Sherif El Husseini, abogado de 33 años.

La plaza ha sido desde primera hora de la mañana un mar de banderas egipcias -los vendedores de merchandising revolucionario están haciendo su agosto con la revuelta- y de egipcios venidos de todo el país que reclamaban la caída de Mubarak. Miles y miles de personas abarrotan la plaza de la Liberación y sus alrededores, así como las afueras del palacio presidencial y la sede de la radio y la televisión estatal.

Pese a la marea humana, los manifestantes encargados de la seguridad, identificados ya con pegatinas, han estado cacheando concienzudamente a los que ingresaban en el epicentro de la revuelta. Primero, era el Ejército el que sometía a los manifestantes a un somero control de pasaporte. Luego, han sido son los propios promotores de la revuelta los que han registrado a los que, tras esperar en colas de cientos de metros, han entrado en la plaza.

¿Hay más gente hoy en Tahrir que cualquier otro día de la revuelta? Imposible saberlo. Lo que sí es cierto es que la protesta ha traspasado los límites de la plaza de la Liberación y se ha extendido por otros lugares simbólicos: miles de personas están apostadas y han rezado la oración del viernes frente al edificio de la radiotelevisión estatal, mientras que otro numeroso grupo rodea el palacio presidencial de Mubarak.

En la plaza de la Liberación no cabe un alma desde la hora del rezo, que ha coincidido con el esperado mensaje de la cúpula militar, cuyo papel en la crisis es determinante. Una vez más, no ha terminado de inclinarse hacia ninguno de los dos lados: ha pedido a los manifestantes que cejen en su protesta, que se vayan a casa, pero que vigilen para que se cumplan sus demandas. El comunicado militar no ha tenido ningún efecto, nadie se ha ido a casa. Miles y miles de banderas egipcias ondean en la plaza y sus alrededores, donde proliferan además otras mercaderías revolucionarias: jerseys con los colores de la bandera, cintas para el pelo con lemas como «el 25 de enero estaba allí» u «orgulloso de ser egipcio».

Así ataviados, los manifestantes han pasado el día cantando «Mubarak ilegal, Gobierno ilegal», tomándose descansos para tomar un té o leer los periódicos del día. Un grupo de manifestantes procedentes de Mansura, una ciudad al norte de El Cairo, aseguraba esta mañana llevar una semana en la plaza, junto a las barricadas metálicas levantadas por el Ejército por donde el pasado viernes se colaron los matones de Mubarak para reventar la protesta y se originó una batalla campal que dejó al menos 13 muertos. Aseguraban también que no se irían hasta que el dictador se rinda. Y al final se rindió.

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