La paternidad de Lugo: una historia de espermas, política y cultura

Fernando Lugo

Luga saluda a unos niños durante un acto

Un cóctel de sexo, política, cultura y fiesta mediática vive el país con las andanzas hecha pública del ex Obispo y presidente Fernando Lugo. Las derechas pescan en el turbulento río revuelto. La mayoría de las izquierdas callan por su condición de aliados al gobierno. Y el pueblo que ríe, y hasta defiende, a un presidente «Toro».

Ña Mercedes tiene 75 años, es oriunda de la ciudad de Itá. Nació «sin padre», pero tuvo una madre que cumplió con fortaleza ese rol ausente. A los 13 años quedó huérfana, y tuvo que migrar a Asunción. Trabajó de empleada doméstica en muchas casas, hasta que uno de sus hermanas mayores, al notar que era explotada, la llevó a trabajar al Mercado 4. Es madre de seis hijos; de estos, la única mujer también nació «sin padre».

«Pero mba’epiko la upeare ojeplagueaiterei hikuaii!. Ymaiterei guiveningo ooiko upeva…Campaña peko ymaguive la pa’i ita’yra heta!», comenta, entre sorprendida y molesta, Ña Mercedes. Y declara ser «luguista leal».

Las opiniones de esta septuagenaria reflejan la compleja y contradictoria cultura en la que el ex obispo Fernando Lugo, hoy presidente de la República, vivió sus andanzas sexuales y amorosas desde su juventud religiosa hasta, aparentemente, estos días. Algunas de estas andanzas explotaron días atrás en la cara de jefe de Estado a través de publicaciones de los medios masivos comerciales, las que, como un relámpago, tuvieron eco en todo el mundo globalizado.

Reacciones de acuerdo a la moral social

Otra es la reacción de Hugo González Chirico, militante católico, declarado luguista: «Yo sentí desazón por los actos del presidente. Sufrí mucho cuando escuché que reconoció que violó el principio del celibato. Pero también lo escuché cuando pedía al pueblo perdón por sus actos. Y yo quién soy para juzgarlo! Yo lo perdono al presidente», expresa con rostro serio Chirico.

La que no perdona al ex cura por sus actos sexuales irresponsables es Belén Cantero, militante feminista y de izquierdas, miembro de un medio escrito de poca monta. Belén, de 22 años, hija de la cultura urbana asuncena, dispara con vehemencia: «Es un claro acto de abuso de poder y opresión, y si está reconociendo ahora, tarde, es porque se siente acorralado, para evitar un escándalo mayor y no por respeto a ninguna mujer o a su hijo».

Por su parte, la derecha religiosa expresó, a través de sus partidos, sus organizaciones sociales y en los conventillos de poder, su «indignación» por la «inmoralidad» cometida por el presidente. En este sentido, las expresiones del monseñor Lorenzo Livieres Bank, miembro del ala ultraderecha de la Iglesia Católica, fueron elocuentes: «Yo nunca le creí nada a Lugo. Con su mentira afectó a la toda la Iglesia».

La explosión de la paternidad no asumida de Lugo dejó, por otro lado, en una situación difícil a los partidos de izquierdas aliados del gobierno. Salvo el PT (trotskista) que emitió un comunicado denunciando la irresponsabilidad paterna del jefe de Estado, los demás partidos se llamaron a silencio. Temerosos de hacerle el juego a la derecha, que por cierto trata de aprovechar la situación, optaron por dejar pasar el hecho, aunque informalmente reprueban la solaz vida que practicó el ex Obispo.

Todas estas reacciones muestran, de alguna forma, cómo los diferentes sectores sociales y políticos recibieron, con diversas actitudes, la distendida vida sexual que llevó (o lleva) Lugo.

A partir de este muestreo casero, cabe hacer interpretaciones sobre qué tanto afectó políticamente a Lugo su reconocida paternidad irresponsable.

Los favores de la cultura popular

Paraguay es un país donde la situación de hijos e hijas «sin padres» es todavía asumida como «normal», pese a las actitudes críticas y los llamados a la conciencia de sectores progresistas y modernos sobre las consecuencias que sufren los hijos abandonados: pobreza y problemas afectivos y sicológicos. Así, el «descubrimiento» del acto de Lugo es, aún hoy, el modo de operar de los varones paraguayos con las mujeres, sobre todo en poblaciones rurales, con fuerte componente tradicional en las cuestiones de género. Diríamos que abandonar a mujeres e hijos forma parte del imaginario patriarcal, un imaginario que también comparten la mayoría de las mujeres de este país. Además, los sectores populares, las grandes mayorías, saben y conceden a los sacerdotes su omisión del celibato desde hace siglos. Dicho de otro modo, sobre el acto de paternidad irresponsable cometido por Lugo no pesa una condena social, popular. Mucho más afectó la popularidad del presidente el haber embaucado a 50 mil familias campesinas productoras de sésamo con un subsidio que, por temor a la oligarquía, anunció y no cumplió, en un acto de extrema debilidad política.

Más allá de la parafernalia informativa montada por los medios masivos comerciales, propiedad de la oligarquía, sobre el asunto, el hecho en sí no provocará una movilización popular que determine la caída del gobierno actual. Aunque debe reconocerse que es un hecho más en el proceso de desgaste de la figura y el liderazgo de Lugo, un hecho que suma y que está siendo aprovechada por sus opositores: colorados, sectores del PLRA, el partido Patria Querida, el partido Unace (oviedista) y los terratenientes agroexportadores.

Es evidente que, avisados de las debilidades de Lugo, las derechas buscaron personas y hechos que confirmaran las mismas (la confirmación de un hijo del ex Obispo, ya reconocido por él, y otras mujeres que denuncian o declaran públicamente tener hijos con él). No hay dudas que las derechas, usando todos sus medios masivos, propiciaron y planificaron el «escándalo». Ellas están en su juego de poder. Y de paso, la prensa comercial, la morbidez popular y la hipocresía del poder vivió una fiesta mediatizada.

Las izquierdas: entre el apoyo autónomo y la sujeción

Cabe ahora preguntarse a qué juegan las izquierdas en sus relaciones políticas con Lugo. Las organizaciones sociales y sus expresiones políticas, en una típica lectura en «blanco y negro» de las relaciones de poder, callaron el hecho. Esta posición revela: a) El auto chantaje de que si se critica a Lugo, se hace el juego a la derecha y se abona a la caída de Lugo, que dará paso a un gobierno mucho más antipopular b) La fuerte influencia del movimiento campesino en los partidos de izquierdas, para cuyo electorado, principalmente campesino, el desliz de Lugo es «normal» c) La escasa influencia del movimiento feminista en las izquierdas d) La ausencia de una política que tenga en cuenta e incorpore a sectores urbanos progresistas, por parte de los partidos.

Antes que dejarse llevar fácilmente por la «realidad» política y cultural, las izquierdas podrían haberse posicionado críticamente ante un hecho que, cometido por cualquier varón, merece sanciones ejemplares y reivindicaciones de justicia, lo cual no hubiera implicado necesariamente hacerle el juego a la derecha, salvo que levanten la consigna de destitución del presidente, y una consecuente planificación para el efecto, tal como hacen, o insinúan, algunos sectores de la derecha.

Con el paso de las semanas, muy probablemente el «escándalo» de la paternidad del presidente pasará a ser considerado como un error más, aunque más sonado que los otros, en sus prácticas políticas, las que pueden llevarlo en el futuro mediano a un callejón sin salida. Y para las izquierdas, una «correcta» actitud política, una posición «inevitable» ante el hecho. Lo cual, para nosotros, significará falta de lucidez frente a un gobierno que puede ser un aliado táctico, pero no estratégico, y una pobre imagen y agenda propia post Lugo.

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