La más pretenciosa obra sobre la dictadura

Una voz lamentosa de mujer invade el Parque Carlos Antonio López. Una voz interpelante se pregunta: “¿Dónde están los desaparecidos? ¿Dónde están?” Es parte del ensayo diario. Hay zancos, murga, fuego, música, títeres, estaciones. La propuesta ocupa gran parte del enorme escenario natural escogido. Y juega fuerte desde el principio: el ingreso en escena de un  féretro. Pasa por varias estaciones. Estaciones de farsa general, duelo, comedia, lucha, represión, muerte, desolación, “paz y progreso”. Es la obra más pretenciosa sobre este pasado presente. Se siente en el ambiente: la obra, aun en fragmentos, es un eterno devenir.  Es un Calé Galaverna y un Sabino Augusto Montanaro. Es también las Ligas Agrarias Cristianas perseguidas en los 70 y los más de cien dirigentes campesinos asesinados durante la transición. Es la comedia popular vaciada de contenido como la misma policía, la fiscalía o la “justicia”: brutales con los nadie y paniaguados y lisonjeros con los ricos.

Es, en síntesis, ensayo de la farsa general. Una farsa que duele hasta los huesos, humilla y envenena, pero es “tan nuestra”.

Está basado en libro de Moncho: “Fragmentos de celda doce”, » como la Divina Comedia», comenta Laura Marín, actriz y asistente de dirección.

 

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