“La lucha de Thomas Szasz: El (anti) psiquiatra libertario”

Por Benjamín Saldarria y Carlos Clemente

Thomas Szasz, irreverente defensor de la libertad individual, fue en vida una amenaza permanente contra los avances de la psiquiatría y la legislación sobre los derechos de los ciudadanos. Este psiquiatra de origen húngaro cuestionó los fundamentos básicos de la psiquiatría y fue pionero en la lucha contra los tratamientos coercitivos. En las décadas de 1950 y 1960 el campo de la psiquiatría experimentaba un periodo de cambios, como la irrupción de la psicofarmacología, el decaimiento del psicoanálisis y su eliminación de los planes de estudio de las universidades, y el auge del modelo cognitivo y las neurociencias. En este contexto, el Dr. Szasz publicó su primera obra, «El mito de la enfermedad mental», ganándose la antipatía de muchos colegas. Han pasado cinco décadas desde entonces, pero los grandes ejes de su discurso siguen teniendo vigencia en la actualidad.

Thomas Stephen Szasz nació en Budapest el 15 de abril de 1920 y falleció el 8 de diciembre de 2012 en la ciudad de Nueva York. Cuando tenía 18 años, la familia se mudó a Estados Unidos huyendo de la persecución nazi. Fue buen estudiante, obtuvo una licenciatura en física y se graduó en la escuela de medicina de la Universidad de Cincinnati. Con treinta años, obtuvo el diploma del Instituto de Psicoanálisis de Chicago. Fue Profesor Emérito de Psiquiatría del Health Science Center de la Universidad de Siracusa en el estado de Nueva York y miembro vitalicio de la Asociación Americana de Psiquiatría. Fue co-fundador de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos (CCHR), un organismo de control ciudadano sobre los abusos del sistema de salud mental.

Szasz destacó por sus trabajos sobre ética y filosofía, fue uno de los pensadores más radicales en el campo de la psiquiatría y su obra abarca más de 30 libros y cientos de artículos.

En 1961 escribió su primer libro, «El mito de la enfermedad mental«, encendiendo un acalorado debate. Szasz señaló que en los últimos años cada vez hay más categorías en las clasificaciones diagnósticas y que esto se debe a que el mal comportamiento o la conducta desviada, antes considerada «pecado», se reclasifica ahora como «enfermedad mental», como las fobias, la homosexualidad, el divorcio o los actos delictivos. Instó a no confundir lo que acontece de forma natural con el producto de la clasificación.

Szasz contempló la psiquiatría como una forma de control social, consideraba que tanto la medicina soviética como la asistencia social norteamericana se adaptan al objetivo del gobierno de tener bajo control a los ciudadanos decepcionados. En el primer caso es frecuente el diagnóstico de fingimiento, manifestación de tensión en una sociedad colectivista, en el segundo se diagnostica de enfermedad mental, síntoma de tensión en una sociedad individualista. Esta asistencia médica ambivalente permite atender algunas necesidades del paciente al tiempo que ejerce una acción coercitiva.

Szasz hizo una crítica radical a los fundamentos básicos de la psiquiatría, a la que calificó de seudociencia. Sostuvo que la psiquiatría no trata de las «enfermedades mentales», sino de las comunicaciones, de la utilización de signos.

Internos en el Hospital Psiquiátrico Nacional, conocido popularmente como “Neuro”.

Internos en el Hospital Psiquiátrico Nacional, conocido popularmente como “Neuro”.

Con relación a esto exponía, como Sullivan y Fairbairn habían hecho antes, que en la histeria hay una traducción del lenguaje verbal al lenguaje corporal, los síntomas conversivos son comunicaciones, signos de conducta que transmiten un mensaje. Sostuvo que no existe la enfermedad mental, que se trata de un término empleado para describir las conductas que rechazamos. «…La locura es un invento del hombre. Como cuando se pone una autopista y el hombre marca un límite de velocidad que si se rebasa se debe castigar…». Denunció el uso de tratamientos coercitivos como la hospitalización involuntaria, la terapia electroconvulsiva y el uso de los diagnósticos psiquiátricos en los tribunales

Expuso que etiquetar a un niño como enfermo mental no es diagnosticar, sino estigmatizar. Sostuvo que el Trastorno por Déficit de Atención y/o Hiperactividad no es una enfermedad y que ninguna conducta o mala conducta es ni puede ser una enfermedad. Criticó la psiquiatrización de la sociedad actual en la que cada vez más conductas se consideran enfermedad mental, como ser infeliz, ser obeso, fumar demasiado, tener ninguna o demasiadas relaciones sexuales.

«…Cuando estudié en la Escuela de Medicina había seis o siete categorías en el manual diagnóstico, ahora hay más de trescientas, ¿se han descubierto todas estas enfermedades en los últimos 60 años únicamente en psiquiatría?».

Otro de los pilares de su discurso fue la crítica a lo que él llamó el «Estado Terapéutico», la infantilización de la sociedad. Denunció que al igual que la unión entre la Iglesia y el Estado produjo la censura a los libros, la unión entre la medicina y el Estado produce la censura a las drogas. Apuntaba que los gobiernos prohíben y penalizan el consumo de algunas drogas con el argumento de proteger la salud de los ciudadanos, determinando lo que tienen o no derecho a tomar. Ésta es una prohibición política, económica y moral. Entiende que el abuso de las drogas es nocivo al igual que lo es el abuso de la comida o de la religión, y es responsabilidad de cada uno el uso que libremente haga de ellas.

Consecuentemente, un ciudadano libre tiene derecho a poseer drogas, y su consumo no debería ser un atenuante en el caso de un acto delictivo contra otra persona, no hay intención de autonomía y libre elección tras el paternalismo del Estado. En la Edad Media, las brujas eran el chivo expiatorio, la quema de brujas aseguraba el orden social, hoy en día las drogas son aquello contra lo que luchar.

El nombre de Thomas Szasz es una referencia en el campo de la antipsiquiatría. Este movimiento surgió a finales de los años 50 cuestionando desde dentro la labor terapéutica de la psiquiatría y disciplinas afines. David G. Cooper (Gran Bretaña), Ronald D. Laing (Gran Bretaña), Franco Basaglia (Italia), Michel Foucault (Francia) y Ramón García (España) son algunos de los impulsores.

Durante décadas sus ideas han sido tema de debate en salud mental, aunque él lo trasladó a un escenario ético en el que prima la responsabilidad y la libertad por la vida de uno mismo. Por tanto, lo revolucionario de sus ideas no radica únicamente en una crítica a la psiquiatría de la época, sino en la defensa de una transformación de la sociedad.

Su legado, además de su obra, es la invitación a cuestionar las teorías y procedimientos incompatibles con la libertad.

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