La leyenda de Mario Monje, el líder comunista que se negó a participar en la guerrilla del Che Guevara

Páginasiete.bo – REAPARECIÓ el ex líder comunista boliviano que rehusó su concurso en la guerrilla del Che Guevara. “En tu cabeza hay una ametralladora, en mi cabeza hay política”, le dijo al cubano argentino.

Mario Monje fue primer secretario del Partido Comunista de Bolivia en 1966.

Mario Monje era primer secretario del Partido Comunista de Bolivia (PCB) cuando tuvo la conocida reunión con el Che Guevara el 31 de diciembre de 1966, en Ñancahuazú, en la que rehusó el concurso del PCB en la guerrilla. Poco después, Monje renunció a la dirección del partido, se fue a la Unión Soviética y no regresó.

La Voz de Rusia le hizo hace unos meses una entrevista, después de décadas de silencio. Monje tenía entonces 82 años y más de 40 ausente de Bolivia. Esa entrevista sirve de base para retomar la discusión sobre lo que hizo y sobre cómo juzgarlo.

La mayoría de las historias sobre el encuentro Che-Monje son lapidarias para él, pues lo acusan de traición. Desde que leí acerca de Monje, sospeché de la leyenda negra que lo persigue.

La condena global a su actuación tiene un sesgo dado por los “fans” del Che, que no necesitan preguntarse nada. A un ícono como el Che, que todo lo hacía bien, únicamente una “grosera traición” pudo negarle apoyo incondicional. Qué mejor que un estalinista boliviano, provinciano y casi anónimo, un burócrata, para jugar el papel de Judas.

Sólo reflexiones originadas en el PCB argumentaron a favor de la posición de Monje. Carlos Soria Galvarro, en su completa compilación de documentos publicada hace pocos años, incluyó algunos textos propios, escritos cuando era miembro de la Juventud Comunista de Bolivia, que tienen conclusiones razonadas1 y muestran que Monje no fue ambicioso.

La compilación de Soria Galvarro contiene también textos de terceros que más bien apuntan a ratificar la imagen prevaleciente de un Monje poco fiable. Las razones que incriminan a Monje, empero, no tienen el peso de las que lo amparan.

En este texto he incluido algunas referencias adicionales, en buena parte referidas por Soria Galvarro, que persuaden que Monje tuvo razones políticas para actuar como actuó.

Guevara tiene tintes heroicos, lo que no está en discusión. Tampoco su falta de destreza política, que lo diferenció de Fidel. Monje, por su parte, no fue un masacrador ni un delator pero tuvo casi a todos los fiscales de la izquierda en su contra, así como el silencio de los demás, con excepción del PCB (por un tiempo).

El anti-intelectualismo del militarista ELN boliviano no debería ser el filtro con que se evalúe la acción de Monje.

Un ingrediente adicional para sospechar de la versión consagrada es que si juzgamos por las apariencias -con los códigos de hoy-, es extraño que la opinión predominante se incline a favor del glorioso, barbado, cosmopolita, joven mártir, hispánico y buen mozo guerrillero, en desmedro del sombrío comunista, boliviano, enjuto, moreno y de rasgos indígenas, que ha alcanzado muy corrientemente una edad provecta.

Las formas no lo son todo, pero la condena prevaleciente contra Monje va paradójicamente a contracorriente de los valores formales de quienes hoy adoran al Che Guevara sin reparos.

Mario Monje tuvo zigzagueos y simulaciones, como buen político y buen andino en la adversidad. Eso no lo hace culpable, pese a que tuvo en contra la gran revolución mundial y su infalibilidad ética, preconizada por el Che.

El reparo local de Monje a la demanda de Guevara, sus intuiciones de provinciano -y hasta sus trifulcas- no fueron ni traición ni mezquindad, incluso si entre las motivaciones de Monje hubo humanas pasiones, celo, envidia u orgullo (o dependencia de los soviéticos y, por tanto, recelo del aventurerismo cubano, que preocupaba a los rusos).

Las razones de provincia que expresó Monje tuvieron un peso que la vanidad del Che no quiso ver. Monje operó como el político que era.

Las fotos de 2011 de La Voz de Rusia muestran a un venerable ochentón menudo, encalvecido, delgado y de aire aymara, con parsimoniosa expresión. Su vestimenta gris delata su origen, pues en el Ande la mayoría vestimos así.

El registro de La Voz de Rusia2 es de cuando el periodista Leonard Kosíchev lo entrevistó. Su voz expresa lucidez y no deja oír mortificaciones.

El medio no “bombea” a favor de Monje pero lo respeta, dejando saber, a su nombre, la persecución ultraizquierdista que motivó su exilio sin retorno, y su vida de jubilado del Instituto de América Latina de la Academia de Ciencias de Rusia.

La entrevista: “Tú tienes miedo”, “tú eres un suicida”(Narra Monje). Todo comenzó en mayo de 1966, cuando Fidel Castro me dice: “Un amigo común desea volver a su país. Yo te pido que lo ayudes, pero te pido ayuda para el paso por tu país de ese amigo común”. Yo entendí que se trataba del Che Guevara y le dije: “el paso estoy dispuesto a dar, ayudar (sic) y garantizo su paso”.

Pero no se trataba de la guerrilla en Bolivia. Y Fidel sabía en ese momento que yo no estuve de acuerdo con la lucha guerrillera en Bolivia. Y lo sabía desde hace mucho tiempo. Ahora, es todavía para mí una interrogación por qué el Che resolvió aprovechar una situación que él no la habría creado, que era una cuestión que estaba relacionada con los planes del partido boliviano. Porque él me dijo: “No tenía adonde ir. Yo necesitaba salir de Cuba. Y la única parte donde había una preparación pequeña era Bolivia”.

A fines de diciembre, Fidel me propuso una charla con Guevara para definir posiciones. Y se alejó de mí para preguntar a otra persona dónde se encontraba en ese momento el Che. Esa otra persona en voz baja le habló de “…ancahuazú”.

Yo escuché y le pregunté a Fidel: “De acuerdo con encontrarme con el Che, pero ¿y dónde va a ser esto, dentro o fuera de Bolivia? Y él me dijo: ‘fuera de Bolivia’. Te repito, le dije: ¿dentro o fuera de Bolivia? ‘Fuera de Bolivia’, me dijo. Pero yo sabía que era dentro. Y me dijo: ‘llegas a La Paz y te vamos a avisar cuándo partes de allí’”.

Había hecho el compromiso con Fidel de no hablar a nadie de con quién hablaba, hasta después de la conversación. Entonces, con ese criterio, llegué a Ñancahuazú, era más o menos las diez de la mañana. Inmediatamente comenzó la charla y el Che dijo:

“En primer lugar, quiero pedirte disculpas porque te hemos engañado. Más que Fidel, la culpa la tengo yo porque él te planteó lo que yo quería pero nosotros teníamos el criterio de no comunicarte ningún plan nuestro. Te digo todo esto para pedirte que te quedes con nosotros y seas el que encabece la revolución, el levantamiento armado”.

Le dije: “Eso lo vamos a discutir después. Primero vamos a ver cuáles son los planes que tú tienes”. Y pasamos a la discusión. Él me habló de la revolución en América Latina, de preparar la gente en Bolivia. Que el Ejército boliviano era débil, que podían entrenarse allí los equipos que iban a hacer la revolución en Perú, en Argentina. Que la lucha sería larga, en fin.

Yo le dije: “El Ejército puede ser débil, pero va a aprender. Ustedes. podrán darles golpes iniciales pero ellos les darán golpes después. Me dijo: ‘Tú tienes miedo’. Yo le dije: ¿Tú eres suicida?”.

Cuando él me propuso el liderazgo de la revolución yo no creía porque antes de eso se habían dado algunos pasos donde yo sentía que estaba siendo engañado. Entonces le propuse que el mando militar estuviese subordinado al mando político. Y que el que mande sea el político, entonces él me dijo que eso no aceptaba, que él tenía experiencia como militar. Que para eso él había llegado allí y que si no aceptaba ese criterio, bueno, podía irme porque significaba que si me daba a mí el mando, la lucha guerrillera no comenzaría porque yo trataría de alejar ese problema. Entonces me dijo: “Nosotros no podemos entendernos, tú no me convences”. Yo le respondí que tampoco él me convence (sic).

En la primera parte, cuando terminamos la conversación, él me dijo: “El número uno debo ser yo”. Me dijo: “Puedes irte”. Yo (dije) voy a transmitir todo a la dirección del partido y que sea el partido el que dé su última palabra. Si te apoyan, te apoyarán, pero yo daré mi criterio. Y nos separamos.

Unos minutos después, me dijo: “Mira, no hay movilidad para que salgas, entonces yo te propongo ir al campamento central ¿o tienes miedo de estar con nosotros?”. No: le dije, no hay ningún problema.

Y fui donde los bolivianos y les dije: “Aquí hay dos líneas, del partido y la de los cubanos. Los que quieran pueden elegir, es su problema. Ninguna medida represiva, pero a nombre del partido no actúan. Yo informaré al partido esto”.

Él había ya informado a sus compañeros cubanos que yo no había aceptado. Y al día siguiente le dije: “Mira, soy el primero en saludar el holocausto que van a hacer”. “Tú estás seguro que nos van a matar” (dijo el Che). “Estoy convencido” (dijo Monje).

“Mañana levantarán sus banderas en todo el mundo para saludar la hazaña de ustedes, pero yo no puedo aceptar eso y no creo, y no he de ser un obstáculo en tu camino. Me voy a alejar de la dirección del partido. Y (entonces) me alejo en general de la política. Como amigo, te deseo los mayores éxitos”.

(Aquí las palabras de Monje, de las que Guevara da cuenta de otro modo en su diario, no suenan creíbles, pues no se explica por qué sus objeciones a la guerrilla cesaban así por así. Sus palabras se parecen más a la cortesía o a la hipocresía).

“Festejamos (prosigue Monje), fue un acto de homenaje el 31 de diciembre. Al día siguiente, él me dice: ‘Por qué no trasladas a tu familia a Cuba porque para ti va a ser difícil’. Y yo le dije: ‘no, mi familia se queda conmigo. Si me matan, será en la calle, aquí, en Bolivia y la suerte será la suerte de mi familia, junto conmigo’”.

Monje es, efectivamente, un político boliviano. Acudir al término “holocausto”, por cruentas que las muertes guerrilleras fueran a ser, es parte de la tradición retórica local: exageramos para impactar y conmover.

La posición de Monje, retórica aparte, como me remarcaba Fernando Molina hace poco, protegió vidas, al menos las de quienes, intimidados por la dirección del PCB, no se afiliaron a la guerrilla.

La historia de los bolivianos que se enrolaron con Guevara y la secuela del ELN en Teoponte dan la razón a Monje. Aunque el contrafactual histórico (¿qué hubiera pasado si la guerrilla tenía el concurso pleno del PCB?) es imposible de probar, lo visto en los años posteriores apunta a que un fracaso más grave era mucho más probable que el éxito.

La Voz de Rusia concluye así: “Uno escucha a Mario Monje y a la memoria vienen las palabras del poeta: Chocaron el hielo y la llama”.

1 “Autocrítica: Obligación de todos” y “Experiencia viva antes que mística irracional”, contenidos en “El Che en Bolivia, Documentos y testimonios”, Tomo 4, Recopilación, introducción y notas de Carlos Soria Galvarro, publicado con La Razón en septiembre de 2005.

2 La entrevista se encuentra en la página web: spanish.ruvr.ru/2011/10/19/59004655.htm

 

El drama guerrillero del Ché Guevara a través del prisma del tiempo

19.10.2011, 18:27
Hace ya más de 45 años que Che Guevara dejó de existir. Contemporá
Hace ya más de 45 años que Che Guevara dejó de existir. Contemporáneos suyos fueron Charles de Gaulle, Mao Tse Tung, Ho Chi Minh, John Kennedy y Nikita Jrushchov. Hace tiempo que ellos ocuparon un lugar honorífico en los manuales de historia, mientras que el Che Guevara sigue siendo un ídolo, uno de aquellos personajes de mayor renombre de nuestro tiempo.Como hijo de su tempestuosa época condensó sus contradicciones, escollos ideológicos y la tragedia de una personalidad fuera de serie. Los “eurocomunistas” buscaban entonces la salida de la crisis del movimiento de izquierdas por las vías de una “alternativa democrática”. Mientras que el Che Guevara, comandante famoso de la revolución cubana apostaba principalmente a la lucha armada en los países de América Latina, de Asia y de África, contra la “violencia imperialista”. En ello veía el único camino para la liberación de los pueblos del “tercer mundo”. Che Guevara se inmoló por sus convicciones, empeñando dar un impulso revolucionario al estancado movimiento de izquierdas.

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