La izquierda amenaza las elecciones en Paraguay

A menos de cinco meses de las elecciones presidenciales, la izquierda vuelve a inquietar a las élites gobernantes, que en junio pasado destituyeron a Fernando Lugo por la vía de un golpe parlamentario.

Mario Ferreiro, candidato a presidente, y Fernando Lugo, expresidente de la República. Foto: Paraguay.com

La izquierda, aliada al partido Liberal, derrotó en el 2008 al conservador partido Colorado, tras 61 años ininterrumpidos en el poder, y asumió un activo protagonismo durante los cuatro años de  gobierno de centro de Fernando Lugo. Pero el golpe, que buscaba abortar el proceso de cambio iniciado en abril del 2008, no consiguió plenamente su objetivo. La derecha, representada por los dos partidos tradicionales (liberal y colorado), los mismos que se aliaron para asestar el golpe, esperaban una elecciones sin muchas turbulencias en abril del 2013, en las que uno de los dos se quedaría con el poder.

En las últimas semanas el panorama empezó a cambiar. El Frente Guasu, principal referente de izquierda, organizó un acto en el interior del país, logrando movilizar a unas 10.000 personas en un improvisado acto político donde el principal orador fue Fernando Lugo. A pesar de los pocos logros durante sus cuatro años de gestión, el exobispo mantiene una alta popularidad frente a los desgastados partidos tradicionales, que hoy presentan candidatos que no generan expectativas para el campo popular.

El otro sector de izquierda, liderado por Mario Ferreiro, un excomunicador, concita alrededor del 17% de las encuestas de opinión, según un sondeo realizado por la encuestadora First Análisis. Apenas transcurrieron cuatro meses del golpe, y los partidos tradicionales no logran posicionarse visiblemente de cara a las elecciones del próximo año. El partido Liberal, exaliado de Lugo, tendría necesariamente que articular una nueva alianza con la izquierda (¿y con Lugo?) si quiere llegar al poder.

La popularidad que mantiene Lugo y la alta intención de voto que tiene la izquierda no es mérito propiamente de la izquierda, sino que es el reflejo del alto deseo de cambio que se percibe en los sectores populares, que no se ven representados por los partidos tradicionales, que luego de más de 140 años de bipartidismo convirtieron a este país en uno de los más pobres del continente.

Luego del golpe de junio, la izquierda sigue golpeada, pero a pesar de su fragmentación,  ha venido a convertirse, en este complejo escenario, en una especie de bisagra que definirá las elecciones. O abrirá las posibilidades al liberalismo vía nueva alianza o le cerrará las puertas, para el retorno del partido Colorado, el partido que legitimó 35 años de la oprobiosa dictadura de Stroessner.

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