La noche del contraataque de Serrat y Sabina

Crónica de un espectáculo nocturno de música a dúo de más de cuatro décadas, poesía, ingenio, humor, animación, complicidad e historias compartidas con más de 10.000 personas de distintas generaciones.

Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina durante la interpretación de «Algo personal». Fotografía: Blog Aquellas pequeñas cosas.

@SebasOcampos

El concierto, el espectáculo, de Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina, como parte de su gira Dos pájaros contraatacan, que tuvo como punto musical a la ciudad de Asunción ya había sido anunciado a inicios de este año por la productora Garzia Group. Desde entonces inició el disfrute de las canciones de siempre del catalán y el ubetense, a las cuales se empezaron a sumar las nuevas composiciones a cuatro manos del álbum La orquesta del Titanic.

La espera de meses terminó casi a la hora convenida, cuando por fin se dio el encuentro entre los cantautores más geniales de Iberoamérica y el público cómplice del Paraguay.

De las nubes grises al cielo estrellado

La lluvia ya había suspendido, durante un día, el concierto anterior al de Asunción. Las nubes de la tarde asuncena del miércoles generaron muchas dudas en las personas que se comunicaron a través de las redes sociales con la organización, en busca de saber si se suspendería o no la cita aguardada. La respuesta de Garzia Group, en un principio, fue negativa, aunque luego de unas horas anunció que el concierto se realizaría en la noche siguiente si caía la lluvia.

Pero el tiempo fue adecuándose al encuentro, a la cita, quizá gracias a los aleteos de los pájaros que no querían suspender su contraataque asunceno. Las estrellas, junto a la luna, iluminaron el cielo y sólo la humedad recordó la densidad vivida unas horas antes, pues todo ya estaba a favor del espectáculo inminente.

A pocas horas del inicio, fuera del Jockey Club, la gente de todas las edades aguardó ansiosa y quejosa la apertura de los accesos al lugar del concierto. Más de uno se equivocó de fila y debió aguardar el doble de tiempo. Muchos más, a través de sus celulares, comunicaron sus malestares a la organización, que publicó en Twitter que las puertas se abrirían en minutos y el concierto de Serrat y Sabina empezaría a las 22:15 horas.

Por fin dentro, con los fanáticos ubicándose en sus sectores y sillas, con alguna que otra complicación, pasadas las 21 horas, la compatriota y cantante Julia Peroni Mayans abrió la noche musical con varias canciones, entre las que se escuchó Soy de la Chacarita de Maneco Galeano.

Buenas noches, Asunción; Buenas noches, Paraguay

La presencia de los músicos fue, en un primer momento, a través de las animaciones de dos pájaros –más bien pajarracos casi sin plumas en las alas–, que con las voces de Joan Manuel y Joaquín dieron inicio al espectáculo, minutos después de las 22 horas. Hoy puede ser un gran día / Ocupen su localidad (de los álbumes En tránsito (1981) de Serrat y Ruleta rusa (1984) de Sabina), tal como en su primera gira (Dos pájaros de un tiro), sonaron con toda la fuerza de la orquesta de diez músicos hasta que, para la alegría del público expectante, salieron a escena los aguardados cantautores.

Joaquín primero saludó a la gente: Buenas noches, Asunción, luego Joan Manuel se sumó, con Buenas noches, Paraguay, y Sabina retomó entonces la palabra para informar al público que la organización solicitaba, entre otras cosas, que se apagaran los celulares, aunque yo que ustedes no lo haría.

Acuérdate de mí, del álbum a dúo La orquesta del Titanic, empezó a sonar con sus notas suaves y la voz cálida, melódica, de Serrat. Tras la última nota y los aplausos generales ambos músicos retomaron la conversación íntima e ingeniosa entre ellos y con la gente y Joaquín aclaró al rato que tanto él como su maestro y amigo son un par de gallegos con corazón paraguayo.

Algo personal, la canción de Serrat incluida en el álbum Cada loco con su tema, de 1983, cantada por ambos, puso el tono políticosocial a la noche, con los últimos versos compuestos acorde a la realidad actual de Europa, continente que semeja al Titanic hundiéndose, mientras la orquesta representada por ellos continúa tocando.

Y sin embargo (del álbum de Sabina Yo, mi, me, contigo, de 1996), con los sonidos iniciales de la guitarra y el piano, a los cuales se sumó la voz de Joan Manuel, conmovieron a las personas que cantaron a la par del músico. Joaquín se puso de pie al rato e hizo suyas las palabras en la segunda parte de la canción, dejando a cargo del público el estribillo amoroso de besos envenenados, público que no defraudó al genio de Úbeda.

Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat mientras cantaban «Esos bajitos locos». Fotografía: Blog Aquellas pequeñas cosas.

La muerte de Leonardo DiCaprio… 

Los pájaros animados volvieron a presentarse en las pantallas y una voz en off relató (con la imagen de animación del paquebote de fondo) la famosísima noche trágica del hundimiento del Titanic, donde fallecieron varios magnates y también Leonardo DiCaprio. Luego recomendó varias cosas, entre las que sobresalió la idea de haber hecho un barco pa’aqueflote en vez de paquebote. Y, a continuación, por supuesto, sonó La orquesta del Titanic, del álbum homónimo.

Por fin, solos, afirmó Joaquín tras los aplausos y, con unas bromas sobre las redes sociales, 19 días y 500 noches (de su álbum homónimo de 1999) entusiasmó a las diez mil personas que cantaron cada verso tal como lo hicieron durante las tres visitas del músico y poeta a nuestra ciudad.

Entre vítores y gritos desaforados femeninos e incluso masculinos, Sabina hizo un monólogo aclarando que su maestro y amigo y él son una pareja, pero no íntima. Entre ellos no hay sexo, no hay poro’u, porque él (Serrat) no quiere. Y agregó que dos cosas fundamentales los separan: mi envida y su talento. Además relató que en sus inicios, mientras Joan Manuel ya era exitoso, Joaquín, cuando estaba desesperado por tocar el culo a una mujer, debía cantarle una canción de Serrat, dando inicio así a De cartón piedra, del álbum Mi niñez (Álbum blanco) de 1970.

Joan Manuel volvió al escenario y cantó, junto a Joaquín, Cuenta conmigo (de La orquesta del Titanic), donde ambos se pusieron a disposición de las mujeres, ya sea para tratarlas mal o bien, de acuerdo a lo que ellas quisieran. Luego se sumó al repertorio nocturno un fragmento del tango Balada para un loco.

Después de la salida de Sabina, Serrat hizo su monólogo de respuesta y agradeció al público que aplaudieran a su amigo, porque el muchacho lo necesita, por el trato deplorable que la vida le ha dado. Y al rato se escuchó la canción Eclipse de mar de Joaquín (del álbum Mentiras piadosas de 1990), que él, Joan Manuel, canta para valorizarla un poco, pues Sabina dijo que se la regalaría al fallecer, aclarando a la vez que nunca en la vida se vio en la necesidad de cantar una canción de su amigo para tocarle el culo a una muchacha.

Che pykasumi

Joan Manuel se mantuvo en el escenario y se presentó al público como catalán, contando que en su ciudad, pueblo, colectividad, la gente nombra a sus hijos en catalán, entierra a sus muertos en catalán y hace el amor… como todo el mundo, con las mismas dificultades, pero con mucho interés. Y entonces pasó a expresar su orgullo, aprecio y amor a los pueblos, como el guaraní, que mantienen su idioma autóctono incluso contra las invasiones. Estas palabras, como todos sabían, fueron para introducir la guarania Che pykasumi, compuesta por Cecilio Valiente, José Asunción y Eladio Martínez, que Serrat incluyó en su álbum Cansiones, del año 2000. Tras el canto impecable, diez mil personas conmovidas sostuvieron durante varios minutos el aplauso de agradecimiento a su bello homenaje a nuestra cultura.

Sabina, por su parte, se puso de pie al terminar, exclamó Qué bonito sonó esto y ambos siguieron con el toque de blues de la noche, cantando Maldito blues, el último track del álbum a cuatro manos. Señora  y  Princesa, (de los álbumes Mi ñiñez de Serrat y Juez y parte de Sabina, de 1985) sonaron a continuación con sus toques melódico y rockero, que de nuevo animó a la gente incluso a bailar en algunos sectores.

El espectáculo musical poético seguió en el Jockey Club con la canción Después de los despueses, compuesta mano a mano; Una canción para la Magdalena (de 19 días y 500 noches) en la voz de Serrat con el fino acompañamiento del piano; y Mediterráneo (del álbum homónimo de Serrat, de 1971) cantada en esta ocasión por Sabina.

De regreso a La orquesta del Titanic, los cantautores decidieron incluir Martínez en el repertorio, para continuar con No hago otra cosa que pensar en ti (del álbum de Serrat En tránsito, de 1981), cuya letra, como en cada ocasión, fue modificada para la noche, con las bromas recíprocas entre uno y otro. Por su parte, La del pirata cojo (de Física y química de Sabina, de 1992), con Joaquín vestido de pirata y Joan Manuel haciendo malabares, de nuevo movió al público, que cantó y bailó el coro del pirata cojo con pata de palo

Yo no quiero París sin aguacero, ni Paraguay sin ti

Una de las baladas más famosas de Sabina marcó su presencia preponderante en el ya amplio repertorio, con Serrat solicitando al público que sacase, encendiese y ondease sus celulares. Contigo (de Yo, mi, me, contigo) fue cantada por los diez mil presentes, que acompañaron a Joaquín en los conmovedores versos Yo no quiero París sin aguacero, ni Paraguay sin ti… Lo que yo quiero, asuncena de ojos tristes, es que mueras por mí.

El homenaje a Mario Benedetti formó parte del encuentro con Hoy por ti, mañana por mí, escrita a cuatro manos. Entre sus estrofas se apreciaron los famosos versos Mi amor, mi cómplice y todo / y en la calle, codo a codo, / somos muchos más que dos del poema Te quiero del escritor montevideano.

Esos locos bajitos (de En tránsito) sonó suave y lindo a dúo, con los músicos sentados a la mesa de uno de los lados del escenario. Más de cien mentiras (de Esa boca es mía de Sabina, 1994) devolvió el ritmo del rock a la velada y logró, una vez más, mover al público cómplice, que cantó, bailó, aplaudió, sin guardarse nada, mientras escuchó la presentación de todos los músicos: Ricardo Miralles en el piano y los arreglos; Pancho Varona en la guitarra y la voz; Antonio García de Diego en la guitarra y la voz; David Palau en la guitarra; Pedro Barceló en la batería; Víctor Merlo en el bajo; José Miguel Pérez Sagaste en el saxo, el clarinete, el acordeón y las percusiones; José Más Kitflus en los teclados; y Mara Barros y Lorena Calero en los coros.

Tan viejo y tan joven (de Yo, mi, me, contigo), Esta noche contigo (de Esa boca es mía), Para la libertad (del álbum de Serrat Miguel Hernández, de 1972), Cantares (de Dedicado a Antonio Machado, poeta, de 1969) y Aquellas pequeñas cosas (de Mediterráneo) sonaron una tras otra con los músicos firmes a pesar del esfuerzo y el calor húmerdo, con el público agradeciendo todo el talento puesto en escena con mucho esmero.

La infaltable bandera paraguaya de los conciertos también hizo su aparición, con Joan Manuel colocándola en los hombros de su amigo Joaquín y en los de él, cuando se retiraban hacia uno de los lados del escenario, sugiriendo la inevitable culminación de la cita. Pero la gente, sin moverse de lugar, pidió a gritos y con aplausos que la noche no acabara.

Serrat y Sabina tomaron un brevísimo descanso, regresaron y obsequiaron dos famosísimas canciones de Joaquín: Noche de boda e Y nos dieron las diez, recibidas con el acompañamiento vocal durante toda la extensión de los exitosos temas, que generalmente Sabina usaba como cierre de sus conciertos.

El inevitable fin de la cita

Joan Manuel, Joaquín y todos los músicos se retiraron luego de que Sabina dijera Muchas gracias. ¡Hasta siempre! y cantaran Agradeciendo al personal al ritmo de Hoy puede ser un gran día / Ocupen su localidad. Los seguidores menos creyentes de una continuación se levantaron de sus asientos y empezaron a retirarse, mientras que los más fanáticos aguardaron con gritos y aplausos que los queridos cantautores volvieran al menos una vez más para despedirse como corresponde, dejando completamente satisfechos a todos.

Y así lo hicieron, de nuevo con los pájaros animados en las pantallas, que, vestidos con graciosas pijamas, avisaron Ustedes se lo buscaron al público que presenciaba sonriente la vuelta de todos los músicos, quienes sin más vueltas dieron vida a Que se llama soledad (del álbum de Sabina Hotel, dulce hotel,  de 1987) y Fiesta (de Mi niñez de Serrat), canciones con las cuales llegaron a las casi tres horas del inolvidable espectáculo nocturno de música, poesía, ingenio, humor, animación, complicidad e historias compartidas con más de diez mil personas satisfechas, felices de haber estado presente y disfrutado, vivido, semejante contraataque de los dos más geniales cantautores de Iberoamérica.

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