La inevitable política exterior del “nuevo rumbo”

A Cartes o el que sea que quiera tener desde el proyecto político interno que sea, alguna perspectiva sólida, no le queda otro remedio que adscribirse a los términos regionales marcados por Brasil.

Fuente de Imagen: Fanpage del Facebook de Horacio Cartes

A partir de la finalización de la guerra del 70, los márgenes de autonomía de Paraguay son mínimas, si no nulas. Nuestro destino político desde entonces, estuvo marcado por la sujeción hacia los dos grandes estados que aprisionan nuestra geografía como a una cuña, tanto que su sobrevivencia estuvo dada para amortiguar las tensiones entre ellas.

Desde el final de la conflagración hasta la década del 60 del siglo XX, nuestra tendencia de sujeción fue claramente la Argentina. Prácticamente todo el Chaco Paraguayo y buena parte de la región oriental, pasó a ser de dominio del gran capital anglo-argentino, y desde la década del 60, con el gobierno de Stroessner, el giro se dio hacia el Brasil.

Pero por otro lado, a partir de los años 50, después de los gobiernos autonomistas de Perón y Vargas, en Argentina y Brasil respectivamente, esos grandes estados, pasan a someterse a las directrices hegemónicas de EEUU, beneficiario absoluto de la segunda guerra mundial. De ahí que nuestro destino de sujeción asumió al Brasil como filial del emergente imperio mundial, que en la lectura de Ruy Mauro Marini, dio lugar a la calificación de sub-imperio. Ello dentro de un escenario latinoamericano adscripto de manera uniforme a los designios hegemónicos norteamericanos.  Latinoamérica al decir de Neruda era “deliciosamente unánime”.

Desde esa perspectiva que dura hasta el final del siglo XX, todo proyecto de gobierno en Paraguay que pretendiera tener alguna sostenibilidad, necesitaba de la bendición de dos embajadas: la de Brasil y la de EEUU. La ecuación sin embargo, era muy simple porque Brasil respondía, desde esa “deliciosa unanimidad”,  fielmente a los dictados de la potencia del norte.

Ese escenario sin embargo, sufre un cambio muy importante a partir de los albores del  nuevo milenio, con la emergencia de gobiernos  autonomistas en la región,  con políticas que apuntan por primera vez, a romper con la tutela norteamericana, alentadas con el discurso fuertemente anti norteamericano por parte de Hugo Chávez con  resonancia hemisférica. Esta nueva emergencia se da por otro lado, como consecuencia de un marcado declive de la potencia hegemónica planetaria,  que va perdiendo paulatinamente el control sobre su histórico patio trasero, desde un resquebrajamiento de su economía a partir de los años 70 hasta hacer eclosión con la crisis del 2008.

Pero dentro del nuevo paisaje latinoamericano también surge como variante de gran relevancia sobre todo para Paraguay, la emergencia de un nuevo proyecto hegemónico al interior de la región: el Brasil, que ha generado un proceso de acumulación interna notable en los últimos 20 años. Lo que es lo mismo que decir, una gran burguesía en ascenso con ribetes transnacionales.

Todo el escenario regional tiene cambios importantes como consecuencia de una mutación internacional que da cuenta del declive de un imperio, para pasar de un mundo monopolar a una transición multiponar  en un desplazamiento hegemónico. Eso que David Harvey llama “derivas tectónicas”.

Mientras tanto nuestro país sigue inmóvil en ese lugar de sujeción imperial y sub-imperial, lo que hace que sus designios políticos se muevan arrastrados por la nueva corriente histórica. Mas esa corriente nueva separa aquel connubio que parecía inquebrantable entre EEUU y Brasil como su filial. De ahí que ese funcionamiento político casi reflejo hacia Brasil, nos encuentra ante la contradicción que surge entre el nuevo proyecto hegemónico regional  (Brasil) y la potencia del norte, y la disputa del control regional entre ambos. Esa contradicción a su vez genera  a nivel  interno,  una tensión entre los sectores inertes nostálgicos de un pasado monopolar  del que no pueden despegarse, buscando desesperadamente la vieja tutela norteamericana por un lado,   y otros que probablemente entiendan que al golpear las puertas  de Brasil, el golpe queda ahí y no ya como repercusión funcional  a los intereses imperiales de los EEUU.

Desde esa perspectiva, nuestra sujeción hacia Brasil sigue siendo nuestra constante, sólo que ahora el guión trazado por Brasil respondería a su proyecto hegemónico. Un proyecto que hace que todo lo regional para nuestro gran vecino, sea visto en función de su hegemonía, llámese proyectos regionales de todo tipo: MERCOSUR, UNASUR, CELAC etc, quedando probablemente el ALBA, como único ámbito fuera de su alcance.

Lo dicho hasta aquí configura un presupuesto dentro del cual deben adscribirse todos los proyectos de gobiernos en Paraguay, sean del pelaje  que sean. Y el Pte.Cartes no está al margen de ese presupuesto. Su “nuevo rumbo” o el que sea, tendrá por tanto que moverse al compás de la nota marcada por Brasil.

Al producirse el golpe parlamentario de junio de 2012, que derrocó a Lugo, el MERCOSUR  suspende a Paraguay, y casi inmediatamente incorpora a Venezuela y, como bloque, concreta una negociación con el gobierno de la República Popular de China.  El interés de Brasil de incorporar a Venezuela, a su vez, responde a los enormes proyectos conjuntos entre  Brasil y Venezuela, relacionados principalmente con las inconmensurables  reservas de minerales en la frontera entre ambos países además de petróleo. Como dato, para no tener que citar  todos los minerales  por falta de espacio, sólo presentamos el de que en esa zona existe la mayor reserva de uranio del  mundo.

De manera que a Cartes o el que sea que quiera tener desde el proyecto político  interno que sea, alguna perspectiva sólida, no le queda otro remedio que adscribirse a los términos regionales marcados por Brasil. El zigzageo que hace Cartes de, primero alentar MERCOSUR e incluso, la incorporación de Venezuela, para después volverse sobre sus pasos, no son sino la reproducción de esas tensiones internas mencionadas más arriba, entre nostálgicos  que siguen clamando la tutela norteamericana, y otro sector más pragmático  aggiornado. Pero su proyecto de gobierno finalmente, le guste o no, debe adscribirse al nuevo escenario Latinoamericano. Por eso no es de extrañar que el presidente del “nuevo rumbo”, aparezca sonriente en una foto de la mano de la Presidenta Dilma y el Presidente Venezolano. Es como la mamá o hermana mayor que llama al más insignificante de sus hijos, para decirle “saludale al señor” (Maduro) porque eso es de buena educación”.  Y bien  podría agregar: con este señor  tienes que portarte bien aunque no te guste, porque es el Presidente de un Estado  con el que hay grandes proyectos.

 

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