La fracasada guerra contra el narcotráfico (II)

 

Por Paulo López

De los alrededor de 48 mil kilos de cocaína que se estima transitan por territorio paraguayo, apenas se decomisan cerca de 2.230 kilos.

El espacio aéreo paraguayo es una invitación para el tráfico ilegal de todo tipo de mercancías. Las drogas se encuentran, por supuesto, entre los principales productos que dominan el circuito del trasiego clandestino. Las avionetas –la mayoría tipo Cessna, marca representada en Paraguay por una empresa del presidente Horacio Cartes– surcan libremente nuestros cielos ante la garantía de que no serán detectadas.

De acuerdo a datos divulgados por las Fuerzas Armadas, los dos radares con los que cuenta nuestro país solo cubren una extensión de 100 kilómetros, siendo necesarios al menos cuatro radares de alto alcance para asegurar la cobertura de nuestro espacio aéreo. Los radares disponibles son móviles y no permanentes. Es decir, no se tiene un control continuo de los vuelos que se realizan, sino que ante información de inteligencia sobre posibles aterrizajes los agentes se trasladan con sus equipos a los lugares indicados.

Haciendo estimaciones conservadoras, el movimiento de cocaína en el país sería de unos 4.000 kilos al mes, es decir, unos 48.000 kilos al año. Como ya habíamos señalado en la nota anterior, de este total más del 90% del movimiento lo generan los carteles que se dedican a traficar al Brasil, por lo que solo una pequeña parte queda para el consumo local.

Las principales estructuras que operan en el país son el Primer Comando de la Capital, Comando Vermelho y, según apreciaciones de periodistas que trabajan en la zona de la frontera, existirían al menos otras dos estructuras peleando por el mercado. Cada estructura realiza unos dos vuelos al mes desde Bolivia a nuestro territorio, transportando en cada viaje unos 500 kilos.

Los datos oficiales de la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad) sobre decomisos muestran que la costosa y violenta guerra contra el narcotráfico no genera impactos considerables sobre el crimen organizado, que sigue acumulando millones y dejando a la población en medio de un fuego cruzado.

De acuerdo a las estadísticas de la agencia antidrogas, en todo el año 2015 se decomisaron 2.230 kilogramos de cocaína, que equivale aproximadamente a la cantidad que se mueve durante dos semanas, es decir, el 4.6% del total que circula de manera anual. Los números del último lustro no muestran variaciones significativas. 1.350 kilos decomisados en 2011; 3.117 kilos en 2012; 3.303 kilos en 2013 y 1.647 kilos en 2014.

Los agentes de la Senad se excusan ante estas cifras irrisorias señalando que han cambiado de estrategia y que ya no apuestan al “show mediático” de las incautaciones exhibidas en conferencias de prensa. Aseguran que llevan un trabajo más silencioso que apuesta a desarticular las estructuras y sus circuitos financieros. Para ello nos exhiben los números con los que apoya sus afirmaciones. En 2015 fueron incautadas 28 avionetas respecto a las ocho incautadas en 2011, seis en 2012, cuatro en 2013 y tres en 2014. En nuestro país funciona toda una red que provee de avionetas a los traficantes de la región a través de la adulteración de matrículas, blanqueo de aeronaves canceladas y falsificación de los planes de vuelo.

El Paraguay también es un centro para la triangulación de los precursores químicos, donde con frecuencia se importa de manera legal para introducir de contrabando a otros países a precios considerablemente superiores. También se realizan operaciones de trueque, llamados dos por uno, donde los traficantes paraguayos ingresan los precursores y marihuana a Bolivia a cambio de pasta base o cocaína.

La mayor parte de estas operaciones se realizan en territorio chaqueño. Los controles son en este sentido más endebles, pues los precursores químicos como la acetona o el ácido sulfúrico son productos de uso lícito para el sector de la industria para la fabricación de baterías, curtiembres, medicamentos, etc. Las empresas deben estar registradas y declarar el uso que darán a estas sustancias, pero los documentos son fácilmente alterados.

La lista de decomiso de precursores está encabezada por el permanganato de potasio, con un total de 402 kilos decomisados en 2015. Le sigue la fenacetina, con 197 kilos en el mismo año. En tanto, no se registra decomiso alguno de sustancias como la acetona o la lidocaína.

El movimiento anual de dinero de este esquema sería de unos 320 millones de dólares al año, tomando como referencia las avaluaciones de los cargamentos decomisados hechas por la Senad. En comparación, el golpe que realizan los órganos antidrogas ya sea a través del decomiso de cargamentos, dinero encontrado en los operativos y el secuestro de vehículos sería apenas de unos 20 millones de dólares.

De hecho, al intentar hacer un cálculo aproximado de las estructuras que operan en el país y la cantidad de drogas que movilizan por año, nuestra fuente no se atreve a hacer una estimación. “Si supiéramos cuántas estructuras existen en el país ya los hubiéramos atrapado”, dice el agente mientras se encoge de hombros.

 

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