La Excelentísima Ministra

(Opinión) Las carteras del Estado deben estar dirigidas, necesariamente por idóneos que dominan a cabalidad todos los entramados de la institución y del sector para el cual han sido designados.

La Cultura en el Paraguay, institucionalmente hablando, es un sector que ha sido desplazado enormemente, primero por las políticas y lineamientos de los gobiernos que estaban en el poder y después por la sociedad en general. En los últimos años se vio un cambio bastante importante en la institucionalidad de la Cultura en el país, con la creación de la Secretaría Nacional de Cultura en el año 2006 y con las acciones y políticas que fueron llevadas a cabo desde de la primera designación de presupuesto a esta institución hasta los últimos tiempos.

 El Secretario Nacional de Cultura es el encargado de dirigir esta institución y por lo tanto las Políticas Culturales, que según Ticio Escobar, exministro de Cultura de Paraguay “constituyen el cuerpo de decisiones o intervenciones que se toman sobre el curso de lo cultural para darle una orientación, una rectoría”. Para esto, el ministro debe tener una fuerte formación teórica en asuntos culturales, principalmente, y un dominio del sistema institucional del Estado.

Actualmente la Secretaría Nacional de Cultura está encabezada por Graciela Bartolozzi, una persona con gran trayectoria artística y una formación musical importante, sin embargo en cuestiones de Gestión Cultural, lo cual como había planteado más arriba, es fundamental, tiene un déficit de información bastante grave: grave para la institucionalidad cultural del Paraguay y grave para el posicionamiento de lo cultural dentro de la sociedad.

 Si bien puedo citar varios ejemplos para fundamentar la anterior aseveración, me voy a detener específicamente en el discurso de Bartolozzi durante su visita en el marco del Día de Paraguay en la 39º Feria del Libro de Buenos Aires. En este discurso la Señora Ministra habló de temas completamente fuera de contexto, iniciando sus palabras con un tajante “el libro no va a morir” refiriéndose al lugar que ocupan hoy las nuevas tecnologías en relación con la literatura y poniendo a ambas como confrontadas y en una lucha de posicionamiento, cuando en realidad esto dejó de ser una problemática hace varios lustros atrás. Al contrario, hoy deben existir Políticas Públicas que alienten ambas temáticas y que canalicen trabajos en conjunto para que haya un mutuo apoyo, desde las Nuevas Tecnologías hacia la Literatura y viceversa.

Según la nota publicada en la página web de la SNC (http://goo.gl/mYyyH), la ministra “habló del posicionamiento internacional que se le está dando al Paraguay, que antes no tenía, en cuanto a cultura se refiere.” Me consta, porque estuve presente durante esa disertación que esto no es así, si bien hizo referencia a la participación de Paraguay en eventos artísticos (como esta Feria del Libro y la “55º Bienal de Arte de Venecia”) habló específicamente del lugar que ocupa el Arte paraguayo actualmente en la escena internacional, no así de la Cultura en general.

Las nociones de Cultura que tiene la Señora Bartolozzi son acotadísimas al mundo artístico, no considera los contemporáneos conceptos de cultura, ni remotamente se le ocurre que Cultura es algo más que producción artística, participación en ferias internacionales y organización de eventos artísticos. No se le pasa por la cabeza la idea de que Cultura es el entramado simbólico que genera la imaginación sociológica de los pueblos. Ni que las relaciones entre miembros de una sociedad y de ésta con otras sociedades está determinada y delimitada por la Cultura.

 La nota a la que más arriba hice referencia es cuestionable desde que empieza por el gravísimo error citado a continuación: “…se realizó como cierre de la Feria internacional y tuvo lugar en la Sala José Luis Borges con mucha concurrencia.” Ésta Feria se realizó en la Ciudad de Buenos Aires, lugar de donde es oriundo uno de los exponentes más importantes de la Literatura Latinoamericana, en honor a éste hombre, se nombró “Jorge Luis Borges” al Auditorio donde se llevó a cabo el Día de Paraguay en la 39º Feria del Libro. De este terrible error se hicieron eco: La sección Noticias de la página web del Sistema Nacional de Información Cultural del Paraguay (http://goo.gl/LlB9o)y la versión digital del diario ABC Color de Paraguay (http://goo.gl/iC5PU).

 En este mismo Auditorio, sentados en una mesa en medio del escenario donde Bartolozzi dio su discurso estaban 4 destacados referentes de la Literatura paraguaya: Nery Peña, que presentó el libro “El Invierno de Gunter” de Juan Manuel Marcos; Alcibiades González Delvalle, que presentó su novela “Un Viento Negro”; Isidoro J. Ruiz Moreno que presentó la Colección Natalicio González y Mirta Roa, hija del premio Cervantes, Augusto Roa Bastos, que presentó un informe de las ediciones de la Fundación Augusto Roa Bastos.

En toda la extensión de su discurso, la Señora Ministra ya sea por olvido o por voluntaria omisión ni siquiera nombró a estas personas lo cual significó un gesto altamente ofensivo atendiendo al importante aporte que realizan estos exponentes a la Literatura paraguaya.

Como estudiante de Gestión Cultural y también como entusiasta interesado en escuchar el discurso de quien encabeza la máxima institución cultural de mi país, asistí a este auditorio, en espera de que la Ministra haga una exposición de las Políticas Culturales que existen hoy en Paraguay y las que se estarían creando durante su Gestión con respecto a la Literatura y la Edición, ya que nos encontrábamos en este evento. Esperaba ver reflejado en ella y en su discurso el perfil de Gestor Cultural del que hablan los Teóricos de la Cultura a quienes vengo estudiando en la Universidad. Grandísima fue mi decepción cuando Graciela Bartolozzi termina su discurso y éste ni por aproximación tuvo el mínimo de contenido que esperaba.

La inoperancia e incapacidad de este tipo de personas hacen que Paraguay siga siendo excluido de la escena internacional y que dentro mismo del país exista el desinterés y resignación a la exclusión que sufre la sociedad, cuando son estas personas individualmente las que merecen ser excluidas de los lugares de decisión, los cuales, como aseguraba inicialmente deben ser ocupados, necesariamente, por idóneos en su materia.

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