“La estrategia ‘ANR nunca más’ es una novedad en la oposición”, afirma politólogo

El cientista social Fernando Martínez Escobar analiza en esta entrevista las actuales manifestaciones y protestas contra el gobierno de Mario Abdo Benítez, en el marco de la crisis sanitaria, económica y social provocada por la pandemia.

Por Arístides Ortiz Duarte

Nuestro entrevistado -investigador de CONACYT, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Buenos Aires y especialista en sistema de partidos políticos- destaca que las manifestaciones ciudadanas de estos días, protagonizadas en su mayoría por personas no organizadas, serán aprovechadas por los sectores organizados, como los movimientos y partidos políticos.

Martínez Escobar señala que la oposición nunca antes había usado la estrategia de atacar al Partido Colorado como institución, tal como ocurre con las protestas frente a su sede y en las redes sociales, cuyas consecuencias políticas se verán pronto. Sostiene que la permanencia de la ANR en el poder desde 1946 se explica, principalmente, por su penetración social y local y por ser “una red de recursos” que beneficia a los que se adhieren a ella mediante una “relación instrumental”, y no tanto por una identidad simbólica al partido.

El cientista social –un paraguayo que reside en Buenos Aires- recuerda que la ANR -y también el PLRA- apuntala un modelo de Estado que se agota en “la modernización tecnocrática, en la reducción del gasto público y en la lucha contra la corrupción”, y un modelo económico agro-ganadero de exportación. Nuestro entrevistado sugiere que no hay un proyecto político que proponga alternativas a estos modelos, razón por la cual no se pueden producir los cambios sociales y económicos que el país necesita ni tampoco un cambio de la hegemonía colorada.

La crisis sanitaria y política que vivimos está generando una sostenida movilización ciudadana. Estas llegan con protestas frente a la sede del Partido Colorado, que está en el poder prácticamente desde 1946, con un breve paréntesis durante el gobierno de Fernando Lugo ¿Por qué las airadas y repetidas protestas contra la ANR en estos días?

Fernando Martínez Escobar.

En parte por el precario sistema de salud, las polladas para cubrir hospitalizaciones y medicamentos, la corrupción, la falta de vacunas en el país, las escuelas que se caen a pedazos; todo esto es real. Digamos que es la base económico-social que se traduce en una multiplicidad de demandas sociales cuyas expresiones las vemos como nunca antes en las redes sociales. A su vez, una parte de estas se expresan en las calles.

Al mismo tiempo, todo este descontento y frustración se convierte en un recurso para los actores políticos que disputar la dirección de esas demandas inorgánicas que terminan subordinándose, lo quieran o no lo quieran, a los sectores organizados.

¿Y quiénes son esos sectores organizados? Los partidos políticos, las organizaciones sociales, las organizaciones campesinas, sindicales. Entre éstas la más fuerte es la ANR, con todas sus ramificaciones en la conducción de las instituciones del Estado, es decir del Poder Ejecutivo y sus ministerios, pero también de la Fiscalía, del Poder Judicial, de la Cámara de Diputados, de la Cámara de Senadores, del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, del Consejo de la Magistratura, de la Policía Nacional, etc.

Además, al frente de varias de estas instituciones encontramos a un movimiento interno del Partido Colorado que ha logrado con éxito subordinar al propio presidente de la república y a su movimiento político; es el movimiento Honor Colorado, liderado por Horacio Cartes.  Lo ha hecho de una manera consistente y muy evidente desde al menos el intento de juicio político de 2019, con una estrategia sencilla de golpear al ejecutivo y salvarlo al mismo tiempo. De hecho, el juicio político de hace unos días sigue esta misma lógica.

Para Mario Abdo, finalizar su mandato implica desgaste, derrota y rendición ante Cartes.

Entonces, de continuar esta línea, ¿implicaría que en el 2023 no tengamos grandes movimientos internos disputando el poder de la ANR? Todavía falta, pero lo que se ve es que la principal fuerza opositora a Cartes, no sólo está cada vez más débil, sino que además depende de él.

A comienzos de los 90, el argañismo fue un férreo opositor primero a Andrés Rodríguez y luego al sector de Wasmosy/Oviedo en 1992/93 y finalmente a Oviedo en 1997/98.

Además, todos conocemos la disputa de Wasmosy con Oviedo entre 1996 y 1998, la de Domínguez Dibb con Duarte Frutos en el 2002/03 y por supuesto entre Duarte Frutos y Castiglioni. Finalmente, el mismo Abdo logró construir una fuerza que derrotó a Cartes.

Pero ¿ahora que tenemos? Y tenemos al movimiento del presidente (Añetete) que casi ha perdido toda posibilidad de generar acuerdos para dirigir a la ANR. Se vislumbra tímidamente a Hugo Velázquez, pero ¿acaso alcanza la fuerza de Hugo Velázquez para disputar o acordar con Honor Colorado? ¿quién pacta con aquel que no tiene fuerza? Nadie. Todos sabemos que un acuerdo para distribuir el poder político institucional se da entre fuerzas similares.

En este caso y de cara al 2023, Mario Abdo está cada vez más al amparo de Horacio Cartes; y aunque es cierto que el sistema electoral paraguayo actúa como incentivo para la creación de movimientos y la competencia entre ellos, al mismo tiempo Honor Colorado se está convirtiendo en un paraguas bajo el cual existen múltiples liderazgos menores e incapaces de disputarle el poder a Cartes.

En términos electorales ya lo vienen ensayando en las internas coloradas bajo un modelo en el que en la cima se ubica Cartes y por debajo se abren múltiples listas subordinadas que compiten entre sí y que lo reconocen como líder. Así podemos ver por ejemplo Honor Colorado A, B, C, D, E, F, G, H, I, J, etc. La lista de letras de sub-movimientos continúa.

Entonces, en estas manifestaciones también asistimos a un intento de Cartes por subordinar al resto de los movimientos colorados. ¿Lo va lograr? No sé. El sistema electoral fue hasta ahora un seguro para dispersar el poder, aunque como dijimos, Cartes también prueba salidas ante ese escenario.

¿Por el lado de la oposición qué tenemos en esta coyuntura? Un sector intentó posicionar con bastante éxito en las redes sociales y, en alguna medida, también en las calles la idea “ANR nunca más”. Digo con bastante éxito porque si tenemos en cuenta las mediciones de tendencias en las redes sociales, esta frase logra imponerse a otras que en un inicio estaban dando vueltas, como “estoy para el marzo 2021” o “que se vayan todos”.

Ahí vemos una disputa por la dirección de lo que estaba ocurriendo y en este sentido la frase “ANR nunca más” sobrepasa ampliamente al grupo que originalmente lo empezó a utilizar. Hay un esfuerzo por abarcar identitariamente al otro 60 y tanto por ciento de la población no colorada.

En este sentido, quizás asistimos a uno de los primeros intentos de este tipo. Hasta ahora la estrategia de la oposición nunca fue atacar a la ANR como un todo, sino apelar a sus divisiones y tratar de conquistar a sectores descontentos. Históricamente la idea casi siempre fue atraer aliados y electores colorados sin pedirles que renuncien a ser colorados

Desde el inicio de la transición, las victorias y acciones de la oposición casi siempre se dieron dentro de marcos de competencia, pero también de cooperación con sectores colorados.

Así fue durante la constituyente del 92, cuando el sector argañista y la oposición lograron establecer la no reelección presidencial y pararon cualquier tipo de continuidad de Andrés Rodríguez.

Así fue durante la serie de acuerdos que se dieron entre la oposición liderada por Domingo Laíno y el presidente de ese momento Juan Carlos Wasmosy. Ahí por ejemplo asistimos al Pacto de Gobernabilidad del 93, al compromiso Democrático de enero 1994, al pacto político sobre temas castrenses de mayo 1995.

Todo esto llevó a los sectores de oposición a ocupar espacios del poder político institucional como hacía décadas no tenían, pero además fortaleció al sistema de partidos y sacó del poder político a los militares en el marzo paraguayo del 99; que como sabemos, en los años 90, la participación de los militares en la política era un tema muy sensible y central. En ese momento también vemos a la oposición cooperando con movimientos internos del Partido Colorado enfrentados al sector colorado-militar liderado por Lino Oviedo.

Es más, podemos ver a un sindicato de la ANDE (SITRANDE), cuyos líderes, actualmente son miembros de la oposición, cooperando con el Argañismo para frenar la privatización de Yacyreta en 1996. Ahí el Movimiento de Reconciliación Colorada jugó un papel importante en el Congreso frente al gobierno de Wasmosy, que por supuesto también era colorado.

En el año 2000, la victoria de Yoyito Franco para convertirse en vicepresidente de la república, se dio sobre la salida del UNACE de la ANR. Quizás la escisión más grande sufrida por el Partido Colorado desde 1989.

Por supuesto, la victoria de Fernando Lugo también tuvo como una de sus causas la disputa interna del Partido Colorado entre Nicanor y Castiglioni y la liberación de Lino Oviedo que como candidato a la presidencia terminó restándole votos a Blanca Ovelar, la candidata presencial colorada.

Por eso, como estrategia, la oposición en general siempre ha apelado a atacar a la “cúpula del Partido Colorado” o a una parte de ella o a la “rosca mafiosa”, etc. Al mismo tiempo que llama al electorado colorado a unirse a la oposición para la salvación de su propio partido y sin pedirles que renuncien a ser colorados.

En cambio, en esta coyuntura empezamos a ver campañas de desafiliación de la ANR propiciadas por la oposición y divulgadas por grupos de WhatsApp, Twitter y Facebook, por personas a las que generalmente no les interesa la política. Esto es llamativo como hecho, pero a corto plazo no se distingue una organización que pueda capitalizar.

Por esto digo que la estrategia “ANR nunca más” es una novedad en la oposición y a nivel nacional; quizás a nivel local habría que revisar, pero a nivel país es una fórmula poco utilizada.

Entonces, el efecto buscado de “ANR nunca más” parecería generar potencialmente identidad. El problema es que esa identidad se puede producir a ambos lados de la frontera que demarca a los grupos y esto en términos prácticos inmediatos también refuerza a aquel a quien se combate, es decir, en este caso, para la oposición, “el otro” causante de los males del pueblo sería el Partido Colorado. Esto hace que ese “otro” también actúe como un cuerpo cohesionado y que evite fugas.

Pero, además resulta que, si comparamos el grado de organización y cohesión entre ambos lados, vemos todavía mucha dispersión de la oposición, en cambio del lado de la ANR se produjo un efecto de agrupamiento.

Esto significa que, si llevamos a los hechos recientes, lo que acabamos de decir, encontramos que Marito fue salvado de manera unánime por su partido de cara unas elecciones municipales. Pero entonces ¿qué impidió a la oposición negociar la salida de Marito como históricamente lo venía haciendo? Toda la línea sucesoria era colorada y más de uno de los líderes colorados habrá sentido que éste podía ser un momento para lograr acumular fuerzas frente al cartismo ayudados por la oposición, como de hecho lo han venido haciendo desde 1989.  Pero esto no pasó.

¿Cuáles son las principales razones para que la ANR, pese a la profundización de la pobreza y la desigualdad y las escasas soluciones a los problemas del país, siga ejerciendo el poder?

Acá quiero volver un poco a la primera pregunta y unir con esta. En parte porque ahí también digo algo de esto, y en parte porque me parece importante mostrar que el Partido Colorado en el poder es anterior a 1954 y que además la configuración embrionaria del régimen de Stroessner y el esquema de la alianza colorada-militar es anterior y posterior a la dictadura de Stroessner. Así como el modelo económico de fines de los años 50 no se acabó en 1989, sino que se profundizó en los años posteriores a la dictadura.

Al observar a la ANR vemos que está en el poder desde 1946, es decir desde el cogobierno con el Franquismo (En se momento todavía no se llamaba Partido Revolucionario Febrerista). Es decir, la ANR está en el poder desde la llamada “primavera democrática”, cuando Higinio Morínigo todavía era presidente.

En enero de 1947, tanto los febreristas como los colorados acordaron retirarse del gobierno, para que los militares conduzcan un proceso de transición hacia un sistema de partidos pluralista y hacia la institucionalización del país, a través de una convocatoria a elecciones en la que pudiesen participar todos los partidos políticos y se pudiese redactar una nueva Constitución Nacional.

¿Y todo esto por qué? Porque se debe recordar que Estigarribia, un poco antes de su muerte, prohibió los partidos políticos. Es decir, instauró un sistema de partido único a través del decreto número 1 del 18 de febrero de 1940 y meses más tarde sustituyó la Constitución de 1870 por “la carta política del 40” de corte autoritario.

Estos cambios que propició Estigarribia establecieron una estructura jurídico política que inmediatamente fue aprovechada por el régimen sin partidos del General Higinio Morínigo y luego sirvió para el establecimiento de un sistema de partido único que utilizó la misma ANR desde 1947 hasta las elecciones del año 1963; y por supuesto, desde 1954 por Stroessner, quien “purgó” toda disidencia interna partidaria entre fines de los años 50 e inicios de los 60.

Lo que ocurrió en enero de 1947 fue que, como estaba acordado, los febreristas se retiraron de los ministerios que dirigían, pero la ANR no sólo mantuvo a sus ministros en el gobierno de Morínigo, sino que empezó a gobernar ocupando todos los cargos.

Fue un autogolpe de Morínigo y del Partido Colorado bajo la conducción militar en las calles del Coronel Enrique Jiménez, el mayor Rogelio Benítez, el coronel Díaz de Vivar, entre otros. De ahí deviene la famosa frase “siempre habrá un 13 de enero” de Luís María Argaña.

Luego viene la victoria de la ANR en la guerra civil de 1947 (más seis presidentes colorados hasta el arribo de Alfredo Stroessner en 1954).  Se va consolidando la alianza colorada-militar que recién culminó en el marzo paraguayo de 1999. Ni siquiera se acabó con Alfredo Stroessner en 1989.

Pero yendo para atrás otra vez, vemos que, a comienzo de los años 60, Stroessner logró consolidar su poder político institucional al interior de la ANR, condición que mantuvo hasta al VI Congreso juvenil colorado del año 1984, momento en el que empezaron a ser notarias dos líneas internas: los tradicionalistas y los militantes. Luego aparecieron otros movimientos internos entre 1985 y 1986. Finalmente, como sabemos la ruptura se consolida en la convención colorada de 1987 hasta que Stroessner es derrocado en el 89.

A partir de esto, en los años 90, los movimientos internos del Partido Colorado y las Fuerzas Armadas quedan en una situación de empate que los lleva generar reglas distributivas de poder como condición para seguir manteniéndose al frente del mismo y se producen todas esas negociaciones, cooperaciones y competencias (que mencionamos en la anterior pregunta) entre movimientos internos del partido colorado y la oposición.

Entonces, como ya sabemos, primero la caída de la dictadura se da por una ruptura intra élite, es decir al interior de la ANR y de las Fuerzas Armadas. Pero se mantiene el grupo de poder Partido Colorado-Fuerzas Armadas hasta 1999 sin el poder monopólico que tenía Stroessner, lo cual abre el juego a distintas fuerzas a participar del juego político institucional.

En términos económicos -esto daría para otra entrevista- podemos mencionar que el segundo modelo de crecimiento hacia afuera es impulsado por Stroessner a fines de los años 50 con la marcha hacia el Este, en una apuesta por descomprimir la presión del sector campesino (que había vuelto de la guerra del Chaco y participado de una guerra civil) sobre el área central del país y al mismo tiempo se da el avance del modelo tipo farmer en dirección este-oeste.

El primer grupo trabajó en las plantaciones de algodón y el segundo utilizó la soja. El primero entra en declive desde comienzo de los años 80 y nunca más se recuperó bajo ningún gobierno. En tanto que el segundo comenzó un crecimiento exponencial y siguió expandiéndose bajo todos los gobiernos. Esto cambió la estructura social del campo, de las ciudades y creció el sector servicios.

Ahora bien, posiblemente ningún partido parlamentario tenga una propuesta muy distinta (excepto quizás el Frente Guasu). Mirado desde este punto de vista de los movimientos internos y de los mismos partidos políticos parlamentarios, estos pueden ser vistos como facciones de un mismo modelo socio económico, cuyo eje central de disputa actual parece ser la idea de modernización tecnocrática del Estado y cuya agenda se despliega sobre la lucha contra la corrupción, la reducción del gasto público, entre otros.

A su vez, si ubicamos esto último en el escenario actual de la pandemia, vemos que entra en tensión con las demandas sociales, como el derecho a la educación, el derecho a la salud, es decir con su universalización para que las polladas se conviertan en anecdóticas y no en el sostén del sistema público sanitario. En Paraguay las familias de ingresos medios deben vender su patrimonio, quedar endeudas o directamente en la pobreza cuando un familiar se enferma.

Es ahí donde se tensa la relación, porque para algunos actores políticos la situación se resuelve acabando con la corrupción. Pero la pregunta es, ¿eso realmente alcanza? O ¿deberíamos plantear, además, una discusión sobre los modelos de desarrollo y acumulación? La presión tributaria ¿debe aumentar en el Paraguay? ¿Qué hacemos por ejemplo con los impuestos al tabaco? Etc.

¿Cómo puede leerse esa legitimidad social, de complicidad y concesión del paraguayo y la paraguaya comunes, con ese poder colorado? 

Luego de un trabajo de etnografía política que hice hace unos años atrás en el distrito de Chacoré Repatriación, departamento de Caaguazu, yo tiendo a desnaturalizar las relaciones partidarias. No creo mucho en el esencialismo político. Es decir, casi siempre hay una explicación de carácter instrumental detrás, que no sé si la puedo asociar con “la complicidad” y “la concesión del paraguayo o paraguaya”.  Lo que yo veo son constantes instrumentales de funcionamiento político a las que algunos pueden llamar relaciones de intercambios “racionales”.

En este sentido y cómo vengo diciendo, el poder colorado es múltiple, tiene una penetración territorial local muy fuerte y más allá de las identidades cristalizadas que pueda haber, la ANR también es una red de recursos (así como el PLRA), dónde la pertenencia al grupo asegura accesos e inclusiones. Entonces ahí vemos también una relación instrumental de intercambio de recursos.

Es decir, los partidos políticos son vistos por la gente como redes de recursos de poder que tienen la capacidad de direccionar y/o incidir en las decisiones del Gobierno. Por supuesto que la población está inmersa dentro de esas redes de recursos e intercambios mutuos que generan capacidades para sus participantes en diferentes grados.

A su vez dentro de estas redes de poder se activan mecanismo de exclusión política que suelen ser también la contracara de los incluidos políticamente, a través de mecanismo de inclusión-exclusión.

Lo otro que me parece importante destacar y que va unido a lo anterior, es que los recursos desplegados por los candidatos, en su relación con los votantes en el territorio, van más allá del mero cálculo de la transacción inmediata entre las partes de la relación, es decir, las personas no siempre intercambian directamente su voto por algún bien, servicio o acceso presente o inmediato. Sino que al formar parte de una red de recursos generan mutuas dependencias, nuevos recursos antes inexistentes y beneficios mutuos a mediano plazo y en distintos niveles.

Me acuerdo por ejemplo que, al conversar con varios jóvenes, que se reconocían así mismos como colorados, expresaban que su partido significaba principalmente ayuda abierta hacia potenciales beneficios en aumento. Varios todavía no habían recibido nada personalmente del partido, pero el relato familiar y de los amigos le demostraba que la pertenencia genera beneficios como becas, universidad y otras ayudas. Además, cambiarse de la red de recursos al que uno pertenece también traía penalizaciones en cuanto las ayudas que podían recibir.

¿Por qué digo todo esto?, porque si queremos entender el funcionamiento del Partido Colorado y también del Partido Liberal Radical Auténtico en conexión con sus votantes, me parece que podemos explorar más allá de una mirada que ve a la esencia como explicación de todo. Es decir, creo que este campo está muy abierto para ser investigado y podría arrojar cierta luz en la relación entre el votante y su representante o sobre cómo se conectan los liderazgos nacionales con los liderazgos locales.

Para terminar con la respuesta, quiero decir además que no todos miembros del partido participan por igual, existen grados de participación y pertenencia, que sirven como acceso y forma de asignar recursos y en casi todos los casos hay variantes. Desde los que forman parte del grupo de campaña, pasando por los líderes de los puestos de comando, los que acompañan al candidato en sus caminatas por las casas de los habitantes, los que asisten a reuniones partidarias informativas y hacen actividades esporádicas para el partido, los votantes del partido que se identifican con una red política determinada, o los no afiliados pero cercanos a las redes políticas.

¿Por qué no se ha podido construir un proyecto político alternativo a la ANR después de 31 años de haber caído la dictadura stronista, que fue sostenida por los colorados?

Si nos centramos en lo estrictamente partidario electoral creo que hubo opciones que incluso fueron exitosas al despuntar la transición desde los sectores progresistas, como fue el caso Asunción para Todos (APT) y Constitución para Todos (CPT).

Esta primera derrota para la ANR actúo como incentivo para propiciar la eliminación del ballotage como opción que estaba inicialmente en la ley electoral. En este sentido es llamativo que la oposición no haya logrado hasta ahora reinstaurar la segunda vuelta electoral. Sobre todo, porque la dicotomía Partido Colorado-Oposición marcó las contiendas electorales todo este tiempo.

Además, en el progresismo, hay todo un sector que abandona el campo electoral luego de las primeras experiencias al inicio de los años 90s y se vuelca a trabajar desde los movimientos sociales y campesinos. Recién vuelven al campo electoral en el 2003.

En tanto que el sector más electoral de la izquierda, luego de su experiencia en la APT y CPT se une al Encuentro Nacional e incluso para 1998 uno de sus líderes, Carlos Filizzola, termina generando una alianza con Domingo Laíno del PLRA, donde Filizzola fue el candidato a vicepresidente de la república.

También hay que señalar que el movimiento sindical, que estuvo en alza en los 90 y que fue un actor importante de APT y CPT, pasó una crisis profunda hacia mitad de esa década por los casos de corrupción en las construcciones de edificios en Mariano Roque Alonso. Nunca se volvieron a recuperar de eso.

Hacia el final de la década de los 90s, vemos que el marzo paraguayo de 1999, produjo una reconfiguración del sistema de partidos. Las Fuerzas Armadas quedan afuera del poder político institucional. Los protagonistas de los años 80 y 90 comienzan a desaparecer y surgen nuevas figuras. En este sentido todo el liderazgo principal de la ANR se renueva. De esta manera, luego de la muerte Argaña y la salida del UNACE del Partido Colorado, aparecen figuras muy jóvenes en ese momento como Nicanor y Castiglioni.

En el PLRA Domingo Laíno pierde la conducción de su partido y aparecen los Franco en el 2000, pero más allá de esa victoria de Yoyito, motivada por la disputa al interior de la ANR, sus figuras no alcanzaron un nivel nacional hasta la aparición de Fernando Lugo. Recordemos que, en esos años previos a Lugo, en la oposición pesaban bastante las figuras de Pedro Fadul y la de Lino Oviedo. En las elecciones del 2003, Patria Querida (21,27%) quedó dos por ciento abajo del PLRA (23,95%).

Si volvemos la mirada al Encuentro Nacional, vemos que este partido se divide hacia la derecha y hacia la izquierda para dar nacimiento a Patria Querida y País Solidario respectivamente.

En el año 2002, los movimientos campesinos y sociales obtuvieron una de sus mayores victorias aglutinados en el Congreso Democrático del Pueblo, pero no lograron capitalizar ese resultado en una organización política hasta la aparición de Fernando Lugo y la creación del Frente Guasu en el 2010. En este sentido Lugo actúo como una figura constituyente de la mayor unidad de los sectores progresistas en la historia y al mismo tiempo como figura reconstituyente del PLRA.

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