La estética urbana asuncena

Opinión: «Es mejor una hermosa flor plantada en la Plaza Uruguaya que un indígena plantado.»

Pedido de no a las rejas en las calles de Asunción.

Una amiga colorada, empleada municipal, encargada del hermoseamiento de la Plaza Uruguaya me contaba: “No sabés, Jorge, lo que sufrimos para arreglar la Plaza Italia. Eso no era basura nomás. Había caca, un olor nauseabundo. Esa gente es muy puerca y sucia”.

En otro contexto, un amigo que creció hasta la adolescencia en la selva, como dice él, cuenta que para su papá el deseo máximo era poder experimentar antes de morir la luz eléctrica, el agua corriente y la ruta asfaltada. Podemos interpretar el porqué de estos deseos. Las soluciones caceras del campo no son suficientes para la limpieza más fácil y efectiva , como alejar la basura por ruta, alejar la caca por el tubo, visualizar mejor nuestros baños limpios, sin ranitas, o simplemente ver si nuestros pies están limpios.

Están más avanzadas aún las costumbres urbanas en el desarrollo de la cultura de limpieza, del alejamiento de la basura, la caca, la suciedad. Va mucho más allá de la simple limpieza-bienestar, la limpieza-estética-inconsciente.

Nos sentimos limpios cuando depositamos nuestros residuos en indestructibles bolsas de plásticos del súper, pero efectivos en la contención de los olores.

Nos sentimos limpios cuando usamos poderosos productos de limpiezas para blanquear inmaculadamente nuestras ropas, poderosos quitamanchas que, con nuestra producción de suciedad, desaparece de nuestra vista  por las cañerías y van a parar al río… ¡Re cool!

Nos sentimos limpios porque tenemos formidables e ingeniosos tronos que permiten a escondidas disfrutar el vaciamiento, con alguna revista o diario en mano, e incluso con celulares o notebooks. Siempre a solas porque no es cool mostrar que disfrutamos cagar.  Claro que sin responsabilizarnos de adónde va a parar nuestra caca.

Así, entre azulejos y en forma oculta, en esta Asunción con futura costanera, producimos aproximadamente 36 mil toneladas de caca al año, acompañado de suaves papeles higiénicos hipercontaminantes que van a parar ahí nomás, a lado nuestro, devuelta al río.

Se está poniendo fashion y limpia nuestra ciudad. ¿No te pone alegre? La calle Palma parece de otro país, con el hermoso arbolito de navidad de Coca Cola super cool en un espacio público; con las sillas y las mesas de elegantes restaurantes en las veredas. ¡Y ahora se abrió un McDonal’s! ¡Uy, qué bueno! Y por sobre todo está libre de carteristas sucios porque hay vigilancia. Y los carteristas cool también están invisibles en la política.

Hablando de alegre, y siguiendo con la línea estética, otra amiga liberal alegre, reacciona a favor de la expulsión y el enrejado de la Plaza Uruguaya porque no podía pasearse con su perrito y disfrutar del espacio público para que su peludito bebé pueda hacer popo. ¡Claro!  Es más soportable y aceptado dentro de la estética ver al perrito vacunadito hacer unos consistentes popo casi inoloros, por el tipo especial de alimentación que tiene, nada que ver a un niño indígena defecando en plena plaza pública.

Como la estética manda, mejor una hermosa flor plantada que un indígena plantado. Así que nada raro es lo que pasó dentro del hermoseamiento y el no preocuparnos por la caca que hacemos con tal que no se vea.

Dentro de esta línea el representante comunal estiró la cadena del inodoro de la justicia, liberando el torrente de fuerzas policiales para conducir la caca marginal producida por décadas por la dirigencia de su partido, como por un tubo, lejos de nuestra vista, al RI14.

Los medios periodísticos hegemónicos defecan montañas de desinformación sobre nuestras cabezas, tanto que nuestras cortezas cerebrales se han convertido en una bóveda séptica.

Será interesante ayudarnos entre asuncenos a evacuar nuestras cabezas con responsabilidad. ¡Conversemos con Asunción!  Que el debate no salga de la agenda.

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