La escatología de la película «2012»

La película cataclísmica de Roland Emmerich, «2012», presenta una interpretación sesgada y un tratamiento superficial sobre el significado de las litografías mayas, como de hecho no podía serlo de otro modo. En este sentido, se inscribe plenamente en el grupo de filmes tipo «Apocalipto» de Mel Gibson, un montaje repleto de estereotipos en cuyo trasfondo subyace la intención de racionalizar el exterminio y el genocidio impuestos por la colonización. El cuadro presenta a los mayas como la barbarie pura, que mataban por deporte y diversión. Al final, en medio de toda esta escena de crimen y saña, se observa la llegada de las carabelas, que aparecen con un aire de representar la instauración del orden civilizado como superación de los crímenes sacrificales de los primitivos. Salvando el error, por supuesto, de que a la llegada de los europeos las ciudades mayas ya estaban completamente deshabitadas y no se sabría de ellas hasta la época de los grandes descubrimientos arqueológicos del siglo XX.

Ahora bien, lo que los textos mayas nos dicen sobre nuestra época no debe ser tomado como anticipaciones que ocurrirán inexorablemente, sino más bien como advertencias de lo que puede acontecer o no de acuerdo a la actitud que tomemos al respecto. No se trata de que vivamos en un mundo con un destino preestablecido, con fecha de vencimiento. Darío Bermúdez, en su libro Profecías Mayas, ejemplifica este mecanismo cuando nos dice que las predicciones no deben ser interpretadas de manera cerrada, con una lógica de ocurrió o no ocurrió. Este punto es importante dado que cuando el mundo continúe después del 2012 esto querrá ser utilizado para menoscabar la grandeza de la cultura maya, los avanzados conocimientos que poseyeron en materia de arquitectura, matemáticas, astronomía, que si bien tenían fundamentos religiosos y, por lo tanto, irracionales, la técnica y el uso práctico de sus conocimientos son muestras de que alcanzaron un estado avanzadísimo de civilización.

Para abordar el fenómeno sin prejuicios debemos primero desmontar todo el bagaje epistemológico de la tradición positivista-racionalista y estudiar a estas culturas desde su propia lógica, ya que aquel muchas veces ni siquiera fue capaz de prevenir las crisis en el seno de sus propias sociedades de origen y mal haríamos en darle autoridad sobre lo que ni siquiera conoce ni se preocupa por investigar.

La catástrofe que hipotéticamente se cernirá sobre el planeta según la película se originará a raíz del desequilibrio y la radiactividad en la emisión solar de los neutrinos. Este elemento ya fue el tema de una película pionera en el ámbito de la ciencia ficción, Solaris. No me refiero aquí al remake norteamericano estrenado 30 años después –muy inferior prácticamente en todo–, sino a la original, la del ruso Andrei Tarkovsky, basada en la novela homónima de Stanislav Lem. Según el químico Jacques Bergier, la particularidad de este elemento es que posee su propia réplica, el antineutrino, con un campo de rotación y gravedad opuestos, en otra frecuencia de tiempo y espacio. Es más o menos esto lo que ocurre en el filme de Tarkovsky, donde el Dr. Kris Kelvin viaja a la estación cerca del océano Solaris para investigar los graves trastornos que sufrían los tripulantes y se le aparece su esposa que se había suicidado, materializada por la extraña masa a partir de la penetración onírica, cuyo cuerpo estaba compuesto de neutrinos, es decir en otro tiempo y espacio.

Retomando la cuestión maya, según las interpretaciones de los códices que se conservan, llevaban una cuenta del tiempo que tenía una duración de 5.125 años (duración de cada uno de los cinco periodos que suman 25.625, ciclo elíptico que recorre el sistema solar en torno al centro de la galaxia), cuyo inicio estaba marcado en el año 3.113 antes de nuestra era y que se extendería aproximadamente hasta el solsticio de verano del 2012. Esta cifra no es muy exacta dada la imposibilidad de establecer correlaciones puntuales entre el calendario gregoriano y el maya. En 1992 se inició el último katún (periodo de 20 años), tiempo que, según las advertencias del Chilam Balam de Chumayel, la humanidad debería utilizar para replantearse su relación con el mundo, antes de que se inicie el nuevo ciclo de 25.625 años. Según el mensaje de los mesoamericanos, esta época enfrenta a la humanidad a una disyuntiva: reintegrarse al medio por encima de las concepciones antropocéntricas o simplemente aguardar el colapso que no necesariamente llegará en el 2012, pero que considerando las reacciones climáticas cada vez más devastadoras indefectiblemente llegará en algún momento dado. Esta fecha señalada es algo así como una festividad de año nuevo, el inicio de un nuevo ciclo.

Pero dejando de lado la escatología generada en torno a las voces proféticas del Mayab, en lo que indiscutiblemente acertaron es en el resurgimiento y revaloración que experimentarían las culturas ancestrales luego del despojo, el olvido y la marginación que arrasaron al mundo prehispánico a partir de la invasión del siglo XV, como lo prueba la cantidad de documentales, libros e investigaciones de todo tipo que nos proporcionan una nueva mirada en oposición a la historiografía etnocentrada escrita por los vencedores de la contienda. En esto no fallaron.

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