La dificultosa alianza entre el Frente Guasu y el PLRA

Análisis. La proyección y estrategias de los ganadores de las elecciones del 2008, hacia el 2013.

El triunfo de la APC en 2008. Foto: Visión Política.

La táctica del 2008: alianza con el PLRA

En las elecciones del 2008, el primer anillo luguista, enarbolando las banderas del progresismo, logró pactar una alianza con el PLRA. La unidad quedaba sellada entre el primer anillo, conformado por referentes colorados en su mayoría, y el partido Liberal. Lugo triunfa, pero divorciado orgánicamente del movimiento popular. Aquel no fue un acuerdo entre partidos; no se construyó sobre un proyecto político, sino que fue simplemente un plan para derrotar a la ANR y acceder al poder. Fue una jugada táctica del primer anillo.

Como nunca entes, en el 2008 se daba la oportunidad histórica de construir un proyecto popular, pero Lugo, antes que convocar a las organizaciones sociales para la articulación de un gran frente popular, desde donde pactarla alianza con el PLRA, aceptó un acuerdo entre cuatro paredes. La APC construyó un discurso progresista-populista para seducir electoralmente a los sectores populares,y le sirvió de soporte los partidos de izquierda que después devendrían en el Frente Guasu. Triunfó la APC, pero se conformaron un Congreso y gobernaciones dominados íntegramente por los partidos tradicionales. El pueblo puso el voto, los cargos fueron para el entorno de Lugo, y las clases populares se quedaron con los discursos. El campo popular quedaba sin el pan y sin la torta. Al cabo de tres años, ninguna de las promesas electorales, fueron cumplidas. Los únicos que hasta ahora siguen festejando el triunfo luguista son la oligarquía ganadera y los sojeros.

Como consecuencia del pacto autoritario, el presidente fue acorralado por el Parlamento y el Poder Judicial, dominados por la derecha más reaccionaria. Lugo quedó aislado del movimiento popular que masivamente le dio su apoyo. En esta situación, sin muchas dificultades, la mafia y la derecha corrupta lograron recomponer sus piezas y fortalecer el Legislativo y el Poder Judicial para impedir cambios estructurales y mantener el statu quo. Luego de las heridas electorales, la ANR, consiguió recuperarse ganando mayoritariamente en las municipales del 2010 y hoy amenaza volver al poder.

La táctica actual: debilitar al PLRA

La relación de Lugo con el PLRA fue siempre dificultosa. Foto: IP.

Para Lugo y su primer anillo, hoy hay un peligro real: el partido colorado. El 2013 está cada vez más cerca, y el luguismo, que no cumplió los cacareados cambios a favor del campo popular, ensaya una nueva fórmula electoralista: 1) campaña para recuperar las tierras malhabidas impulsadas por el INDERT, y 2) reiniciar el “Ñemongueta guazú”, tal como lo hizo en las elecciones del 2008. Con la campaña de recuperación de las tierras malhabidas intenta demostrar la voluntad política de impulsar (un poco tarde) la reforma agraria, y a la vez generar un escenario más favorable con el campesinado, con quien todavía tiene una deuda pendiente. Con el Ñemongueta guazú pretende reabrir un nuevo coqueteo político, tratando de recuperar la deteriorada confianza de los movimientos sociales. Los dos ejes (recuperación de tierras y Ñemongueta) son ejecutados por el Frente Guasu, y celosamente monitoreado por el primer anillo.

El plan táctico del primer anillo (Kencho Rodríguez, Miguel Ángel Rojas, Pompeyo, etc.) consiste en potenciar a la izquierda con la cesión de nuevos cargos públicos, y en contrapartida debilitar al PLRA, despojándole de los cargos ministeriales. La izquierda oficialista, subordinada a los intereses el primer anillo, está hoy más fortalecida que el PLRA, y el objetivo final es forzar a los liberales a una alianza encabezada por un candidato elegido por el luguismo, que bien podría ser de origen liberal.

El sueño se diluye

Con la alianza del 2008 los liberales cumplieron la fase táctica de un ambicioso plan; derrotar electoralmente al partido colorado y cogobernar con Lugo durante los cinco años. La segunda fase del plan consiste en la nada fácil tarea de ganar las elecciones del 2013, con una nueva chapa aliancista encabezada por ellos, fruto del acuerdo tácito con Lugo. Pero Lugo, que ni siquiera cumplió las promesas electorales, menos pretende cumplir con los acuerdos tácitos. Hoy el presidente está embarcado en un proyecto ya casi sin el PLRA; potenciar al FG con miras a las elecciones generales. El sueño liberal del poder se va diluyendo aceleradamente en la medida que llega el 2013.

El Frente Guasu ha tomado importantes cargos en los últimos meses del gobierno. Foto: Frente Guasu.

La hegemonía clientelar

Par forzar a una alianza al PLRA, el FG necesita convertirse en una fuerza con influencia de masas, para lo cual apela a una medida práctica: hacerse de nuevos cargos, y repartir más prebendas a sus adherentes. Hoy los partidos del FG tienen el doble de los cargos que tenían al inicio del gobierno y están logrando domesticar clientelarmente a más dirigentes sociales. El escenario está montado: el FG tiene más apoyo de masas porque controla más cargos, y el PLRA se debilita porque va perdiendo antiguos espacios.

¿Ocupar cargos o profundizar el proceso?

El Frente Guasu no tiene un proyecto político propio. Si lo tuviera, entendería que el momento es de acumulación de fuerzas y no de lucha hegemónica con el PLRA. Una acumulación de fuerzas que posibilite la profundización del proceso iniciado en el 2008.El camino debería ser un nuevo acuerdo con el liberalismo, bajo un gobierno compartido, enmarcado en una alianza con criterios paritarios tanto en la conformación de una lista unificada de candidatos así como la coadministración del gobierno en el periodo 2013-2018.

Hoy el FG impulsa firmemente la candidatura de Lugo a la senaduría,y con una lista encabezada por él se garantizaría el ingreso masivo de otros referentes que integren la misma. Varios de los dirigentes ya están afirmando que independientemente se gane o pierda en el 2013, lo importante es fortalecer a la izquierda y olvidar una alianza con el PLRA. Fortalecimiento que significará ocupar bancas en el senado, pero sin un programa político claro. Con este planteamiento, la izquierda puede lograr mayores espacios en el legislativo, pero tendrá a un gobierno colorado renovado y fortalecido en el poder ejecutivo, y con nulas posibilidades de avanzar hacia cambios estructurales.

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