La difamación no apagará mi luz

Daniela Candia es periodista, trabaja en el SNT como cronista y tiene un programa de radio, «Agenda Abierta», en Radio Uno. Esta es su respuesta a publicaciones del diario ABC Color sobre la publicidad del Conavi en el gobierno anterior.

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Daniela Candia

He sido afectada en mi honor tras publicaciones realizadas por Mabel Renhfeldt y publicadas en el Diario Abc Color el día miércoles 4 de febrero de 2009, en las cuales, la citada comunicadora hace referencia a auspicios publicitarios de Redinsa S.A y manifiesta que la empresa obró de manera irregular con fondos del Consejo Nacional de la Vivienda (CONAVI). En este artículo, se publican fotografías de facturas de productoras y periodistas, entre ellas, la mía. El epígrafe señala que en la hoja se indica la radio, pero no el programa para el cual se pautaba.

En primer lugar, la señora, debió haber contrastado fuentes, regla básica para el periodista. Es decir podría haberme consultado al respecto o simplemente hurgado un poco más en su «investigación». Me pregunto: ¿Por qué no observó el contrato? En el documento figura duración de la pauta comercial; nombre del programa, «Agenda Abierta»,; medio, Radio UNO, días de transmisión y horario, sábados de 5:00 a 7:30 Hs.

La mala intención está a la vista. Claramente el objetivo era dar a entender que yo cobraba auspicios del Estado de manera ilegal o irregular. Esto no es cierto. He presentado en su momento la propuesta publicitaria en mesa de entrada. La aceptaron. Los montos son correctos, no se puede hablar de costos elevados. ¿Por qué los cobros se hicieron con mi factura y no con la de la radio? Porque yo compro mi espacio, desde hace 4 años. En ese momento el costo que pagaba por dos horas y media de programación era de 2 millones más iva, o sea 2 millones 200 mil Gs.

Es que acaso esta mujer no está enterada de que en este país todavía existimos periodistas independientes que tratamos de mantener espacios propios sin tener que responder a las fauces voraces de empresarios de la comunicación? Eso sólo se logra en los medios alternativos o siendo el dueño absoluto de la programación en espacios de comunicación masiva. ¿Cuál es su fin real al difamar a una colega que siempre se ha comprometido con las causas sociales?

En los 12 años que llevo en la profesión he mantenido siempre una conducta intachable e irreprochable. He actuado siempre con honestidad, humildad y verdad. Mi labor periodística me ha hecho merecedora de varias distinciones, quizás porque siempre respeté en mis tareas al ser humano como tal y sus derechos. Siempre tuve claro que la libertad de expresión no concede inmunidad arbitraria para agraviar, difamar o injuriar gratuitamente y sin elementos de certeza que admitan efectuar versiones sobre las condiciones morales o éticas de las personas.

Le recuerdo a esta señora que quien afirme o difunda un hecho referido a otro, que sea apropiado para hacerle despreciable o desdeñable ante la opinión pública, será castigado con pena privativa de libertad de hasta un año o con multa. Cuando el delito sea cometido públicamente o por medio de la difusión de escritos, la penalización señala privación de libertad de hasta dos años o multa. No lo digo yo, así lo establece el código penal.

Si aún queda alguna duda, explico que lesionar el honor, implica lastimar, agraviar la autoestima o el crédito de la persona con afirmaciones o divulgaciones que vayan en detrimento del prestigio personal del sujeto pasivo. El honor es la estima y el respeto a la dignidad propia, la buena opinión y la notoriedad conquistadas por la integridad y el valor de su conducta y que se ven alteradas por la acción difamatoria del autor.

Yo me siento agraviada y lesionada en mi honor y afirmo que el artículo mencionado tiene mala intención, la de desprestigiarme.

Esto me recuerda al proverbio de la luciérnaga y la serpiente. La víbora empezó a seguir al insecto, día tras día. Cuando la luciérnaga se quedó sin fuerzas preguntó al reptil : ¿Yo formo parte de tu cadena alimentaria? La serpiente dijo, no. Entonces el insecto preguntó: te hice algún mal? Y la serpiente respondió, no. La luciérnaga entonces le consulta. Y por qué quieres terminar conmigo? Y la víbora responde: porque no soporto que brilles.

Queridos lectores, saquen ustedes sus propias conclusiones

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