La desposesión de la tierra: pasado y presente del campesinado

Las circunstancias adversas de la juventud campesina en el Paraguay frente a la llamada nueva ruralidad son muchas. Paraguay soporta una de las más injustas distribuciones de tierra en el mundo, pues el 1% de los habitantes poseen el 77% de las tierras agrícolas, buena parte en manos de extranjeros.

Campesinos sin tierra en carpas. Fuente: www.gsevenier.online.fr

Sin embargo, no toda la sociedad lo reconoce como un problema que debe resolverse como modo de garantizar los derechos. Pero cuáles son los antecedentes de los porqués ciento de miles de familias originarias del campo y jóvenes campesinos no poseen propiedad para vivir y producir, exhiben una educación insuficiente y no cuentan con trabajos decentes? Sabemos que sí una persona joven del campo, no puede construir un proyecto de vida por la vía del acceso a la tierra y al trabajo, buscará otras rutas de emancipación, algunas juventudes lucharán  mediante la organización, otras terminará asumiendo el empobrecimiento y  la imposibilidad de dedicarse a la agricultura, otras sobrevivirán o adoptar actitudes de sumisión ante las políticas de expansión de la agricultura mecanizada capitalista, y otros campesinos y campesinos jóvenes directamente decidirán el doloroso desarraigo. El sociólogo francés Pierre Bourdieu ofrece una potente teoría desde la sociología crítica con la cual invita a revisar las desigualdades de origen social y educativo entre clases sociales, reconociendo los espacios de conflicto frente a ciertos bienes y la relativa autonomía de los actores.

La herencia del orden instituido

Para considerar la situación de las juventudes frente al derechos a la tierra en el Paraguay es preciso un apartamiento de la coyuntura actual, y resulta inevitable siguiendo a Durkheim no solo conocer las estructuras económicas y políticas, las situaciones sociales de los sujetos, sino además comprender al sujeto -en nuestro caso el Ser Joven Campesino– “en el conjunto de su devenir”, pues para Durkheim “es en el pasado donde se encuentran los elementos de que está formado el presente” En efecto, mal que les pese a quienes sostienen posiciones posmodernas, indefectiblemente: “puesto que en cada uno de nosotros, en proporciones variables, está el hombre de ayer; y por la fuerza de las cosas, es el hombre de ayer que es predominante en nosotros, puesto que el presente es poca cosa comparado con ese largo pasado durante el cual nos hemos formado y del cual somos el resultado”.(en Tenti Fanfani, 2012: 9).  Por tanto, resulta evidente que la situación de las juventudes de origen rural están totalmente permeadas por la historia, o más precisamente, por las consecuencias de la acumulación y distribución  originaria de la tierra.

Con la emergencia de los estudios posmodernos en juventud, luego de la producción de los años 70 del siglo pasado, casi ha desparecido en América Latina lo que podría denominarse una macrosociología de la juventud, con lo cual han desaparecido de la academia las preguntas acerca de cómo juegan las estructuras productivas y económicas sobre el ser joven. Hasta ahora no hay capacidad de respuesta por parte del débil sistema académico del Paraguay, por tanto las preguntas y respuestas las formulan con las efectivas opiniones los dirigentes de las corporaciones empresariales agrarias e, incluso, de representantes diplomáticos. Las preguntas son otras: sobre la reconversión productiva de la juventud campesina, qué tan pertinentes son las propuestas de formación de mandos medios, emprendibilidad, jóvenes como parte de la cadena de negocios, la predisposición a la supuesta inevitable migración, así como la seguridad jurídica y políticas se seguridad (criminalización) para hacer frente a las luchas campesinas.  En sus respuestas recuren a factores transhistoricos y transculturales para dar por explicado por qué cientos de miles de familias campesinas en el Paraguay ya no tienen derecho a la tierra: la inviabilidad económica, la asociación de la agricultura campesina con el anti-modernismo, dejando en escapar en todos los casos la especificidad del origen del mapa actual de la distribución de la tierra, las causas de cómo se fue formando la estructura objetiva de la tierra, así como la originalidad del orden  paraguayo. De allí los aportes que puede ofrecer el pensamiento de Bourdieu para re direccionar las posibles explicaciones.

Bourdieu, ofrece enormes aportaciones para el análisis de variadas problemáticas sociales, políticas y culturales, por ejemplo, al desarrollar los fenómenos de la amnesia de la génesis, y una serie de categorías encadenadas lógicamente, tales como: desposesión, campo, habitusviolencia simbólica.

La amnesia de la génesis de la tierra secuestrada al campesinado

Para conocer la verdad –siguiendo a Bourdieu- de un fenómeno no puede prescindirse del sistema de relaciones históricas y sociales del cual es parte. Si para los propietarios extranjeros de la tierra, buena parte de la clase política y autoridades judiciales,  suponen la imposibilidad de acceder a la tierra por parte del campesinado, análisis atribuido a la “naturaleza” del campesinado (pereza, falta de educación y proactividad),  es porque se olvida la génesis de la posesión de la tierra y sus funciones históricas, es decir, todo aquello que lo constituye como sistema de relaciones.

Siguiendo el argumento ontológico que recupera Tenti Fanfani de Bryant, en nuestro caso para estudiar la ligazón entre tierra-juventud rural-educación, es útil recordar que “los hechos sociales del presente, las instituciones, los roles, los sistemas culturales, todos son producto de acciones pasadas. De este modo, ´el pasado´ nunca es realmente ´pasado´, sino que continuamente es constitutivo del presente (…) (Bryant 1994: 11, en Tenti Fanfani 2012: 3).

A manera de síntesis, dos datos para situar las condiciones sociales de la juventudes del campo. Desde intelectuales de la talla de Rafael Barret, pasando por Carlos Pastore, hasta los sociólogos paraguayos contemporáneos han evidenciado y denunciado ampliamente los procesos de despojo de la tierra a campesinos en el Paraguay por parte del poder político y económico, reconocido incluso por organismos internacionales: Paraguay está en el primer lugar a nivel “mundial” en materia de desigualdad en la distribución de la propiedad y tenencia de la tierra. Según la CEPAL, el coeficiente de Gini de desigualdad de la distribución de la tierra en el Paraguay alcanza a 0,93, muy cercano a 1. Obviamente, el derecho al acceso a la tierra está muy lejos de ser garantizado en un país con el 38% de población rural y con uno de los países de la región con más población joven.

El “peso de la pobreza” se da con más intensidad en las juventudes de los pueblos originarios con el 77,3% y del 66.9% de las juventudes campesinas, frente al 43.1% de las juventudes urbanas. Respecto a la indigencia, el 43,1% de las juventudes indígenas soportan esta pobreza extrema, con la misma cifra para las juventudes campesinas, nivel que baja al 19.8% en las juventudes que residen en áreas urbanas.  Siempre  en la franja de 15 a 19 años y en las “mujeres” los niveles de empobrecimiento (y discriminaciones)  son más intensos (Juventud y Cohesión Social en Iberoamérica, OIJ: 2008).

Siguiendo a Tenti Fanfani, para conocer el por qué de tamaña situación violatoria de los derechos de la juventud rural paraguaya -también debería incluirse a las juventudes e infancias urbanas en situación de exclusión- es preciso romper con lo que Bourdieu explica con el fenómeno de la “amnesia de la génesis” o el desconocimiento del origen, que para  el caso analizado significa ignorar toda la cadena de antecedentes que  el modelo productivo y sistema político paraguayo han permitido la situación juvenil actual, que cientos de jóvenes campesinos sean expulsados de sus comunidades. Es más, hasta se puede asociar que la gente joven indígena tiene todo el derecho a la libertad de “migrar”, pero como diría Marx en la llamada acumulación originaria, había una elite diligente, inteligente y ante todo ahorrativa, y por el otro, vagos y holgazanes que dilapidaban todo lo que tenían, pues “así que los primeros acumularon riqueza y los último terminaron por no tener nada que vender excepto su pellejo” (El Capital, 1857: 892). Pero la historia real es otra, en el caso de los pueblos indígenas y campesinos, los métodos de acumulación originaria persisten, el robo y la violencia continúan. Al producirse este despojo “violento”, ya sin nada, sin tierras, (el tekoha en guaraní, la comunidad debilitada), le quedará dos opciones, “tener la libertad de vender su fuerza de trabajo para otros”, en estos casos, en el mercado informal, o que la capturen y utilicen en el escabroso mercado de la explotación sexual.

En efecto, Tenti Fanfani rescata a Schelski cuando advierte que: “La historia se repite cuando no se la conoce (Schelski, 1963). El conocimiento permite constituir a la historia y a los procesos sociales como un proyecto humano. El desconocimiento de la dinámica del desarrollo es un factor que contribuye a la reproducción de las relaciones sociales y las instituciones, tanto como los estilos de actuación y de los modos de hacer las cosas. Conocer la historia nos da una posibilidad de liberarnos de ella, es decir, de no padecerla como un destino sino construirla en un proyecto humano” (2012: 3); es lo que rápidamente se repasará más adelante, aunque resulta necesaria incluir otro de los conceptos potentes de Bourdieu.

Estructuras objetivas: la escandalosa “desposesión” del derecho a la tierra

La más importante base de la desigualdad del Paraguay se puede explicar con el concepto bourdiano de “desposesión”, que para el caso paraguayo es sobre todo la desposesión de  la tierra y el no reconocimiento de la capacidad que tiene el campesinado de opinar políticamente al pretender levantar sus reivindicaciones,  con implicancias directas en la falta de educación, alimentación,  incluso en las cooptaciones políticas de partidos conservadores o la reticencia a participar, lo que se puede leer -al existir la amnesia de la génesis de la vida campesina y la forma como se distribuyó la tierra- como cierta timidez como alumno/a o para tomar la palabra como ciudadano/a frente a las autoridades….Tal desposesión “priva a los dominados de la posibilidad de realizar plenamente su humanidad; los expolia, les impide el acceso a lo que por derecho les corresponde, como a cualquier hombre; realiza el monopolio de los bienes universales, que consisten en gozar de una obra de arte, en desarrollar un discurso racional o en elaborar análisis políticos (Nordmann, 2010: 8).

El origen y destino de las tierras fiscales  y el modelo actual de los agronegocios

Juan Kleinpenning (2009)  en su obra Paraguay Rural, 1870-1963, describe parte de la historia, los procesos sociales y  dinámica del desarrollo que tuvieron como centro al campo y a sus poblaciones.

Luego de un “primer despojo” durante el periodo colonial en donde primaban las ordenanzas coloniales para la obtención de tierras, sobreviene todo el periodo independentista hasta la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), el cual se caracterizó por la abundancia de la tierra. Kleinpenning  describe que durante la era de Gaspar Francia y  Carlos Antonio López y Francisco Solano López,  las tierras ocupadas por el campesinado y los pueblos indígenas eran propiedad del Estado, por un largo tiempo heredada de ancestros, buena parte sin títulos dada la falta de escolarización, familias que vivía de la pequeña agricultura y ganadería, en el caso de los pueblos indígenas de la casa, la pesca y el monte.

En 1870, luego de la guerra del Paraguay con la Triple Alianza, se cambió la historia, se organizan desde las potencias vecinas el Partido Colorado (ANR) y el Partido Liberal: la población se había reducido drásticamente  y había poquísimos hombres, de modo que en muchos hogares la agricultura debía ser practicada, casi totalmente o incluso exclusivamente, por mujeres y niños: “Después de 1870, Paraguay se fue convirtiendo en un país de contrastes, no sólo económica, sino también socialmente. El progreso económico fue el principal objetivo de la política de desarrollo, cuando existía dicha política, puesto que ambos partidos políticos estaban comprometidos con una doctrina económica de laissez-faire. Al gobierno le interesaba mucho menos elevar el bienestar de la población rural, aun cuando ésta formaba la mayor parte de la población nacional”  (Kleinpenning, 2009: 223)

En efecto, tras la derrota del Paraguay y la intervención de los aliados, comenzó todo un tiempo de extrativismo (sin industrialización como en otros países), de largas restricciones que se ha agudizado en las últimas décadas con la agroexportación.

Así en la esfera del Estado paraguayo frente a cada generación se ha venido reproduciendo la legitimación de la sagrada inviolabilidad de la propiedad privada (Constitución de 1870), por la vía de la desposesión de las tierras públicas y de políticas estatales orientadas a la legitimidad de la posesión de firmas extranjeras, dejando como representación colectiva la naturalidad del latifundio.

Además de la derrota militar, los recursos del país fueron devastados, se perdió casi 160 mil km2 de su territorio y la población se redujo por vía del aniquilamiento de adultos, jóvenes y niños  a 230.000 personas; también en la mayoría de las familias ocupantes de tierras, se toparon con el problema de desaparecieron los títulos de propiedad; todo lo cual aumentó las tierras fiscales. Dada  esta situación el Código Civil previó el principio  uti possidetis (de buena fe) y justo título, para una familia dueña presente de propiedades ocupadas por más de 10 años; pero no ayudó a que el campesinado retenga sus tierras.

Desde 1885 en adelante primo la idea-fuerza de la “privatización” y comenzó así el ofrecimiento y venta masiva de tierras fiscales en un marco de crecimiento demográfico y elevadas tasas de natalidad de la población rural. Kleinpenning, cita como resultados de la investigación de Pastore, que la campaña de privatización de los grandes yerbatales estatales venía de “los capitalistas internacionales o voceros de la clase gobernante”. Es un periodo de fiebre sin control, en el cual la gran mayoría de las tierras, bosques, pastizales, yerbatales, son adquiridos por especuladores e  inversionistas extranjeros y especuladores del Cono Sur, los nuevos dueños de la tierra ni siquiera conocían sus propiedades[1]. Luego de una decidida política de venta de tierras fiscales y la promulgación de leyes de subasta y venta de tierras públicas, hacia 1990 grandes extensiones de tierras pasaron a manos privadas extranjeras (Brasil, Argentina, Uruguay) quienes establecieron sus agroempresas para la producción de yerba mate, madera y ganadería, donde el campesinado no tenía condiciones de adquirirlas, debía conformarse con la migración o la producción casi primitiva de alimentos.

 Más y más  “desposeidos” de la tierra y otros derechos

Luego en el transcurrir histórico viene la Guerra con Bolivia y la II Guerra Mundial, con guerras civiles de por medio, en la que se entra en 1952 a la era de la dictadura de Alfredo Stroessner, orientada a atraer farmer brasileños hacia la frontera, el fomento de su economía a la exportaciones y a la “incorporación” del Paraguay a la economía internacional, todo esto en el contexto del apoyo norteamericano de la Alianza para el Progreso, que permitiera la Revolución Verde en detrimento de la nacionalización y el fortalecimiento de la agricultura campesina, lo cual genera un movimiento de reacción en el campo con  el surgimiento de las Ligas Agrarias Cristianas. En términos de dominación,  se tiene otra fase de desposesión en el cual: “El camino independiente hacia el desarrollo fue borrado y reemplazado por un proceso de crecimiento dictado por un control extranjero cada vez mayor sobre los haberes nacionales” (Kleinpenning,  2009: 185). En efecto, si bien durante el régimen autoritario se repartieron 11.883.000 ha de tierras, el 74% se hizo de manera prebendaría (políticos, militares, FF.AA[2]), precisamente se trata de los territorios tan reclamados por los movimientos campesinos como “tierras rurales malhabidas”[3].

Ya en la década de 1990, con democracia política, se entra a una fase de despojo y extrativismo: los agronegocios[4]. A partir de la presión de la economía global con la liberación de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM), se agudizan los procesos de concentración y control transnacional de la producción,  provocando una baja en la demanda de mano de obra agrícola, por lo que se re-impulsan los ya mencionados fenómenos de migración rural-urbana.

Además los hijos e hijas y las familias campesinas vienen sufriendo las implicancias de los altos precios de la tierra y una larga lista de arbitrariedades, aún cuando sus familias son dueñas del lote. Al respecto, en los últimos años, sobresale la propagación de los siguientes problemas para el campesinado paraguayo:

Desalojos de sus chacras (aparecen supuestamente otros dueños)

–          Estafas reiteradas y litigios sin solución

–          Detenciones y quema de ranchos

–          Otorgamiento de créditos a las familias para el cultivo exclusivo de soja, obligación que luego no pueden cumplir y están obligados a ceder su propiedad.

–          Fumigaciones con agrotóxicos con consecuencias sobre la salud y los cultivos campesinos

Usurpación y ocupación de los territorios indígenas y campesinos.

La apropiación indebida de su territorio es un sentir manifiesto y una problemática irresuelta en el país que se constata en el Censo agropecuario 2008 (MAG). En el Paraguay más del el 85% de las tierras aptas para la agricultura y la producción forestal (27.807.215 hs) esté acaparado por el 2,5% de los propietarios mayores a 500 ha (7.478 grandes propiedades), mientras las fincas medianas bajan año tras año, obteniendo como resultado una contundente polarización de la sociedad rural; ya que con una sustantiva población viniendo en el campo (38% de 6.163.913 habitantes que tiene el país) sólo el 4,12% de la superficie está en manos de los pequeños agricultores con menos de 20 hs (260.000 familias).

En gran medida, las personas jóvenes en el Paraguay contemporáneo, sufren un profundo reajuste existencial como consecuencia de la herencia económica dejada por los agentes transnacionales que se abrieron paso en la economía, hipotecando generacionalmente a la juventud. Por cierto, los segmentos más jóvenes de la sociedad son los más afectados en lo que respecta a volúmenes de población en situación de pobreza, corrientes migratorias, y a todo lo que conlleva el aumento de la concentración urbana, como el deterioro de la calidad de vida, la congestión, la violencia.

Para Bourdieu, el orden injusto con sus derechos, privilegios, intolerantes injusticias, relaciones de dominación, obligaciones y sanciones bajo la forma de violencia simbólica no solo se presentan como aceptables y legitima sino como naturales. Sin embargo, en el norte de la salida propuesta por Bourdieu, no todo el campesinado ha aceptado y acepta el orden social injusto, la desposesión de la tierra y la nueva agricultura empresarial en base a transgénicos y fumigación.

Ante dicha situación, con la memoria de la preeminente participación juvenil en las ligas y en las organizaciones que lucharon a finales de los años 80 y principio de los 90, ahora al entrar al presente siglo, las juventudes campesinas se están nucleando dentro de las organizaciones de sus padres y comunidades, para luchar por la tierra. En la mayoría de las organizaciones campesinas de alcance nacional, regional o local, las juventudes no sólo contribuyen decididamente a las movilizaciones, sino que también crean sus propios espacios (comités, consejos, secretarías) y, no sin dificultades, acompañan a los adultos en las tareas organizativas. En el campo, las juventudes demandan trabajo digno, lo cual exige la tenencia de la  tierra, ya sea en forma individual o  en forma comunitaria, con acceso a los mercados (inmobiliario, crediticio, de productos y de insumos), en un ambiente sano (sin fumigaciones y agrotóxicos) y con instrumentos (materiales e inmateriales) adecuados (IBASE, 2009).

Jóvenes campesinos sin tierra ante la indefensión

Las familias campesinas del Paraguay de hoy vienen atravesando condiciones adversas y disminución de su seguridad alimentaria e ingresos para facilitar que sus hijos jóvenes puedan contar con trabajos autónomos o bajo la dependencia de los padres que le otorgue ingresos suficientes para comprar algunas hectáreas y poder autogenerarse empleo y constituir familia propia. Gran parte de las juventudes campesinas, ni siquiera pueden sostener el fuerte deseo –y derecho- que tienen como adolescentes y jóvenes de seguir estudios superiores o profesionalizarse como agricultores.

Si los jefes de familia de hoy, siendo jóvenes en los 70, los 80 han tenido la posibilidad de heredar una parte de la tierra de sus padres o, en su caso. Si bien ha sido insuficiente, desde la caída del Gral. Stroessner en un contexto de apertura democrática miles de familias campesinas han logrado acceder a tierras mediante la ocupación, al  lograr ser parte de un asentamiento. Pero esta posibilidad se ha clausurado a partir del nuevo siglo, profundizando el pesimismo juvenil frente a la avasalladora realidad de la falta de un espacio vital para arraigarse en el campo, salvo puntuales conquistas de tierra por vía de la acción directa con el riesgo latente y creciente de la criminalización de la lucha social. Otro tanto de asentamientos hasta hoy exigen la regularización de sus títulos.  Sin embargo, estas rupturas han sido proporcionalmente de escaso peso frente a las continuidades del orden de desigualdad. No todos los sin tierras han logrado acceder a una propiedad rural, es más –como se dijo- al expandirse la propiedad extranjera y los agronegocios, muchas familias campesinas minifundistas propietarias se han vista compelidas a abandonar sus fincas y migrar a las ciudades.

Con el agotamiento de 60 años de gobierno del partido colorado, al aparecer la figura del Obispo Fernando Lugo en la escena política con el apoyo de los movimientos populares del campo, las esperanzas subjetivas del habitus (otros de los conceptos maestros de Bourdieu) de campesinos y campesinas para realzar la reforma agraria integral se fue acrecentando, a medida que se iban estructurando dichas esperanzas. Las organizaciones campesinas iban reflexionando sobre las posibilidades de ampliar las esperanzas objetivas, con enorme energía social. De este proceso surge el gobierno de Fernando Lugo, pero no será suficiente[5]. Las patronales de agroempresarios y los actores políticos aliados demostraron un sentido más pragmático del juego, con más capacidad de frenar cualquier intento de cambiar las estructuras objetivas. La tierra, que es una de las mayores problemáticas del país, no tuvo vías de solución durante el gobierno de Lugo. En tanto, el actual gobierno de Federico Franco adoptó una clarísima posición, es lo que Boccia recientemente llamó contrarreforma agraria, en contra de los pueblos indígenas, las familias de la agricultura campesinas y los desposeídos de la tierra, fundamentalmente las juventudes campesinas e indígenas, para apoyar con todos los recursos del poder estatal al bloque dominante de los agronegocios. Así en la cuestión de la tierra y los DESC, las deudas siguen en aumento, afectando principalmente a las nuevas generaciones jóvenes y a las mujeres, campesinas e indígenas.

Las próximas entregas continuaremos reflexionado sobre la problemática de la tierra y las experiencias vividas del campesinado, y acerca de los intentos de “rupturas” contrahegemónicas, recurriendo al análisis de las estructuras subjetivas de la dominación mediante la metáfora de campo y categoría de habitus de Bourdieu.

Bibliografía

Bourdieu, Pierre y Paserron J (2003) Los herederos, los estudiantes y la cultura. Siglo XXI. Madrid

Kleinpenning Jan (2009). Rural Paraguay 1870-1963. Ibero-Americana. Madrid.

Tenti Fanfani, Emilio (2012) Hacia una sociología histórica de la educación



[1]  Así lo describe Juan Kleinpenning: “las leyes de 1885 dieron inicio a una fiebre de tierras sin control, “comparable a la fiebre del oro de California en 1849. Casi todos los paraguayos que tenían un capital (incluyendo los políticos y los funcionarios públicos) así como numerosos extranjeros interesados se agolparon en las oficinas del Ministerio del Interior en Asunción y en las oficinas de los jefes políticos de las áreas rurales para interponer reclamos de prioridad y entregar solicitudes de compra. La posibilidad de hacerse rico de la noche a la mañana obnubiló no solo al gobierno sino también a los futuros compradores. El ministerio apenas podía atender a todos.”

[2] Las Fuerzas Armadas poseen más de 600.000 ha.

[3] A pesar de las contundentes y reiteradas denuncias sobre la falsedad de títulos permitido durante la larga hegemonía de Stroessner y su Partido Colorado,  a más de un año del nuevo gobierno 2008-2009 de la Alianza Patriótica para el Cambio (APC) que llevó en agosto de 2008 a Fernando Lugo a la Presidencia de la República, todo sigue igual. Al respecto, tanto las organizaciones campesinas como un informe elaborado para el Presidente Lugo por parte de la Comisión de Verdad y Justicia y el Instituto de Desarrollo Rural y de la tierra (INDER), han demostrado por ejemplo que la ilegalidad de tierras alcanza a 7.851.295 ha de tierras pertenecientes al Estado paraguayo, incluido sus titulares-beneficiarios, en la que se destacan además de sectores ligados al poder, y de ciudadanos brasileros/brasiguayos que han adquirido tierras en las zonas de la frontera brasilera.

[4] Se trata de un complejo amplio de negocios que tienen su centro en  el sector agrícola, asentado en los recursos naturales, encadenado a actividades industriales, ganaderas, forestales y de “servicios” de comercialización y distribución. Al decir Luis Rojas (2009) “El agronegocio es una forma de producción gestionada por una serie de actores, por lo general desconocidos para la población, pero cuyas acciones han modificado estructuralmente la producción agrícola en primer lugar, llegando a alterar hasta hábitos sociales y culturales (…) El termino agronegocio irrumpió con fuerza incontenible en la década del noventa para designar a la producción agrícola encarada exclusivamente como negocio, es decir, una producción cuyo fin es el lucro (Actores del Agronegocio en Paraguay, BASE-I, 2009: y 13).

 [5] Situación pos golpe a la democracia con la destitución del Presidente Fernando Lugo y la actual disputa por el acceso formal al poder en las elecciones de 21 de abril de 2013, en el que se formalizará y cerrará el golpe al régimen democrático, con dos bloques que pugnan la presidencia: H. Cartes y E. Alegre. El primero del partido colorado, con serias sospechas de traer un proyecto proveniente de la narco-política de corte neoliberal concierto discurso nacionalista, y el segundo, del Partido Liberal, con una propuesta neoliberal ortodoxa, claramente alineado a EE.UU.

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