La Democracia violada

«Lo que ocurrió fue un Golpe de Estado ejecutado bajo el ropaje legal. El imperio de la mentira se ha instalado a partir del abuso de poder». Análisis de Vladimir Velazquez Moreira

Legisladores paraguayos, responsables de la crisis actual.

El adjetivo “político”  justificó la decisión, las condiciones y el resultado del “juicio” de Fernando Lugo. El adjetivo terminó siendo más importante que el sustantivo. Terminó justificando – y lo sigue haciendo – la violación de la democracia en Paraguay.
 
¿Por qué imprimir rigor a la acusación y respetar las garantías procesales si son aspectos absolutamente secundarios para una política que  se justifica a sí misma? Una política de corte autoritario.
 
La condición suficiente fue la decisión de “quitar a Fernando Lugo el respaldo político”, y en la política– nos recuerdan los periodistas que justifican el autoritarismo –  “así son las cosas o estas son las cosas que realmente importan”.
 
El juicio podía adolecer de rigor y respirar desprolijidad, pero no podía, sin embargo, desatender los pasos formales previstos en la Constitución Nacional. Podía desconocer los significados pero no los significantes: el ritual fue ejecutado, pero vaciado de contenido.
 
Para unos, “aquí no pasó nada, todo fue hecho conforme a la norma o si pasó, fueron desprolijidades menores, aspectos absolutamente secundarios, irrelevantes”. Para otros – donde me incluyo –  fondo y forma no pueden ser disociados. El vaciamiento de contenido pervierte aquello que se practica. La defensa de Adolfo Ferreiro ahondó en esta idea-fuerza de forma magistral. No pudieron o no quisieron escucharlo.
 
No se trata de una operación nueva en Paraguay:  el dictador Stroessner permitió las “elecciones libres” durante su régimen, hecho que desmontala idea de que el régimen autoritariose basa exclusivamente en el uso de la fuerza física(“Aquí no hubo golpe porque no hay militares en la calle, no se usaron tanques ni armas”). Todo lo contrario: el autoritarismo requiere circunstancialmente de la violencia física, pero requiere siempre de la violencia simbólica.
 
Lo que ocurrió fue un Golpe de Estado ejecutado bajo el ropaje legal. El imperio de la mentira se ha instalado a partir del abuso de poder, pervirtiendo principios elementales de la convivencia democrática; minando, por lo tanto, las condiciones para superar la pobreza y la desigualdad social.

El juicio político fue una trampa, pero también lo es la campaña para legitimar el golpe de Estado. Intentan hacerlo a través de la manipulación y la falacia. Justifican la destitución arguyendo que «Lugo era mal presidente», «un padre irresponsable» o que «el país se estaba hundiendo»(temas válidos para otras discusiones, claro está), entre otros tantos motivos traídos de la galera debido a la carencia de argumentos para discutir el tema central: el no respeto de las garantías procesales en el juicio, la incoherencia y desprolijidad del libelo acusatorio, la necesaria subordinación de la práctica política a los principios democráticos.
 
Los golpistas y sus cómplices niegan la violación de la democracia como el machista lo hace cuando justifica la violación de una mujer diciendo que “ella se la buscó porque vestía de forma provocativa”.
 
Solo resta decir a los violadores que el crimen no se discute, se sanciona.
Por: Vladimir Velazquez Moreira  

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