La cuestión del sésamo

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Elvio Benítez y otros dirigentes reunidos con Lugo

Al principio fue el modo. Otorgar subsidio a los productores de sésamo a través de una fundación ligada con la gente de Tekojoja. Un festín para la crítica. Al revertirse el mecanismo, la histeria disparó por otros y todos lados, ubicándose en los medios de comunicación de masas a los nuevos malos: Elvio Benítez, José Pacova, Sixto Pereira.

Los acuerdos fueron festejados por los sesameros, pero el vicepresidente, presidente en ejercicio, Federico Franco, dice desconocer su existencia. Fernando Lugo se abre dejando esa estela difusa que ya lo caracteriza y se va a Katar. El acuerdo ya está pero el decreto no.

La derecha se da un festín con las metidas de pata, con las idas y vueltas de un presidente que parece desorientado en ese mar de intereses superpuestos que es su gobierno y que es su cabeza de cura.

Federico Franco intenta apuntarse en el caos y marcar la diferencia, con el apoyo de los medios de la oligarquía, y directamente se juega en contra del acuerdo con los dirigentes campesinos del Norte.

La derecha rápidamente se rearticula. Entre colorados y oviedistas impiden desde el Parlamento la aprobación del impuesto a la renta personal para cerrar posibles fuentes de financiamiento al Estado y también para mantener sus cuentas oscuras, sus robos descarados, en un país donde todo huele a lavado de dinero: desde los hoteles cinco estrellas vacíos durante todo el año hasta las empresas con que el presidente de Libertad Horacio Cartes apura el blanqueo.

Elvio Benítez reaparece en escena más duro y versátil. El ya es un antiguo cuco para la oligarquía terrateniente. No le van a perdonar que unas décadas atrás, en el monte, se hizo con su gente de un lugar para vivir y producir. Ahora, en este nuevo escenario donde se disparan tantas cosas que antes estaban subordinadas al gerente histórico del orden, el Partido Colorado, necesita ratificar su liderazgo en un departamento que conoce bien. Lo hace sobre la base de la producción. Sabe que se puede cortar con los grandes intermediarios de la agro exportación y que esto fortalecerá a las organizaciones campesinas. El y su gente tienen experiencia en plantar, cosechar, buscar precios, mercados y subsistir, a veces con bloqueos de ruta y la mayoría de los días en el sosiego de un mundo rural que en nuestro país se juega todas sus cartas frente al monocultivo de la soja y otras semillas transgénicas.

El ministro de Agricultura, Cándido Vera Bejarano, sabe también lo que se juega en un departamento de donde siempre cosechan votos para mantener sus cupos en el Parlamento y en las intendencias. Es amigo y socio de los acopiadores, de los comerciantes del antiguo mundo que se recrea en el letargo de pequeños núcleos urbanos, expresando su poder de patrón de ciudad con el acopio y comercialización de productos campesinos. Sabe también que el dinero del Estado a los sesameros fortalecerá la organización de base en el Norte. Ecuación política: irá perdiendo progresivamente su antigua influencia.

José Ledesma, el gobernador, que asumiera con la chapa del histórico Partido Liberal Radical Auténtico (el mismo partido de Federico Franco), encontró una línea de quiebra: estar con las bases organizadas. Parece comprender la dirección donde quebrar la cadena de subordinación política de antiguo cuño. El tiempo dirá hasta dónde es consciente de esta ruptura.

El gobierno decidió utilizar ocho millones de dólares en los productores organizados de sésamo. Es una miseria de dinero pero la derecha se histeriza. Federico Franco dispara: «por qué solo a los productores de sésamo; por qué solo a sus amigos». Se suma a una propaganda extendida desde los grandes medios, desde donde se hace creer que todo está por estallar a causa del dinero para los sesameros. «Se rompe un negocio privado, que comenzó en forma privada», se escucha argüir permanentemente a los voceros mediáticos.

De los ocho millones de dólares cuatro irá para compensar las pérdidas por la sequía y los precios bajos. Son unos G. 500.000 para las familias campesinas. El resto es un crédito para los productores organizados; para cosechar, almacenar, buscar precios.

Los terratenientes -sojeros y ganaderos principalmente- atizan el fuego. Los mismos que subordinaron los fondos de asistencia, financiamiento, las universidades estatales donde se educan agrónomos para sus fincas y veterinarios para sus ganados; ellos, los mismos que hacen del Estado un almacén, una caja chica, disparan contra el subsidio y el crédito. Saben que es un punto de quiebra en la antigua cadena de comercialización. Y esta posible ruptura la lideran «personas muy peligrosas» como el «marihuanero ese de Elvio Benítez» según Alberto Grillón, hombre también del gobierno de Lugo.

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