La contradicción a la final

Paraguay llega a una final luego de 32 años jugando el partido más vergonzoso de las última décadas.

Villar nuevamente fue la figura del partido. En la foto, tapando el penal a Franklin Lucena. Foto: AFP

Somos el equipo más horrible que ha llegado a una final en torneo de selecciones oficiales. Es estadístico por un lado, jamás una selección a empatado 5 partidos consecutivos a nivel de selecciones. También es futbolístico, nunca jamás se ha visto un equipo que pasa de ronda sin generar una sola chance de gol en 240 minutos de fútbol. Y se escuhan bocinas, a las que, sin embargo, no puedo quitarles razón.

Esta selección tiene humor, humor negro. Llega por primera vez a una instancia de final desde que tengo memoria (soy del 77), pero la manera en que llega se asemeja más a pasar desfiladeros de muerte uno tras otro, que a una jornada entusiasta, desafiante de las capacidades de cada uno.

Somos quizá, la cara más injusta de este deporte. Cometimos todos lo errores posibles, inclusive meter un jugador lesionado para cambiarlo tres minutos después. Esta selección ha hecho todo lo posible por negarse a sí misma su capacidad de trascender en esta copa, y para colmo, trasciende: 32 años después jugaremos una final.

El gol de Osvaldo Martínez en los penales. Foto: AFP

Los dos primeros partidos Paraguay mereció ganar sobradamente, los otros tres, mereció perder sin atenuantes. La evolucion de la selección de Martino es la del cangrejo, avanza hacia atrás, logra instancias inéditas o no frecuentadas hace décadas jugando cada vez menos (con, en principio, mejor plantel que procesos anteriores, marcamos peor en defensa, atacamos con ninguna idea clara y nuestro mediocampo definitivamente, ni marca como antes, ni crea como, por ejemplo, en el 86).

Paraguay en el 2011 puede entrar en la historia, pero sospecho que será más por la contradicción que por otra cosa. Jugadores que en su gran mayoría sólo hacen lo que saben hacer, y poniendo las ganas y los huevos que hacen falta, se enfrentan a un esquema que al parecer los disminuye. Quedó demostrado que este mismo equipo puede jugar al fútbol como los dos primeros partidos de esta Copa o como ante España en el Mundial. Sin embargo, avanza jugando a la nada misma, al vacío futbolístico.

Darío Verón, tras el gol de la clasificación. Foto: RT

Esta noche debe ser la más contradictoria que vivo con el fútbol: voy a ver a una selección de mayores jugar una final, pero la vergüenza deportiva que siento me impide celebrar ni hacer alarde de nada.

Queda la chance de que el domingo se reivindique esta selección con este deporte, para hacer historia con unos minutos de dignidad. Y ahí sí, celebrar con las ganas que tengo atragantadas desde que soy consciente de mi existencia.

El festejo. Foto: TN

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