La conexión de los 500 Kw es otra imposición del Brasil

(Publicado el 22/mayo/2010) Las «negociaciones» para la construcción de la obra de 400 millones de dólares muestra las históricas relaciones entre Brasil y Paraguay. Las últimas negociaciones bilaterales con el Brasil que concluyeron con la decisión de construir una obra de 400 millones de dólares, conocida con el nombre de 500 kw, que es un proyecto de conexión eléctrica de gran potencia desde la misma fuente de la represa binacional de Itaipú hasta una sede distribuidora de energía que será instalada en Villa Hayes, recomponen un escenario digno de analizar desde el punto de vista del comportamiento histórico de las relaciones bilaterales entre Paraguay y Brasil.

Por un lado hay que reconocer que la obra en sí será en beneficio en un 100% de nuestro país; por primera vez Paraguay podrá disponer de la energía generada en Itaipú para uso propio, o para la venta a terceros países, ya sea a la Argentina, Bolivia o Chile. Absolutamente, no hay nada malo en eso. Por ese lado se puede considerar que es un triunfo del gobierno de Lugo que llegó a concretar unas negociaciones beneficiosas para el Paraguay.

Ahora, dónde está lo malo de estas negociaciones, es decir lo que generó tanta polvareda que llegó a opacar totalmente la parte beneficiosa de estas negociaciones del nuevo gobierno paraguayo. Las respuestas hay que buscarlas en el FOCEM y en la astucia de los negociadores de Ytamaraty, más en el segundo que en el primero.

El FOCEM constituyen los fondos que son contribuciones de los cuatro socios del MERCOSUR y que se distribuyen en proporciones desiguales de acuerdo al nivel de desarrollo de los países socios; aquéllos socios que cuentan con un desarrollo estructural menor reciben un monto mayor en relación a los socios que históricamente experimentan mayores niveles de desarrollo, como es el caso del Brasil y de la Argentina.

Los países socios que son beneficiados por estos fondos deciden cómo, dónde y en qué usarlos. Se sabe que Paraguay recibe anualmente alrededor de 50 millones de dólares y gracias a esta plata actualmente se está recuperando y pavimentando muchas de las rutas del país. Son fondos necesarios y beneficiosos que naturalmente ayudan y seguirán ayudando para lograr disminuir la gran asimetría de desarrollo estructural que existe entre los países socios del bloque económico.

La cuestión espinosa de la publicitada conexión eléctrica de 400 millones de dólares, que se prevé que concluya a finales del 2012, está en la forma en que será financiada la obra. El monto regular u ordinario de 50 millones de dólares del FOCEM que corresponde anualmente a Paraguay será destinado para financiar este emprendimiento. Pero el gobierno que decide el destino de este dinero no es el Paraguay sino el Brasil. Para endulzar la boca a Lugo, el presidente Lula aumentó este monto, promesa hecha sobre papeles, a 100 millones de dólares anual, que es el dinero total disponible para comenzar este año la mencionada obra. Es decir, por un lapso de cuatro años Paraguay dispondrá de un monto total de 400 millones de dólares hasta la terminación de la obra. Frente a esta propuesta, tanto Lugo como los negociadores paraguayos se quedaron sin argumento; por un lado porque Paraguay tendrá la obra sin gastar un solo guaraní del presupuesto del Estado, pero a costa del dinero que corresponde al país en su calidad de socio de menor desarrollo y que usualmente suele ser utilizado para la construcción de rutas y puentes y no para proyectos de infraestructuras que tengan que ver con emprendimientos hidroeléctricos binacionales. Y, por otro, los negociadores paraguayos se resignan a que la financiación de la obra provenga de Itaipú, que fue la idea inicial y que resulta a la postre la más justa teniendo en cuenta que Paraguay cedió el lugar donde se levantó una de las hidroeléctricas más grande del mundo.

Pero hay otra cuestión importante dentro de estas negociaciones que también es necesario incluir dentro de este análisis, y es la referida a la licitación de la obra. Según el director brasileño en Itaipú, Jorge Samek, que en la práctica se constituyó en el jefe de los negociadores brasileños durante estas últimas negociaciones bilaterales, casi al punto de erigirse también en el vocero paraguayo, la empresa que se encargará de la construcción de esta gran obra es de origen brasileña, “que ya está todo y que solamente se espera el inicio de los trabajos”. Es decir, Brasil no sólo decide cómo, dónde y en qué usar los fondos estructurales que corresponden al Paraguay, sino también elige a la empresa que será beneficiada con la inversión de estos fondos. Esta fue siempre la misma actitud de Brasil, que decide –cuando le interesa, por supuesto- lo que hay que hacer dentro de las relaciones bilaterales. Las grandes decisiones con el Brasil no se caracterizaron, y todavía no se caracterizan hoy, como resultados de discusiones basadas en la reciprocidad y en el respeto a la soberanía y a la autodeterminación paraguaya. En consecuencia, estas negociaciones reprisan la tradición diplomática brasileña con el Paraguay; en épocas pasadas Brasil decidía cómo hacer la represa de Itaipú, casi aun sin consentimiento paraguayo, con el argumento de que era de interés prioritario para el Brasil e incluso para la supervivencia de la propia economía brasileña. Como se sabe, Paraguay tuvo que ceder sus recursos naturales para evitar un enojo diplomático mayúsculo con el vecino país en caso de que se negase a la construcción de la hidroeléctrica.

Los resultados de estas últimas negociaciones con el Brasil no son tan nefastos para el Paraguay  como lo son los términos del Tratado en sí de la construcción de Itaipú que prohíbe al Paraguay, entre otros despropósitos, comercializar la energía excedente a terceros países. Pero sí debe llamar la atención, tanto al gobierno de Lugo como de la oposición y al resto de los paraguayos, que Brasil sigue marcando fuertemente las pautas al Paraguay.

Estas son históricas artimañas con las que los  negociadores de Itamarati sacan provecho de sus relaciones bilaterales con Paraguay. O, como parece haber ocurrido en esta ocasión, simples manejos diplomáticos que sólo pueden compararse a algunas jugadas futbolísticas donde los jugadores que reciben la pelota ya saben con mucha antelación qué hacer con ella para eludir al adversario.

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