“La cárcel es una escuela larga y dolorosa”

Activistas visitaron este sábado 17 de agosto a presos políticos recluidos en la Penitenciaría Nacional de Tacumbú.

Activistas de distintos movimientos sociales fueron a visitar a campesinos presos en la cárcel de Tacumbú.

Al caminar por los pasillos de Tacumbú uno se pregunta cómo es posible que exista algo así. Pero en el seno de esa maquinaria de degradación humana aún quedan reductos de resistencia y dignidad.

Imaginen el cumpleaños de una joven con un hijo que fue a visitar a su compañero preso por la misma causa en la que una sola cosa es clara: los verdaderos culpables están fuera de prisión.

Esa joven es Raquel Villalba y está acusada de homicidio doloso en grado de complicidad, asociación criminal e invasión de inmueble en el caso de la masacre de Curuguaty. El fiscal Jalil Rachid la acusa de haber hecho de “señuelo” con su hijo recién nacido “para crear un ambiente de confianza en los policías” a fin de que estos sean “emboscados”. El agente funda su hipótesis en que la joven corrió antes de iniciarse el tiroteo en el intento de salvar su vida.

También se recordó el cumpleaños de Roque Rodríguez, quien está condenado por haber supuestamente participado de una reunión política en la que, según sostiene la fiscalía, se decidió el asesinato de Cecilia Cubas.

Pero primero a “La esperanza”. Allí fuimos a ver a Arnaldo Quintana, Felipe Benítez Balmori, Adalberto y Néstor Castro. Luego de la ronda de presentación, los presos del caso Curuguaty manifestaron cómo enfrentaban ese momento. “Péicha jajome’êarã fuerza, enterovéa oñondivepa (así debemos darnos fuerzas, todos juntos)”, expresó con su habitual laconismo Néstor Castro. “Agradecemos por habernos traído esta alegría”, resumieron.

“Los estamos acompañando y no están solos”, expresó desbordada por las lágrimas Karina Cáceres, integrante del Movimiento 138, conformado por paraguayos residentes en Buenos Aires.

“Estamos atentos ante lo que pasa en Curuguaty. Su lucha es importante para toda Latinoamérica y tengo el compromiso de contar toda su historia al Brasil”, señaló, por su parte, con igual emoción la periodista brasileña Mariana Serafini.

“Mboriahu memby” de Emiliano Re y “Hermano campesino” sonaron en la guitarra del intérprete Hugo Flecha antes de que los visitantes y los luchadores presos se fundieran en abrazos entre despedidas y promesas de un próximo retorno.

Cruzar Tacumbú es otra historia. Allí ya nos esperaban Rubén y Raquel Villalba y los seis presos políticos del caso Cecilia Cubas. Recordemos que los seis están sindicados de haber participado de una reunión política el 13 de enero de 2005 en la que supuestamente se decidió la muerte de Cecilia Cubas. Sin embargo, el testigo clave del caso Cristóbal Olazar había declarado que Cecilia fue asesinada el 24 de diciembre de 2004, con anterioridad a esa supuesta reunión en que se incrimina a los condenados Arístides Vera, Basiliano Cardozo, Agustín Acosta, Simeón Bordón, Gustavo Lezcano y Roque Rodríguez. También estuvo presente la hija de este, Mirna Rodríguez, una las figuras más visibles de la lucha por la libertad de estos presos políticos.

“Estamos procurando salir vivos de aquí. No es fácil”, afirmó Rodríguez. A pesar de que asegura que la prisión en Argentina fue más dura, dice que allá sintió más apoyo de los movimientos sociales que acá, donde la versión oficial fue aceptada sin mayores cuestionamientos. También señala al expresidente Fernando Lugo por haber bloqueado el refugio político de los dirigentes sociales, quienes ratifican que son chivos expiatorios de un crimen que no cometieron y que fue utilizado para descabezar la lucha campesina con la cárcel.

La agasajada Raquel Villalba también agradeció con su bebé en brazos el apoyo de la gente y posteriormente apagó, junto con Roque, la vela de la torta de cumpleaños que fue compartida mientras Flecha animaba el mediodía con motivos campesinos tañidos en su guitarra.

«No están solos», fue el mensaje llevado a los campesinos presos.

“Ipohýi la cárcel (es pesada la cárcel)”, dice Basiliano. “La presencia de ustedes nos abre las rejas de la libertad”, acota Simeón.

De su lado, Acosta apuntó que el caso Curuguaty demostró que la lucha afecta a intereses que no dudarán en responder con “balas, cárcel y cementerio” a fin de conservar el orden de cosas vigente. También evocó el discurso de Horacio Cartes y su compromiso de “guerra a la pobreza”, que según afirmó no será otra cosa que guerra contra los pobres. “Heta ojukáta la mboriahu (van a matar muchos pobres)”, advirtió. “Fue un discurso al aire que no tuvo contenido en el fondo”, sentenció.

A pesar de su situación, los presos rescataron que la cárcel no hizo más que fortalecer sus convicciones sobre la justeza de la lucha por la tierra y en desafío al capitalismo corrupto y autoritario. “La cárcel es una escuela larga y dolorosa”, reflexionó Rodríguez.

“El capitalismo oity compañeros ha ndombyasýi la oity haguã vidas humanas para recuperar poder (el capitalismo echó a compañeros y no lamenta tumbar vidas humanas para recuperar poder). Estamos libres porque no estamos abandonados”, exclamó Rubén Villalba, quien además instó: “Ani ja permití ñandeipuru hikuái de tembipuru. Jaheka ñande rembiaporã (no permitamos que nos usen como utensilios. Busquemos para nuestras propias labores)”.

El encuentro fue levantándose hacia las 15:00 en medio del clamor de justicia y libertad, además de un llamado a superar los sectarismos que debilitan la lucha.

“Me cierran con mil candados, pero me dejan a mí que soy la llave”, indicó Arístides Vera, resumiendo el espíritu que anima el ideal a pesar de la cárcel.

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