La bancarrota del aprendizaje

Días pasados, Marta Lafuente, ministra de Educación puntualizó que el retroceso educativo en nuestro país se podrá revertir recién en 30 años si es que comenzamos a poner en práctica determinadas decisiones.

Fuente de Imagen: paraguay.com

Por ejemplo, sería recomendable contar con una carta orgánica que asegure la escolaridad, la calidad educativa y que establezca criterios a largo plazo. Probablemente porque la sabiduría del tango señala que veinte años no es nada y más diez no agrega mucho es que las declaraciones de la ministra de Educación no alteraron nuestra vida cotidiana. Es que sus declaraciones competían con el 10 a 6 que el seleccionado paraguayo de fútbol de playa había logrado en Tahití y entonces el inquietante anuncio de la ministra pasó como esos frentes de tormenta anunciados que finalmente no llegan.

Asimismo mencionó otras tareas que son aquellas clásicas que se suelen enumerar en el momento de intentar mejorar la educación pública: que el Estado invierta más en el sector educativo (actualmente el Estado paraguayo invierte apenas G. 1.400.000 por cada estudiante de la escolar básica, mientras que países vecinos como Brasil y Argentina aseguran cerca de G. 4.800.000 por cada alumno), mejorar las condiciones básicas como la infraestructura de las instituciones educativas, aumentar la población que egresa del sistema (hoy sólo 35 de cada 100 personas en Paraguay logran terminar la educación media tras permanecer 12 años en el sistema).

Probablemente porque la sabiduría del tango señala que veinte años no es nada y más diez no agrega mucho es que las declaraciones de la ministra de Educación no alteraron nuestra vida cotidiana. Es que sus declaraciones competían con el 10 a 6 que el seleccionado paraguayo de fútbol de playa había logrado en Tahití y entonces el inquietante anuncio de la ministra pasó como esos frentes de tormenta anunciados que finalmente no llegan.

En realidad la cosa es más que preocupante; estamos asistiendo como sociedad a la bancarrota del aprendizaje y revertir esto no es tan sencillo y puede que la estimación de la ministra quede corta con eso de los 30 años. De hecho prácticamente tres décadas de atraso enfrentamos en el caso de la formación de los docentes. Se nos pasaron más de 30 años de avances en todas las áreas del conocimiento sin que los mismos hayan llegado por lo menos como información básica al mundo docente.

Pierre Lévy destacó recientemente en una conferencia en Brasil lo siguiente, a propósito de profundos cambios a nivel de las formas de relacionarnos con el conocimiento: “Estamos en la prehistoria de una nueva era. Aparecerán nuevos lenguajes, sistemas de escrituras mucho más poderosos que los actuales, con poder de programar, diseñar, hacer cosas abstractas. No sería justo juzgar el estado actual de la comunicación como si tuviera que quedar tal como está. Él está en un estado de fluctuación, de evolución. Estoy convencido de que vemos el inicio de la evolución”. Pierre Lévy también había señalado anteriormente que “por primera vez en la historia de la humanidad, la mayor parte de los conocimientos adquiridos por una persona al inicio de su vida profesional, serán obsoletos al final de su carrera”.

Esta situación nos lleva necesariamente a considerar un aspecto clave del derecho a la educación: el derecho a la educación es fundamentalmente derecho al aprendizaje. Y, tal como lo afirma Rosa María Torres, “el derecho al aprendizaje es, fundamentalmente, derecho a la comprensión de los fenómenos para poder interactuar con ellos y modificarlos”.

Seguro que es recomendable incluir en el sistema a esa población hoy excluida del acceso a la educación, también es recomendable mejorar la infraestructura de los establecimientos escolares, invertir más en educación, aumentar la población que permanezca y que egresa del sistema…pero esas medidas no bastan. El aprendizaje no se deriva lógicamente del acceso, la permanencia, los mejores rendimientos o de los establecimientos mejorados; es más, de hecho no todo aprendizaje deriva de la educación y no toda educación resulta en aprendizaje. Y el aprendizaje no sólo es algo que le sucede a los alumnos sino que incluye (o debe incluir) el aprendizaje permanente de los docentes, los directivos, los padres de familia porque el derecho a la educación (y este es otro aspecto clave) es el derecho de todos al aprendizaje permanente.

Otro detalle: tampoco el aumento de la inversión en el sector educativo basta porque la educación no configura justamente “un sector” sino una dimensión clave de una sociedad que hoy pretenda generar las condiciones para producir una inteligencia colectiva reflexiva. Y aquí de nuevo Rosa María Torres: “Justicia Educativa (iguales oportunidades de educación y aprendizaje a lo largo de toda la vida para todos) sólo puede ir de la mano de Justicia Económica (satisfacción de las necesidades básicas de toda la población, entre ellas la propia educación)”. Y esto es así porque “la injusticia económica y social es el principal obstáculo para el desarrollo educativo y la democratización de la educación y de los aprendizajes”.

Hoy las escuelas funcionan con la lógica del galpón porque la pobreza, la desigualdad las invadieron obligándolas a asumir muchos de los problemas sociales no resueltos por el Estado. Es por eso que la lucha por el derecho a la educación, por la democratización de los aprendizajes forma red con la exigibilidad por más presupuesto para la salud, la vivienda, el trabajo, la seguridad social, y mejores condiciones de vida de la población en general.

Nos urge dar el paso de la visión de democratizar el acceso a la escuela hacia la democratización de la educación, el conocimiento y el aprendizaje.

Fuente: Serpaj – Py

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