«Ko’ápe, Paraguaýpe, oñembohorysénte ore rehe”

La historia de María Arce, una campesina manifestante endeudada con un banco privado.

Por Julio Benegas Vidallet

Un brasero, con carbón y trozos de madera, apura la carne para el guiso. María Arce, 26 años, dos hijos, atiza el fuego con una pantalla de paja. En un campamento de hule comparte con unas 60 personas de su comunidad, hace 14 días. Ella se encarga hoy del rancho. Las plazas del Parlamento son un enorme campamento. En el escenario, Elvio Benítez, el líder de Tava Guarani, convoca a la gente a juntarse más después de la marcha de los cooperativistas. En la Cámara de Diputados una y otra vez se escuchan las voces de los diputados que están a favor de derogar la ley que obliga a las cooperativas al pago del IVA. El resto, mayoría colorada, en silencio.

María mira con desconfianza a este relator.

-¿Nde piko moôgua. Ndepiko ndaha’éi ABC-gua?

-Ndaha’éi

-Ha nde pio reimo’â avei la ore rojuha alquilado terâ comprado…

No, nda creéi

-Ha, entonces ikatu ñañemongueta.

La decisión estaba tomada mucho antes de que la invitaran a venir a Asunción. Ella esta segura de que acá, en Asunción, aun con su hija menor con indicios de asma, está mejor que allá, en Yhu, Caaguazú. Ella sabe que el banco se quedará con sus tierras.

Ella y su familia deben 8 millones a Interfisa. “Ndoroguerekói ropaga haguâ. Mandi’o nda i-precio-i. Chía katu noséi, ha sésamo ojepaga 3.500-nte”.

13014863_745462515590860_1872052333_n (1)Les dijeron que por el sésamo se pagarían 7.000.000. Y, para mal de males, se cerró la fábrica de almidón de Vaquería. Ya no necesitaban mandioca, le dijeron. María mira a su compañera, de tres hijos. Remueve la carne con su espátula de madera. Y cómo evocando una plegaria al cielo, se pregunta y se responde. “Mba’e rojapóta. Rojutamánte. Ropytáta ko’ápe”

-¿Ha pe refinanciación he’íva gobierno?

Heê, péagui voi koroju. Hetavépe ko osêta oréve. Péagui voi ko roju…

Al lado la voz muy modulada de Kike Gamarra en Canal 100 se deja escuchar nítidamente entre el murmullo general y el desarrollo de la sesión de la Cámara de Diputados.

Elvio Benítez pide más atención. La dirigencia ya intuye el resultado. En la Cámara de Diputados hay muy pocas sorpresas.

En Asunción, en la plaza, María se enteró de que los cooperativistas disputaban su propia batalla. “Ha’ete vaicha ko oguerekóva razón. Ko gobierno kóa ko mboriahúpente o-perseguí. Cheverö guarä upéicha”, reflexiona.

En el asentamiento donde vive, María siente que el abandono se ha apoderado de sus vidas. Ni merienda escolar ko noguahêi. Ha pe intendente, colorado, oikuaa porä. Cartes correligionario-ko hína. Cartes oikuamantevaerä la ojehúva orehe.

Sin título, pero con contrato

María está segura de que su próxima parada, de no condonarse la deuda, es ser, nuevamente un sintierras. “Aha manteva’erâ ajuhu peve yvy. Ndajusei ko’árupi. Oñembohorysénte la gente orerehe”, sentencia.

Aunque ella y su familia no tienen documento de propiedad sobre sus tierras, el banco les hizo firmar un contrato donde ellos se obligan a ceder la parcela.

La dirigencia convoca a una gran marcha. Sabe que ahí, adentro, en esa suerte de nave especial donada por los taiwaneses, no llegan los ruidos, el sol quemante y ese vapor de calor otoñal. Tampoco su mayoría escucha el reclamo de las alrededor de 20.000 personas. Saben de qué se habla cuando Rocío Casco dice que el gobierno de Cartes es una elite para empresarios, que toda la carga tributaria la quieren cargar sobre los trabajadores. Saben y poco se inmutan cuando Víctor Ríos recuerda a sus pares que sacando un poco más de dinero de los sojeros el Estado cerraría tranquilamente la caja fiscal.

Esa mayoría no habla, esa mayoría aprieta el botón.

María deja su guiso a medio terminar. “Jaháke, jaháke”, anima a sus coterráneos.

“Anike jaguevi, ñande Mcal. López ra’y”, ensaya un señor de 60 años con su “símbolo de lucha”: un machete de palo.

Una hilera gigantesta de cooperativistas y familias campesinas toman 14 de mayo, sube por Estrella. En Farmacenter, un joven logra decirle a su compañero de trabajo: “…qué plaga ko’ä kampesino, ombotypa jeyma hikuái la tape…”. “Ha nde pio gringo mba’e”, ensaya su compañero, en ese trámite tan extraño que tenemos los paraguayos de interpelarnos sin dejar de ser “kalidá”.

 

Comentarios

2Comentarios

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    emerson viapiana
    18 abril, 2016

    excelente, nota. Que lejos estan los periodistas de una excelente nota como esta. Que simplemente informa.

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    Gustavo Lopez
    20 abril, 2016

    excelente trabajo

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