Kevin Johansen, The Nada y Liniers llenan de música ilustrada el Ferrocarril

Crónica de la fiesta que brindó Johansen el miércoles pasado en la Estación de Ferrocarril.

En plan combo completo, Kevin Johansen + The Nada + Liniers subieron en la noche del miércoles al escenario del Ferrocarril alrededor de las 23:00, siendo ésta la tercera vez que el cantante pasó por Asunción, y en este caso junto a The Nada y el dibujante Ricardo Siri más conocido como Liniers. Recordemos que la primera vez lo hizo junto a su banda The Nada en 2008, la segunda fue solamente con  Liniers en 2009, en plan dúo y esta vez lo hizo junto al equipo completo, con el que grabó el DVD “En vivo en Buenos Aires”. De más está decir que las expectativas eran muy altas para este show que fue posible gracias a la productora Planeador.

El inicio de fiesta fue más bien con una canción relajada del vasto repertorio con el que cuenta Kevin Johansen, “Road movie” fue la encargada de abrir el show en una noche que amenazaba con lluvia, pero que quedaba justa y perfecta para la víspera de un día feriado. A la apertura la siguió “En mi cabeza”, que con un ritmo un tanto tropical ya sugería baile al público. Cuando llegó el turno de “El palomo”, la gente se fue soltando un poco más, ya que hasta acá, parecía que toda la atención del público sólo estaba puesta en la conjunción de música y arte visual que se concentraba en el enorme telón de fondo donde Liniers plasmaba sus dibujos.

La simpatía que despierta la música de Jorge Drexler se hizo patente tras los coros y aplausos que arrancó “No voy a ser yo”. Mientras que con “Ese lunar”, la gente mantuvo los oídos y corazones puestos en lo emotivo de su letra, una de las mejores del gran puñado de canciones que tiene Johansen. Hay que decir que The Nada demuestra la excelencia y justeza con las que acompañan al cantante en cada pasaje de sus canciones. Cada uno de los músicos se mantuvo finísimo en la ejecución de sus respectivos instrumentos durante todo el show. Es así que antes de la siguiente canción, Johansen felicita al baterista de su banda, Enrique «Zurdo» Roizner, quién cumplía en la fecha nada menos que 73 años (sí, leíste bien) y a manera de presentación dice: “ésta que viene habla del poder de la mirada, sobre lo difícil que es mirar a los ojos a la persona amada”. Los acordes del banjo dieron inicio a la que probablemente sea la canción más sentida de toda la discografía de Johansen: “Hindue blues (Hymn for her)”.

Luego vino el momento de los covers, con un charango haciendo la intro y con letra bastante cambiada para la ocasión, “Hotel Patagonia” recordó el gran clásico “Hotel California” de The Eagles, así mismo “Take on me” de los noruegos A-ha sonó con coreografía incluida del mismo Liniers, quién abandonó su silla para bailar y confirmar su protagonismo a la par del mismo Johansen. A esa altura, antes de que la banda empiece con “Desde que te perdí”, los gritos femeninos del tipo: “qué bien que estás, mi amor” que iban dirigidos tanto para el cantante como para el dibujante, hacían pensar que el concierto era exclusivamente para chicas, obviamente que no, pero sin duda fueron ellas quiénes mejor la pasaron.

Con prácticamente todo el ferrocarril bailando, el ambiente ya era de fiesta total. Y también desfilaban los estilos: pop, soul, funk y folklore latinoamericano. Todo a modo casi unplugged, la audición de la distorsión fuerte de alguna guitarra eléctrica fue casi nula durante todo el concierto. Y así se suceden “Daisy”, “Cumbiera intelectual” y “No me abandones”. En aquél momento, una multitud de chicas ya se ubicó al frente del escenario para bailar y cantar, a tan sólo un par de metros de Johansen y su banda.

“Ahora viene una canción que está en el disco ‘Sur o no sur’, en el que nos agarró por poner entre paréntesis a los títulos mezclas de estilos de música, si era rock con folklore o era milonga con pop, a ésta la pusimos ‘Barry White meets Nirvana’”, decía Johansen, antes de tocar una de sus canciones más celebradas: “Down with my baby”, aquella en donde pone la voz aún más grave de la que ya tiene, en evidente homenaje a Barry White, aquél tremendo cantante afroamericano de soul que con su voz hipnotizó a más de una mujer en los ‘70s.

Durante “Down with my baby” se vio a un Liniers totalmente participativo en coros, baile e interactuación con el público, tanto así, que hizo recordar a aquella su presentación en nuestro país hace un par de años, en dónde no se lo vio para nada tan extrovertido cómo sí lo estuvo en esta noche. Se nota que las giras junto a Johansen curtieron al ilustrador. “Anoche soñé contigo” consiguió que casi todo el Ferrocarril acompañe en los coros al cantante.

Después de retirarse por unos minutos, y ante la insistencia del público, Kevin Johansen volvía junto a los suyos para hacer “Logo”, con un excelente acompañamiento de la flauta a lo largo de toda la canción, al igual que en “Sur o no sur”. Para el momento de “El incomprendido” fue el turno en dónde le tocó lucirse a la banda entera por la manera casi magistral con la que sonaron.

Se acercaba el final, y a más de uno sorprendió “Knockin’ on heaven’s door” de Bob Dylan cantado por el propio Liniers, con el dibujante pidiendo disculpas de antemano por tratar de cantar con ese particular tono de voz con el que canta Dylan. “La procesión” y “Guacamole” fueron las canciones que pusieron punto final a una noche llena de baile, humor, gritos femeninos, ironía, y por sobretodo mucha buena música que tras más de 2 horas 15 minutos se había terminado. Fin de fiesta.

Fotos: E’a.

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