La guitarra menos dogmatica del mundo sonó con Dokma

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Kamba’i se lució

En la penumbra invernal de una cocina rural, rodeado de unas diez o doce personas, Kambaœi y su guitarra hacían un dúo perfecto, sólido, de pura música, dos intrumentos tocándose mutuamente. Más de veinte años después, el borroso recuerdo infantil se hizo presente en un auditorio lleno, joven y rugiente, frente a este señor que con un «A ver si sale» nos avisó que iba a salir y muy bien, toda la música que lleva dentro.

Por otro lado Dokma, definido ya como el único grupo de rock de culto del país que permanece en actividad –el metal tiene su historia aparte, que ya será contada–. Una banda sólida, creativa y ecléctica, que no intercambia potencia por calidad. Y esa misma noche dieron una de sus mejores versiones, enchufados por la emoción, con una seguridad que no les costó la dosis de humildad que ameritaba su invitado.

En el marco del ciclo «La canción es siempre la misma», el sábado 16 en el teatro del centro Juan de Salazar se presentó Dokma, que tuvo el honor de ser acompañado al final de su actuación por el guitarrista Efrén Kambaœi Echeverría. La organización encabezada por Felipe Vallejos metió un golazo: el hecho de juntar en un escenario dos exponentes de semejante categoría, de tan disímiles procedencias y estilos constituye un símbolo musical importante en la música paraguaya de los últimos años.

Es que la presencia –por estos días– de Kamba’i en un escenario junto a músicos de calidad es, cuando menos, significativa. Porque en el estruendo de los aplausos no se pudo evitar un resabio de remordimiento, de sabor a culpa intentado redimirse; propio de una generación que creció sin referentes musicales con los que sentirse identificados y que intenta, vaya uno a saber si en vano o no, reivindicar a los grandes olvidados de generaciones anteriores. En este caso, un músico sin parámetros conocidos que –por esa latinoamericana costumbre estatal y de cúpulas culturales– fue (¿o sigue siendo?) infravalorado allí donde las decisiones se toman, donde los apoyos se eligen.

Porque es obligatorio reiterar que Efrén Echeverría es un guitarrista único. Un autodidacta excepcional, quien no sólo inventó una afinación propia para acompañarse a él mismo y reproduce con su guitarra lo que escucha (desde el rezo del rosario hasta el emblemático «Ryguasu kokore», pasando por originales versiones de polcas y guaranias), sino que su portentoso sentido musical –no encuentro otra manera de llamarlo– transforma en melodía lo que ve con sus ojos, como en «Jaguaœi karæ».

En otras palabras, una persona de las que nos queda mucho por aprender –de esas que no vuelven a aparecer en el mismo siglo– no sólo por su técnica, sino por su estatura humana, que con humildad, humor y su enorme calidad nos hace sentir nada menos que privilegiados.
Dokma aportó lo suyo, y muy bien; Efrén todo lo demás; para un evento en que la música –trabajada, querida, celebrada– fue protagonista.

Kamba’i breve

Nació en Lima, San Pedro, en 1932. Trabajó como obrajero talando árboles, vino a Asunción intentando cobrar salarios atrasados y se quedó a vivir. Está casado con María Elena «La Rubia» Cantero y tiene dos hijas. Trabajó, a la par de su labor musical, como portero del Ministerio de Salud y de Canal 9. Actualmente tiene una pensión graciable del Senado, sin embargo tiene severos problemas de salud y económicos.

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