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Baldío

De artista callejero a estrella del folclore nacional

Juan Carlos Oviedo" />

Fotografía: Nadia Villalba

1953, 09 horas: una polvareda se levantó violentamente cuando el ómnibus frenó, ahí donde terminaba el camino. Los pasajeros descendieron del estropajoso camión y uno a uno fueron ubicándose para luego transbordar. Parado, cerca de los asientos de madera, en la improvisada terminal de Barrero Guasu (Grande), hoy Eusebio Ayala, un niño de pantalones cortos usaba una lata como instrumento de percusión. Interpretaba las canciones de Emiliano R. Fernández con prematura solvencia. Hace tnal alojaba temporalmente a quienes viajaban al Este de Paraguay.

Un día un hombre llegó con una guitarrita en la mano. Tomá Juan Carlos, le dijo al pequeño hombrecito de siete años. Él la miró con la misma fuerza con que luego la tomó en brazos. A partir de ahí, solo quedaba aprender a ejecutar el instrumento. Se habrán escuchado historias raras de increíbles métodos para aprender a tocar, pero este ha de ser uno de los casos más excepcionales.

En el año 2009, Juan Carlos Oviedo, al responder quién le enseñó a ejecutar la guitarra, no puede decir todos los nombres, y quizá, ni siquiera recuerde a todos sus profesores. Un día alguien venía y le enseñaba un acorde, dos días después, otro desconocido aportaba una nota. Como en plena cosecha, Juancarlitos recogía en su guitarra lo que el pueblo le daba.

El consagrado folclorista de nuestro tiempo, lejos de su recordada estación de Barrero Grande, recuerda con cariño esos tiempos, en su nuevo hogar, en el Barrio San Pablo de Asunción. Dos años después del inicio de su callejera vida artística, su madre falleció. «Pero le llegué a llevar serenata», se apresuró a decir al recordarla. Admirador de Emiliano desde siempre, su voz de niño entonaba «Despierta mi Angelina», en versión propia, y reemplazaba el nombre de la protagonista de la canción por el de su madre: «Avelina».

De artista callejero a profesional

Luego de iniciar su carrera como cantante y guitarrista en la estación, un talabartero ypacaraiense: Aniceto Coronel, le ayudó a perfeccionar su técnica y afinar el «mbaraka» (guitarra).

Todo pasó muy rápido en su carrera artística. A los once años, el audaz niño abrazó el instrumento y se embarcó en uno de los polvorientos camiones que iban para la capital del país. Atrevido como él solo, confirmó que la razón de su éxito quizá se deba a su firme decisión de ganarle la guerra a la vida, esa que muy temprano quiso cernir sobre él una nube negra. «Porque heta ko oi la opurahei porãva, ha hi’ari che ndaha’ei la apurahei vaitetea ai», señaló entre risas.

Decidido a no dejar la capital sin antes ingresar al mundo de la profesional, aguantó, hasta que
Radio Guaraní le dio una oportunidad. Ese chico de pantalones cortos y de guitarra en mano le llamó la atención a los Hermanos Vázquez. Actuó con ellos, por primera vez en 1957, cuando tenía 11 años.
A partir de ahí, su vida transcurrió entre Barrero y Asunción. Todos los días, yendo y viniendo. En aquellos años en que las audiciones eran en vivo, Juan Carlos comenzó a definir la figura de la gran estrella que hoy brilla en el firmamento del folclore paraguayo.

En 1963 fue finalista del Primer Festival Nacional del Folclore. Al año siguiente formó el Trío Armonía, luego Los Zorzales Guaraníes, banda con la que recorrió casi toda América del Sur. Finalmente, y antes de formar su actual conjunto, fue parte de uno de los dúos más recordados de la historia de la música popular paraguaya, el Dúo de Oro: Oviedo-Barreto. «Peicha la héra, ndahaœéirø purahéi poråiterei haguére, sino que lo dovea oreresaœyju» (Se llamaba así, no porque cantásemos súper bien, sino por lo pálido que eramos), bromeó al rememorar. Desde 1984 trabaja con Los Hermanos Acuña.

Las distancias entre el pop-star y el folk-star

Todo separa a una estrella pop de una de raíces folclóricas, con excepciones que confirman reglas. Al hablar de esto, Oviedo no se queja del dinero que ganó en su carrera, pero aclara que un día uno puede vivir bien y al día siguiente no tener para el pasaje. Él encarna, así como muchos músicos, la realidad de cualquier trabajador.

La sala de su hogar, donde recibió a Eœa, está forrada de reconocimientos mas no de lujos. Todo allí habla de una persona que luchó siempre, contra todo tipo de adversidades. «Creo que fui suficiente reconocido», confiesa el músico, con la humildad de los grandes, como diría Inodoro Pereyra, el celebérrimo personaje de Fontanarrosa.

El 19 de diciembre, Juan Carlos Oviedo había sido operado. Al bajar del escenario, en una de las tantas presentaciones, pisó mal, cayó al suelo y se rompió la cadera. Entre risas, solicitó que le digan a la gente que cambió de automóvil. Así llama a su silla de ruedas. Los médicos le dijeron que estará bien dentro de poco. La recuperación se hace lenta por la diabetes que sufre, más allá de todo esto, su fortaleza está intacta.

Concientes de la realidad de todos los artistas más puramente populares, los colegas de Juan Carlos organizaron un festival en el Centro Paraguayo Japonés. Se realizó el 5 de enero, difícilmente este show tenga parangón en décadas. Los más importantes folcloristas de este país se sumaron a un espectáculo que duró casi seis horas. El publicó llenó la sala «Agustín Barrios». Oviedo, prendido a la radio, oyó y se emocionó, todo el espectáculo.

Al reconocer las dificultades por las que atraviesa un artista, aclaró que el problema más grande con el que se choca es el mercado pequeño. No se puede vivir de la venta de discos, ni antes, ni ahora. Esto obliga a los intérpretes a trabajar hasta que el cuerpo aguante.
«Me dieron una pensión de poco más de un millón de guaraníes, que ahora que estoy enfermo ya me resulta poco. Porque los remedios son demasiado caros y se me va todo en eso», mencionó.

«La vista nunca significó un problema»

«A pesar de la falta de visión que tengo, creo que he llegado a la cúspide de mi arte», dijo con seguridad y luego aclaró que en realidad eso no se tiene en cuenta y nunca fue problema. «Ku lorítoicha añeprendé lo mitã atiyre ha ahama escenáriope. Si me bajan del escenario, macanudo, y si no me bajan: apurahéi lo mitãme».

Juan Carlos empezó a perder la vista, debido a una catarata congénita, cuando tenía 22 años. Fue operado cinco veces en Santa Cruz de la Sierra. Recuperó la visión, pero luego la fue perdiendo nuevamente: «Lastimosamente me tomó otra vez glaucoma, presión alta del ojo. Ahora te veo, pero muy poco, difusamente. Sigo un tratamiento para no perder totalmente la vista, ese remedio lo que cuesta caro, por eso lo que el milloncito ya no me alcanza, ya que los remedios duran tan solo un mes.», indicó.

Oviedo es, sin exagerar, uno de los más importantes interpretes del folclore paraguayo, además de ser uno de los grandes difusores de los versos de Emiliano R. Fernández, a quien admira profundamente. Emiliano, al decir de Oviedo, es el poeta que supo interpretar de mejor manera el sentir del pueblo paraguayo.

En 56 años de carrera, Juan Carlos ha grabado 25 álbumes. Los dos últimos: 22 años con el más puro folclore y Homenaje a Herminio Giménez y Emiliano R. Fernández.

Ningún familiar suyo, antes, estuvo vinculado a la música. Él encontró su sendero en las canciones, en su primer instrumento de percusión, en su guitarrita y las ganas de vivir para nunca darse por vencido.

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3 Comentarios sobre “De artista callejero a estrella del folclore nacional”

  1. Excelente la nota. Tengo un CD y un DVD de Juan Carlos Oviedo con los Hermanos Acuña, que compré hace unos años en Asunción y deseaba saber algo más de este maravilloso intérprete. Respecto a lo que manifiesta don Juan Carlos, que no se puede vivir de la venta de los discos, propongo que estos materiales se difundan más en el exterior (Argentina, Uruguay, etc.) donde hay mucha gente ávida de escuchar esta hermosa música, que lamentablemente es muy difícil de conseguir si no se vive en Paraguay. Un saludo cordial desde Buenos Aires.

    Posted by Hugo Rodríguez Vilela | septiembre 3, 2010, 6:55 pm
  2. yo quiero tomar contacto con esto grupo – qien sabe como hacer o saber su e-mail
    Gracias
    J. F.

    Posted by Fischer | abril 11, 2011, 1:51 pm

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