Un creador combativo: Flores

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Don José Trombón

Es imposible escuchar una guarania sin que sobre uno se forme un techo mágico compuesto por la expresividad y el talento mayor de quien es el padre de este género musical: José Asunción Flores. El Maestro, dando rienda suelta a su prodigioso puño y transgrediendo obstinadamente los formalismos más convencionales del quehacer musical de su época, erigió sobre sus pentagramas los ritmos que darían un sentido exacto a los escenarios más sutiles de las vivencias populares.

Pero antes de que Flores adaptara el nombre de José Asunción, mucho antes, nacía en un agosto como éste, el 25 de 1904, con la inscripción de José Agustín: su nombre legal. De niño salía de su casa ubicada en la Chacarita para deambular por el centro o lustrar botas y ayudar a su mamá, Doña Magdalena Flores, quien como buena madre humilde y luchadora trabajaba de lo que podía, sin que eso resultara suficiente.

Su abuelo fue un italiano que, perseguido por sus ideas políticas, tuvo que zarpar clandestinamente a tierras americanas para luego asentarse en una ciudad de nuestro país, Altos. Allí aseguró su linaje con esposa e hijos. Juan Volta fue el menor de ellos, también guitarrista y un amante de las peñas, las fiestas, la noche. Una de esas noches conoció a Magdalena Flores y se hicieron padres. Luego, para solventar la crianza de su hijo, Juan Volta, un buen día, al igual que su padre, zarpó hacia el interior del país para adentrarse en una búsqueda de la que ya no se lo vio volver.

Engendrando a la guarania

Cuando Flores tenía 11 años fue derivado a la comisaría por robar pan de un negocio cercano a la parroquia San Roque, y de ahí, por disposición de un decreto que por ese entonces regía para reformar a menores, se dispuso que pasara a participar como aprendiz de la Banda Musical de la Policía. Allí aprendió teoría y solfeo, trombón y violín.

Años más tarde, en 1925, como fruto de su persistencia y sus escrupulosos estudios, dio nacimiento a la primera guarania. Lo consiguió realizando experimentaciones sobre una vieja canción popular: «Mbaœeråpa reikuaase», de Rogelio Recalde.

Su primera guarania se llamó «Jejuí», la segunda «Arribeño Resay», luego compuso «India» y «Ka’atÿ», con letra de Fontao Meza.

La nueva creación de Flores no tiene antecedente alguno. No se compara con ningún ritmo clásico adoptado por las diferentes culturas latinoamericanas, lo que convierte al Paraguay en el único país cuya música tiene autor conocido.

Flores dijo: «la Guarania es de mi pueblo, fue escrita para y por mi pueblo», y, efectivamente, el pueblo paraguayo supo reconocerse rápidamente en esta nueva forma rítmica, heroica, engendrada en la genialidad del Maestro y traducida a un lenguaje musical cercano, gobernándose como quien contempla un atardecer en la bahía de Asunción y termina hablándonos con la voz del río.

Otros avatares de su vida

En 1928 conoció a Manuel Ortiz Guerrero con quien compartió su pasión artística y quien escribió las letras de sus composiciones más exitosas, incluyendo «India», «Cerro Corá», «Panambí Verá» y otras guaranias. Cuando llegó la Guerra del Chaco se alistó en el ejército para combatir como sirviente de pieza de una ametralladora pesada en Boquerón, hasta que justamente a pedido de Ortiz Guerrero lo retrajeron de la batalla. Flores acompañó al poeta hasta sus últimos días.

Dadas las circunstancias socio-políticas del país a mediados de los 30, y, considerando que en 1934 se había afiliado al Partido Comunista, viajó a Buenos Aires para grabar sus composiciones con el sello Odeón. Residió en esa ciudad y formó la «Orquesta Ortiz Guerrero», pero volvió al año siguiente, durante el gobierno de Rafael Franco, y lo nombraron director de la Orquesta Folclórica Guaraní y profesor de la Escuela de Enseñanza Primaria de música. Mientras tanto, sus melodías se hacían eco en los lugares más tímidos del país y también se escuchaban en las dimensiones más aisladas de la caldera internacional.

Cuando retornó a Buenos Aires conformó la Agrupación Folclórica Guaraní, compuesta por músicos, poetas y médicos como Felix Pérez Cardozo, Herminio Giménez, Antonio Ortíz Mayans y otros. Con la agrupación tuvo la oportunidad de ofrecer un espectáculo en la ciudad de Asunción, participando públicamente, como un comprometido militante, de mitines con el Partido Comunista.

Su guerra contra la dictadura

Ya durante el gobierno del dictador Alfredo Stroessner, el músico rechazó la condecoración de «Orden Nacional del Mérito» en protesta del crimen del estudiante Mariano Roque Alonso, asesinado por el gobierno de turno en una manifestación. El gobierno lo sentenció de «traidor de la patria», y le prohibió retornar al país. Durante la dictadura sus canciones fueron censuradas, pero estaban tan enraizadas en el cotidiano popular que fue insostenible evitar su difusión.

Por otra parte, impulsaron una campaña de descrédito con la cual intentaron argumentar que Flores no había ingeniado la guarania, sino que lo había hecho Ortiz Guerrero. En realidad ellos se habían conocido después de que el Maestro hubiera compuesto sus primeras guaranias.

No obstante, era indiscutible, y a pesar de posibles represiones, y con las pruebas más contundentes, sus seguidores se encargaron de refutar la versión.

Muy a pesar de que estos amedrentamientos hubieran golpeado bajo en el espíritu del músico, éste continuó componiendo y haciendo de su oficio una escultura sin par. Trabajó en la jerarquización de la guarania y compuso 12 poemas sinfónicos.

En la postrimería de su vida solicitó pasar sus últimos días en un rancho del país con su gente, pero se lo negaron. Víctima del mal de chagas, falleció en Buenos Aires, el 16 de mayo de 1972.
En 1991 fueron repatriados sus restos y, desde entonces, frente a la cárcel de mujeres del Buen Pastor, en una plaza que lleva su nombre junto al del poeta Manuel Ortiz Guerrero, descansa el Maestro, quien todavía recorre los pasillos del recuerdo del pueblo paraguayo componiendo una guarania de libertad perdurable.

«Mburikao» por la OSCA

Mini-documental sobre su repatriación

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