Jejuí, sitio histórico y de conciencia campesina: memoria de la lucha de ayer y de hoy

El sábado 8 de febrero de 2014 se recordó el 39 aniversario del atropello y desmantelamiento de la Comunidad San Isidro del Jejuí (San Pedro), de las Ligas Agrarias Cristianas. La emblemática comunidad campesina fue reconocida como Sitio Histórico y de Conciencia por parte de la Red de Sitios Históricos del Paraguay.

Celebración comunitaria

Miembros fundadores de la Asociación Campesina frente a la placa de declaración de sitio histórico y de conciencia. Foto: Alejandra Torrents.

El reconocimiento se realizó en el marco de la asamblea ordinaria de la Asociación Campesina San Isidro del Jejuí y reunió a un gran número de personas que se trasladaron desde diferentes puntos del país para celebrar este importante momento de una lucha que lleva más de 20 años.

Durante el emotivo acto tomaron la palabra representantes de la Dirección de Verdad y Justicia, miembros de la Asociación Campesina –compuesta por más de cincuenta personas, entre socios fundadores e hijos/as de exliguistas– así como amigos y amigas de la causa.

La historiadora Margarita Durán, quien fue pytyvõhára de la escuelita campesina de la comunidad y el politólogo Jorge Lara Castro, quien siendo estudiante viajaba permanentemente a Jejuí para compartir análisis políticos, rindieron homenaje a la lucha de ayer y de hoy.

Fue un momento para revivir la experiencia de la comunidad bajo el gran árbol de mango que daba sombra para descansar y discutir el proyecto de Jejuí, renovando el compromiso con la construcción de aquel proyecto de sociedad que fuera truncado durante la dictadura stronista, recordando lo vivido desde la lucha presente, la acción y la convicción de quienes nunca claudicaron, pese a todos los intentos de los poderosos.

Momento de descubrimiento de la placa. Foto: Alejandra Torrents.

Una cálida guitarra y un arpa abrazaron a todos los presentes. Los discursos y memorias se alternaron con poemas y músicas compartidas desde hace más de 40 años. El momento de descubrimiento de la placa de reconocimiento del Sitio fue de especial alegría, los antiguos pobladores retiraron la bandera tricolor en un acto simbólico que dejaba al descubierto la lámina que decía: “Comunidad San Isidro del Jejuí. Por su resistencia. Símbolo de la lucha por la democracia y la libertad en el Paraguay”.

El vy´a colectivo siguió con un karu guasu con amenas conversaciones entre compañeros de lucha de distintas generaciones, hasta que la sombra del poderoso mangal atrajo a todos los presentes para continuar compartiendo música, risas, sueños y anhelos de justicia.

Este reconocimiento simbólico por parte del Estado paraguayo viene acompañado de un logro muy importante para la Asociación, que es la obtención del disputado título asociativo de las tierras arrebatadas injustamente en el 75.

Memoria para la acción

La Comunidad San Isidro del Jejuí se conformó en el año 1969 con familias provenientes de distintas partes del país y tuvo vigencia hasta el 1975, año en que la misma fue sitiada y desmantelada por completo.

San Isidro de Jejuí se erigió como una comunidad modelo de las Ligas Agrarias, implementando un sistema de uso y trabajo colectivo de las tierras, con chacra comunitaria, un sistema de distribución equitativa del producto del trabajo, un almacén comunitario y la comercialización conjunta de los productos. También implementaron una escuelita campesina, en donde los niños y niñas recibían un tipo de educación completamente distinto al de las escuelas oficiales. Una educación dirigida a la comprensión de su realidad y a sentar las bases para su transformación.

Sin lugar a dudas, una experiencia como la de Jejuí representaba una amenaza muy grande para el régimen, motivo por el cual un comando de 120 policías, al mando de Pastor Coronel y el Teniente Coronel Félix Grau, puso fin a la Comunidad el 8 de febrero de 1975.

Aty guasu con compañeros de lucha de distintas generaciones. Foto: Alejandra Torrents.

A un mes de la caída del dictador, en 1989, se conformó la Asociación Campesina San Isidro del Jejuí. Desde entonces vienen sosteniendo una larga lucha por la recuperación de las 230 hectáreas pagadas, que les fueron arrebatadas de manera violenta. Luego de 23 años de librar una batalla administrativa y jurídica ante el IBR-INDERT y el Poder Judicial, además de ocupaciones, manifestaciones, disputas mediáticas, los años de lucha y presión dieron su fruto: la recuperación de una de las primeras tierras mal habidas vía judicial y la obtención de un título asociativo.

Haber conseguido un título asociativo no es un detalle menor dentro de esta dilatada lucha. Muchos fueron los intentos de funcionarios estatales de persuadir a la Asociación para que soliciten títulos individuales por parcela familiar, modelo acorde con la política agraria individualista y la mercantilización de la tierra.

Esta victoria es un aliento para la ciudadanía paraguaya que lucha por una sociedad con justicia social, consciente de que la distribución de la tierra es una piedra angular para garantizar una mayor igualdad. Jejuí nos muestra que la organización, la perseverancia, la entereza y la coherencia pueden agrandar las grietas de este sistema perverso y voraz y lograr importantes batallas.

El Caso de Jejuí nos muestra claramente que con el golpe de Estado del 89 solo se fue Stroessner, pero la estructura y la mentalidad siguieron siendo las mismas. El autoritarismo y el proyecto de sociedad para una pequeña minoría no han cambiado durante la transición democrática.

Necesitamos seguir uniendo los cabos rotos de la historia de lucha de nuestro pueblo, que este sistema deliberadamente nos quiere hacer olvidar. Necesitamos revertir la amnesia colectiva desde la acción y retomar las banderas y experiencias del pasado reciente para fortalecer las luchas del presente, que en los aspectos fundamentales no son diferentes de las que se libraron bajo el stronismo. Necesitamos también celebrar las victorias, siendo celosos/as de los logros, porque los intereses de los terratenientes nunca dan tregua.

Al Estado todavía le resta devolver a Jejuí 48 hectáreas de tierra que le pertenecen, y a toda la sociedad paraguaya le toca defender las 182 hectáreas obtenidas luego de tantos años de lucha. No queremos que los intereses de la patria sojera se extiendan sobre la memoria de una experiencia de vida y de sociedad diferente, que hoy se recrea en un pedazo tierra que para los poderosos no es más que un espacio más donde seguir plantando soja y matando la vida.

*Agradecimiento especial a Giovanna Guggiari.

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