Javier Viveros: “Mi poesía fue tendiendo hacia lo breve”

«En una baldosa» (2008), la antología de haikus del polifacético escritor paraguayo, acaba de ser traducido al japonés por la editorial Happa-no-Kofu, de Tokio. En esta entrevista, el autor nos habla del libro.

 

Tapa del libro de Javier Viveros. Fuente: http://www.apeparaguay.org

Pocos autores de la literatura paraguaya han sido traducidos al japonés. Con seguridad, solo pueden citarse dos: Augusto Roa Bastos y Juan Manuel Marcos. Nuestro entrevistado es el tercer autor que puede leerse en este idioma. Su libro se puede comprar en www.amazon.com

¿Cómo fue para que te publiquen en Japón?

Prácticamente todos mis libros están gratuitamente disponibles, en formato PDF, en la columna derecha de mi blog: http://www.javierviveros.com. Una mañana, encontré un e-mail de una editorial de Tokio. En el mensaje me decían que habían encontrado mi libro de haikus, que les había gustado y que querían traducir una decena si les daba permiso, para una suerte de antología online. Por supuesto, les dije que sí. Después, la idea inicial se hizo extensiva a un centenar de haikus. Colaboré ligeramente en la traducción, cuando se les escapaba el sentido del castellano paraguayo de alguna de las composiciones y sobre todo cuando el texto estaba por completo en guaraní. Gracias a haber soltado mi obrita en la red de redes esta editorial dio con ella y terminó lanzando la edición bilingüe.

Vos sos un experimentador en literatura. ¿Cómo se te dio por escribir haikus?

Bien, ello vino justamente de ese afán de experimentación, del anhelo de -en la medida de lo posible- transitar todos los géneros literarios. En mi adolescencia yo me había metido a fondo con la literatura del Siglo de Oro español, leí mucha poesía de la época. Me entregué también a la escritura de sonetos y églogas en octavas reales. Esa sumersión en las letras del siglo XVI me dejó un gran dominio de la métrica, por lo que intentar la combinación 5-7-5 de los haikus era algo que se iba a dar naturalmente, seguramente más temprano que tarde, como efectivamente ocurrió. A su vez, mi poesía fue tendiendo hacia lo breve, hacia la explotación directa de una idea para luego pasar a otra cosa. El haberme encontrado con haikus de Basho, Shiki y Onitsura, entre otros, fue el disparador para que me animara también a escribirlos. Así salió.

Hay mucho de occidente en tus haikus -pienso en la sinfonía de Beethoven, violines, la tradición helénica, el siglo de oro-, ¿qué cosas sentís que conservás de la tradición japonesa en ellos?

Probablemente nada, aparte de la estructura silábica del haiku clásico en su adaptación occidental. Tomé la forma para llenarla con mi propio contenido, con lo que me es cercano y más conocido, con mi modo de aprehender la realidad. Me adscribo por completo a aquello que sugería Jack Kerouac: propongo que el haiku occidental sencillamente diga muchas cosas en tres líneas escasas, en cualquier lenguaje.

También el meter lo urbano en un género dedicado casi completamente a la naturaleza es particular en tu libro.

El haiku tradicional japonés es, en gran medida, un canto a Natura; debe llevar “kigo”, que es como un símbolo para ubicar estacionalmente al poema. Aunque inclusive en los propios autores más tradicionales del género podemos encontrar haikus que rompen ese corsé temático. Como mencioné anteriormente, me cupo tomar la forma estrófica pero con el contenido producto de mi observación del mundo urbano y de mi experiencia en él.

Hay mucho de lo paraguayo -la parrilla, el guaraní, la vegetación y los animales, etc.-. ¿Hay algún antecedente -de mirada, de estética- en la literatura paraguaya que podemos reconocer en tu libro?

Sinceramente, no lo sé. Quizá lo haya, pero cuando escribí esos textos yo conocía un solo haiku paraguayo, que fue escrito por Rubén Bareiro Saguier y está como uno de los epígrafes de mi libro: El hombre es solo / una historia de amor / entre dos sombras.

El ñe’enga, género al que también le dedicaste un libro, tiene una extensión similar a la de los haikus y a la vez corresponde a una sensibilidad nacional. Sin embargo, ante la solemnidad esgrime el sentido del humor, que vos rescatás.

En “Ñe’ënga Jarýi” (2010) me propuse hacer algo similar a lo que hice con los haikus: tomar su forma para volcar allí mi contenido. Es significativo que el libro que menos me costó escribir haya sido el más exitoso de los que publiqué. Conjeturo que tiene mucho que ver en ello el humor y la conexión con la sabiduría popular. Quiero creer que hay una especie de actualización de los ñe’ëngas en ese libro, tienen un sabor más siglo XXI, pero sin perder la esencia.

¿Qué proyectos tenés ahora en lo literario?

Tengo terminado mi “Manual de esgrima para elefantes”, un libro con cuentos localizados en África, escrito durante los tres años de idas y venidas a países de ese continente. Si todo sale como lo tengo planeado, debería estar meciéndose en los brazos de la imprenta antes de que acabe el 2.012. Por otra parte, estoy escribiendo guiones para historietas sobre la Guerra del Chaco y trabajo paralelamente en un libro de cuentos ubicado espaciotemporalmente en esa contienda.

 

Ficha del autor: nació en Asunción en 1977. Publicó narrativa: La luz marchita (2005), Ingenierías del insomnio (en coautoría con Diana Viveros) y Urbano, demasiado urbano (2009); los poemarios Dulce y doliente ayer (2007), En una baldosa (2008), Panambi ku’i (2009) y Mensajeámena, poemas a ras del saldo (2009); el libro de ñe’engas ÑE’ẼNGA JARÝI (2010); y un CD con composiciones musicales suyas Mborayhu Ñandutimíme, el año pasado. Su blog es http://www.javierviveros.com

 

Fuente: http://www.apeparaguay.org/py

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