Jacobo Rauskin y su homenaje al espacio abierto de las plazas

En tiempos de plazas enrejadas, recordamos un poema del Premio Nacional de Literatura sobre el tema.

La plaza Uruguaya, histórico lugar de manifestaciones públicas de todo tipo, será enrejada.

El poeta Jacobo Rauskin, Premio Nacional de Literatura, realizó un homenaje a los espacios abiertos de las plazas y a sus «ocupantes» en su libro de poemas íntimos y sociales «Las manos vacías».

Aquí encontramos un poema que viene ideal en estos tiempo de plazas enrejadas y restringidas a campesinos, indígenas, obreros, y todo tipo de manifestantes.

LAS MANOS VACÍAS
1
Aquí ya no prohíben
pisar el césped.
¡Ah, qué felicidad!
Oiga, duro censor de antaño
y casi ecuestre prócer
de la instantánea libertad de hogaño,
la runa que a usted le debernos
es francamente tétrica.
Usted, que es tan telúrico,
piense un rato en la gente
que ahora nos rodea.
Piense, no hace daño pensar.
Piense en estos labriegos sin tierra
que van pisando el césped
como si al hacerlo tornaran
posesión de una ciénaga.
Desde ayer, ocupan la plaza.
Ella, que nunca tiene dueño,
es hoy toda la tierra que les toca.

2
Recuerdo el tren, pasaba por enfrente.
Y el tranvía, que al dar la vuelta a la esquina,
saludaba con una reverencia
al césped y a los árboles floridos.
Es el ayer tranviario, ferroviario.
Si agrego el hidroavión de la siesta,
es el ayer aéreo y también fluvial.
El ayer es mi especialidad en materia de transporte.
Es suficiente, basta de nostalgia.
Tanta añoranza puede ser sospechosa.
No faltará quien diga
que yo guardo un cadáver en el armario.
En fin, Asunción es así.
De modo que, en la plaza de cada día,
cuando el sol se apaga como un cigarrillo en la piel,
no sigo a Whitman, no me canto a mí mismo,
canto este banco despintado
por tres generaciones de pura lluvia,
este banco marcado, herido por un cuchillo,
acaso un cuchillito para pelar naranjas
o degollar a una mujer infiel.

3
Se han ido los labriegos sin tierra,
ahora vienen los obreros sin fábrica.
Han tomado la plaza.
Hay carteles perfectamente ilegibles,
banderas en jirones, discursos.
Sale en apoyo de la causa
la juventud en una marcha.
Hay líderes pop, hay líderes rock.
Hay líderes punk, hay líderes ye ye ye.
Lo mejor es el césped, rima el césped
con cualquier trapo que se le tire encima.
Con cualquier papelito sucio.
Con vestigios de cielo.
Con el resto de un caramelo.
Rima el césped, el césped que dejó de lado
el sindicato enterrador de obreros.

4
La resignada mansedumbre
de esta llovizna interminable.
Una camisa apenas gris.
Un hombre gris también celeste.
Mi cuadro copia los colores
de la camisa de un obrero
y de la vida de algún otro.
Ropa simple, vida sencilla.
Ambas a un tiempo se destiñen.

5
A la sombra serena de los árboles
que un viento manso, fresco,
tirando a frío, mueve,
el viejo pasa y mira al cielo.
Recuerda… No recuerda…
Su memoria aletea un instante,
y la luz de la tarde
es una dulce y joven viajera.
El adiós fue sólo un rasguño,
un parpadeo, una mentira;
fue un silencio imprudente
al que siguió una palabrita necia.
Regresan hoy por un momento,
Silvia, Inés y Margarita.
No así, no aún, Adriana.
Y ella le escribe que vendrá.
Le escribe en una hoja
de las que lleva el viento,
una hoja de las que no mienten.
Le escribe con un beso.
Le escribe con todo su cuerpo.
Él aprende a esperarla
en el corazón del invierno.

Sobre el Poema.
DEDICATORIA, TAMBIÉN SEMBLANZA
A la memoria de José Roth, fotógrafo de otra época, dedico esta suerte de cancionero. El hombre trabajaba en una plaza pública, populosa, llena de sombra y flores. Vestía casi siempre de oscuro y solía usar una gorra con la visera puesta sobre la nuca. Se sentaba en un banco, encendía un cigarro inextinguible, leía el periódico y veía pasar a la gente. Cuando tenía que hacer algún retoque especial, atendiendo a las dificultades presentes en el rostro de la persona fotografiada, sacaba una lupa con ademán de entomólogo y esgrimía un pincel finísimo como si fuera un pintor.
JACOBO RAUSKIN
Sobre el autor.
JACOBO J RAUSKIN nació en Villarrica, en 1941. Es autor de una extensa obra poética, renovadora y de reconocida importancia en las letras paraguayas. Obtuvo en 2007 el Premio Nacional de Literatura.
En LAS MANOS VACÍAS, su más reciente libro, la introspección encuentra imágenes de un ayer indeleble, profundo. Sin embargo, sin renunciar a escribir sobre el pasado, el poeta da paso al presente en una descarnada pintura de la realidad que lo rodea. Entre la resignación y la esperanza., van apareciendo en estas páginas hombres y mujeres que hacen de una plaza de Asunción el centro de la vida posible.




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