Ja declara so’o, lo mitã

Desde hace un tiempo, comer carne se volvió una cuestión delicada para muchos hogares. El problema oscila entre los precios altos o el desabastecimiento del mercado por la exportación.

Ante todo un ingrediente capital en la canasta básica familiar. Nutricionalmente, un alimento que el organismo aprovecha altamente, mejor que otros alimentos. Culturalmente, en la dieta de muchos paraguayos, el asadito, el puchero, el bife o el soyo es comida; las verduras son para completar la comida, pero no forman parte central de la misma.

Un problema que se veía venir

Las crisis no estallan de golpe, por eso les invito a analizar la problemática de manera superficial, pues un estudio serio demandaría más tiempo y mayor información de la que disponemos. El análisis lo haremos desde lo publicado en algunos medios locales e internacionales, incluyendo la propia web de la ARP.

Si bien es un merito enorme exportar carne a otros mercados, por las ventajas que ello conlleva: certificaciones internacionales, apertura de mercados internacionales a otros rubros, ingreso de divisas al país, inversión para el mejoramiento en la calidad de la producción, etc., no nos podemos quedar con el ruido del impacto mediático ni de los beneficios económicos que solo afectan a un sector de la población, los miembros de la Asociación Rural del Paraguay (A.R.P.) y la Cámara Paraguaya de la Carne.

En el 2005, la A.R.P. manifestaba su satisfacción por el aumento de los volúmenes de exportación de los productos cárnicos vacunos, porcinos y aviar; en diferentes rubros como carne, menudencias y harinas de hueso. Pues, de las 70000 toneladas exportadas en el 2004, pasaron a 105000 toneladas para octubre del 2005. Esto representa, un negocio estimado – por lo bajo – de 268 millones de dólares, por el Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa). Para ello, usted puede consultar el artículo: «Pese a aftosa, Paraguay registra record en exportación de carne» de la web de la ARP.

Estos volúmenes, evidentemente, han ido aumentando hasta hoy día. A ello se suma que en este año la Unión Europea (UE) habilitó a los productores paraguayos la posibilidad de vender carne. Con la habilitación de este mercado, suman en más de 30 mercados a los que el sector deberá proveer de carne (38 mercados según su página web)

Esto ha generado la preocupación en muchos sectores de la sociedad paraguaya. El diario digital Prensa Latina, en su página web se hacía eco de esta inquietud social, en su artículo del 2 de julio del 2008, «Exportaciones de carne hacia Europa preocupan en Paraguay».

En el mismo artículo, el presidente de la Cámara Paraguaya de la Carne, Luis Pettengill, sostenía que «sólo se exportarán a la UE tres de los más de veinte cortes que posee un vacuno, en consecuencia, dijo, las exportaciones no implicarán un alza de precios a nivel local». Supuestamente los cortes de lomo, el lomito o filé y el corazón de cuadril, lo que implicaba la exportación de unos 25 kilogramos por animal. Apuntó que para completar el pedido, de unas mil toneladas anuales, necesitarán alrededor de 40 mil animales, lo que significará una cantidad mayor de carne para el expendio interno que incidirá en la disminución de los precios.

Hoy sabemos, por los resultados largamente padecidos, que la exportación sólo ha desabastecido el mercado local y ha aumentado de los precios. Habría que agregar a la frase del señor Petengill, que el resto de la carne, que no vaya a la Unión Europea, irá a parar a otros mercados internacionales. ¿Para qué abrir tantos mercados y asumir demasiados compromisos? Miente, este señor cuando afirma que se generara una mayor oferta en los mercados.

En un gráfico de publicado en el sitio de la ARP se expone – y reconoce que – el destino de la carne paraguaya, en un 90 % es exportado, dejando solo el 10% para el mercado local. Es decir, que los empresarios de rubro exportan sus productos dejando así al mercado local desabastecido del insumo cárnico.

Otros puntos interesantes, se dan cuando:

Los miembros de la ARP niegan esta realidad pues afirman «que en esta época del año es siempre difícil, debido a que se sale de la época invernal y hay poco ganado disponible para la faena».
Hay defensa de sus intereses y el rechazo ante el más mínimo rumor de la toma de medidas administrativas – impuestos – que busquen corregir los desequilibrios y beneficien a la población. Ante la manifestación de crear tributos el ex titular de la Asociación Rural del Paraguay (ARP), Alberto Soljancic, «había mencionado que, en caso de que se concrete la aplicación de nuevos impuestos, el Gobierno estaría burlando un acuerdo firmado con los empresarios para el apoyo a la Ley de Adecuación Fiscal, en el cual se establecía que primero se esperaría un tiempo de ejecución de la citada ley, antes de implementar nuevos tributos». Aunque Mary Llorens confirmó la existencia de dicho acuerdo, pero reconoció que no ha entrado en vigencia la renta personal.

Que dicen nuestros ministros

El problema se agudiza al escuchar declaraciones de los representantes del Estado, el ministro de Agricultura y Ganadería, Cándido Vera Bejarano, y su vice ministro Armín Harmann.

En declaraciones a diferentes medios de prensa, en estos días, Vera Bejarano ha sugerido que los paraguayos aumentemos nuestros ingresos económicos para poder pagar el precio los precios comerciales de la carne.

Mejor suerte no corre Harmann, que el domingo 31 de agosto ABC Color publica una entrevista en la que insta a los paraguayos a que cambiemos nuestra dieta, para no perjudicar la ganancia de los empresarios de la carne.

Dichas declaraciones, no estarían mal vistas si fuesen emitidas por un funcionario de salud, en cuanto al factor nutricional; o uno de justicia y trabajo, en cuanto al aumento de los ingresos per cápita. Pero viniendo de los funcionarios citados, da la impresión que más que gestionar el bien común y los asuntos públicos, estos funcionarios defienden los intereses de un grupo oligárquico.

Pareciera que para estos funcionarios el problema de nuestro país es que somos pobres, no que las reglas del mercado estén desquiciadas y sean injustas.

Las propuestas de solución

Cuáles son las alternativas que se nos presentan, enumerémoslas:

Aumentar el ingreso per cápita.
Bien haría el ministro Ver Bejarano en explicarnos cómo hacer eso, de una manera más práctica y con menos consejos al aire. No la veo muy viable.

Cambiemos nuestra dieta, para no perjudicar la ganancia de los empresarios de la carne.
Yo me volvería vegetariano por opción, no por una barrera económica. Por ello, la propuesta de Harmann, tampoco me parece viable.

Ir a algún país donde se exporta carne paraguaya
No me parece una propuesta interesante, pues repetiría la fórmula Duarte Frutos para reducir la pobreza.

Reglamentar el mercado de la carne.
La provisión y abastecimiento del mercado local, me parece deberían tener prioridad en la agenda social – política del gobierno. Mediante una reglamentación clara y decretos que corrijan estas «avivadas» mercantiles, para tener una mayor cantidad de ofertas en nuestro mercado y regular la exportación.

Dicha alternativa, que parece viable, choca con los intereses de la Asociación Rural del Paraguay y la Cámara Paraguaya de la Carne. Prueba de ello, las declaraciones, al diario La Nación, del ganadero Alberto Soljancic, ex presidente de la ARP, dijo que «sería un absoluto retroceso si se llegan a medidas extremas de buscar una restricción por decreto de la exportación de carne, y que solamente en el gobierno de Stroessner se tuvo una medida similar, que generó un perjuicio muy importante a la producción local, del cual costó recuperarse para alcanzar los niveles actuales». «En el gobierno de Stroessner tuvimos un decreto similar, eso nos costó caro, es un antecedente nefasto, yo creo que hay compromisos de frigoríficos y no podemos dejar de cumplir eso, cuando tratamos esto hablamos de credibilidad, y de ocurrir eso, sería un retroceso», dijo el ganadero.

Esta situación, que choca con la razón e insulta a la inteligencia, nos cuestiona: ¿cómo es posible que en un país ganadero y agrícola nuestros mercados estén desabastecidos?

La regulación del mercado, ¿a quienes perjudica y a quienes beneficia?, por otro lado, ¿no estamos ya bastante perjudicados con esta situación?, ¿Para quién sería un retroceso?, ¿Cómo los empresarios nos retornan los subsidios?

Una razón sensata considerará que no debe sostenerse mucho tiempo este esquema; pero ante la codicia se tiende a cerrar los ojos, buscando sólo medro personal a base de exprimir esos absurdos al máximo, anteponiendo el lucro y el beneficio económico de unos pocos al bien común de la población.
Creo y apoyo la libre empresa, cuando esta se orienta a generar ganancias y busca el beneficio de todos los ciudadanos.

No creo, que valga la pena apoyar cualquier estructura que presume de ser una «empresa o negocio», cuando en realidad explota los beneficios para unos pocos y lesiona el derecho de los paraguayos.
El estado debería intervenir y regular el sector, para garantizar el derecho de consumo de los paraguayos, que ya vamos concediendo demasiados beneficios a la patria empresaria y ganadera. Un trato respetuoso nos merecemos, tras tantos años de subsidio.

¿Qué nos queda de todo lo expuesto?, que el mercado de la carne beneficia a un sector y perjudica al resto de la población.

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