Israel declara persona non grata al escritor Günter Grass

El premio Nobel alemán ha recibido una ola de reproches por su poema Lo que hay que decir,  en el que rompió la ley no escrita en Alemania de evitar criticar a Israel y arremetió contra un posible “ataque preventivo” a Irán.

Günter Grass muestra su controvertido poema en su casa de Behlendorf. | Afp.

La clase política alemana y las comunidades judías de este país sorprendidas e irritadas por el contenido del poema de Grass, lo han calificado de “falsificación de los hechos”.

“Estoy espantado con el tono y la dirección que toma el poema”, ha declarado el Secretario General del Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Alemania, Hermann Grohe, quien junto con el jefe de la Comisión de Exteriores del Parlamento alemán (Bundestag) han censurado severamente el poema de Grass.

Por otra parte, el portavoz de Exteriores israelí, Yigal Palmor, describió el poema “Lo que hay que decir” como “una bomba que caerá sobre Israel, una vez que la prensa y los analistas lo digieran”.

El prestigioso escritor alemán, asegurando en su poema que “Israel, potencia nuclear, pone en peligro una paz mundial ya de por sí quebradiza” llamó a la comunidad internacional a reaccionar ante la decisión de Israel para atacar a Irán “porque mañana podría ser demasiado tarde”.

El ganador del Nobel de Literatura (en 1999) propone, por último, que una instancia internacional controle de forma permanente y sin trabas tanto el potencial nuclear israelí como las instalaciones atómicas iraníes.

Otros casos

No es la primera vez que Israel prohíbe la entrada a extranjeros como castigo por criticar su política. Noam Chomsky, profesor judío estadunidense de lingüística, estuvo hace dos años atrapado en la frontera con Jordania sin poder entrar, y el verano pasado varios cientos de activistas propalestinos tampoco pudieron ingresar en Cisjordania.

En octubre de 2010, tras una semana de detención, Israel expulsó a la Nobel de la Paz irlandesa Mairad Maguire, quien había viajado al país para reunirse con activistas pacifistas.

El director de orquesta Daniel Barenboim rompió en 2001 un tabú y tocó en Israel la música de Richard Wagner, rechazado por sus ideas antisemitas. Entonces hubo exigencias de declararlo persona non grata, pero al final no se llevó a cabo el pedido.

Lo que hay que decir, el poema de Günter Grass

Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,

sobre lo que es manifiesto y se utilizaba

en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,

solo acabamos como notas a pie de página.

Es el supuesto derecho a un ataque preventivo

el que podría exterminar al pueblo iraní,

subyugado y conducido al júbilo organizado

por un fanfarrón,

porque en su jurisdicción se sospecha

la fabricación de una bomba atómica.

Pero ¿por qué me prohíbo nombrar

a ese otro país en el que

desde hace años —aunque mantenido en secreto—

se dispone de un creciente potencial nuclear,

fuera de control, ya que

es inaccesible a toda inspección?

El silencio general sobre ese hecho,

al que se ha sometido mi propio silencio,

lo siento como gravosa mentira

y coacción que amenaza castigar

en cuanto no se respeta;

“antisemitismo” se llama la condena.

Ahora, sin embargo, porque mi país,

alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez

por crímenes muy propios

sin parangón alguno,

de nuevo y de forma rutinaria, aunque

enseguida calificada de reparación,

va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad

es dirigir ojivas aniquiladoras

hacia donde no se ha probado

la existencia de una sola bomba,

aunque se quiera aportar como prueba el temor…

digo lo que hay que decir.

¿Por qué he callado hasta ahora?

Porque creía que mi origen,

marcado por un estigma imborrable,

me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,

al país de Israel, al que estoy unido

y quiero seguir estándolo.

¿Por qué solo ahora lo digo,

envejecido y con mi última tinta:

Israel, potencia nuclear, pone en peligro

una paz mundial ya de por sí quebradiza?

Porque hay que decir

lo que mañana podría ser demasiado tarde,

y porque —suficientemente incriminados como alemanes—

podríamos ser cómplices de un crimen

que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa

no podría extinguirse

con ninguna de las excusas habituales.

Lo admito: no sigo callando

porque estoy harto

de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además

que muchos se liberen del silencio, exijan

al causante de ese peligro visible que renuncie

al uso de la fuerza e insistan también

en que los gobiernos de ambos países permitan

el control permanente y sin trabas

por una instancia internacional

del potencial nuclear israelí

y de las instalaciones nucleares iraníes.

Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,

más aún, a todos los seres humanos que en esa región

ocupada por la demencia

viven enemistados codo con codo,

odiándose mutuamente,

y en definitiva también ayudarnos.

Fuentes: HISPAN TV, La Jornada y El País. La traducción del poema fue hecha por Miguel Sáenz, en base al texto original en alemán publicado en el diario Süddeutsche Zeitung.

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