Ismael Ledesma: «Los artistas que creen en sí mismos y en su capacidad profesional deben salir del país»

Entrevista al músico paraguayo considerado un arpista universal, que desde hace décadas vive en Francia.

Ismael Ledesma, distinguido por el Senado francés como una «Personalidad de América Latina en Francia» en 2011 y cuya discografía de 15 discos es considerada un patrimonio cultural por la Biblioteca Nacional de Francia.

Ismael Ledesma, el músico nacido en Lambaré en 1962 y que actualmente vive en un pueblo situado al noreste de París, escribió hace una semana: «A pesar de mis victorias personales como artista paraguayo en el extranjero, digo que estoy muy decepcionado porque mis propios compatriotas, ¡salvo algunos amigos!, no vienen a verme y apoyarme en mis conciertos». Ese descargo público, que representa una realidad prolongada en este país de escaso apoyo público y privado al arte y la cultura en general, me llamó la atención y propuse a Ismael entrevistarlo vía correo electrónico. Él respondió de buena de gana y nos pusimos a hablar de las razones por las que Paraguay expulsa a sus artistas; de si luego de salir del país y hacerse de renombre en otro lugar vale la pena regresar; de cómo lo trató Francia en sus primeros años de vida ahí; entre otros temas.

Empecemos con la publicación del pasado 8 de diciembre en tu perfil de Facebook. En la misma dices que estás muy decepcionado de los compatriotas porque no asisten a tus conciertos. Cuéntame más sobre lo que te llevó a ese descargo público.

¡Hace mucho que estoy decepcionado por la ausencia de mis compatriotas en mis conciertos! Debo aclarar que tengo un círculo de amigos paraguayos que me ha apoyado, pero la masa paraguaya y, digamos, la comunidad más importante no acuden a mis presentaciones. Y si me descargo públicamente es porque me duele mucho. Creo que no hago ningún mal. Al contrario, represento a nuestro país. Y a mi parecer deberían sentirse orgullosos de que con mi arpa esté mostrando un poco de lo que es nuestro.

¿Cuáles, según tu parecer, son las razones de que este país prácticamente expulse a sus artistas?

Me es difícil encontrar los motivos por los cuales nuestros compatriotas expulsan a sus artistas, pero trataré de responder de la manera más básica posible. Primeramente, el paraguayo no considera al artista como un profesional. Como casi todos somos músicos en Paraguay, creemos que no es una profesión, que es una joda para divertirse únicamente. Otra razón: al creador tampoco se le tiene consideración. En general, se piensa que el artista paraguayo no tiene el derecho de sobresalir, que el artista está condenado a hacer otra cosa para sobrevivir. Así se piensa. Y los artistas que creen en sí mismo y en su capacidad profesional deben salir del país y empezar otra vida afuera. O sea, indirectamente nos expulsan o nos retiramos buscando un mundo más justo para nosotros. Hay gente que no se da cuenta de que ser músico o artista es tener talento, don, vocación. ¡Se desconoce, simplemente!

Entre los expulsados de Paraguay por la nula o escasa valoración de su talento y obra, el caso más conocido es el de Agustín Barrios, quien decidió no regresar nunca más. ¿Conoces otros casos?

Existen muchísimos músicos en Europa y el mundo en general que realizan dignamente su profesión, quienes, pienso, nunca volverán al Paraguay porque saben que en nuestro país no podrán vivir de su arte. En el mundo se encuentran diseminados muchísimos artistas que tuvieron su gloria en ciertas épocas y que siguen trabajando.

En Francia están Johnny Cabrera (Los Reales del Paraguay), Pedro Leguizamón (Los Guayakies), Virgilio Rojas (Los Guaraníes) y varios más; en España, el arpista Celso Bogado (Los Reales del Paraguay),  la cantante Rocío Cristal, Los Tres Sudamericanos y muchos más; en Alemania, también otros grandes músicos como el arpista Oscar Benito, el guitarrista y cantante Aníbal Portillo y muchos más; en Suiza, una gran cantidad de músicos, entre ellos el gran músico y compositor Rubén Domínguez Alvarenga. Hay músicos en Brasil, Argentina, Japón, Estados Unidos, Méjico… Es imposible nombrar a todos. Y todos ellos están con la desilusión de que existe esa duda de volver o no a su tierra. Los famosos expulsados de nuestro país son José Asunción Flores, Félix Pérez Cardozo, Luis Bordón… ¡Todos tuvieron que salir del país para poder vivir de su arte y ser considerados como artistas en el circuito internacional!

También tenemos ejemplos de gente que se ve obligada a salir de aquí por las circunstancias adversas y luego, al convertirse en artista de renombre, regresa porque quiere aportar algo a Paraguay. En literatura, tenemos a Roa Bastos —de una vida de prestigio intelectual y literario en Francia— y en pintura a Gil Alegre —de una carrera en constante ascenso en las artes plásticas en Italia—. ¿Qué opinas sobre estas decisiones? ¿Vale la pena regresar?

El regresar a la patria para aportar sus propias experiencias y conocimientos es un acto muy patriótico y humano. Me parece muy bien que los artistas que mencionas vuelvan a nuestro país. Todos queremos volver. No existe alguien que no quiera volver. Es imposible sentir esa sensación de negar a su patria. De eso estoy seguro porque cuando me reúno con mis amigos músicos, de lo único que se habla es de cómo hacer para volver y qué hacer para sobrevivir. Creo que aportar sus experiencias a la nueva generación es algo positivo para los futuros artistas. Vale la pena regresar pero eso ya depende de la decisión de cada uno.

En tu caso, según leo, vives en un pueblo de Francia, un país que conoces desde joven. ¿Cómo te trató y trata esa nación?

Sí, vivo en un pueblito llamado Bray et Lû, situado a 90 km al noreste de París. Mi vida no fue fácil. Francia te trata bien si tú lo tratas bien, o sea, ha sido primordial estudiar correctamente la lengua, comprender sus costumbres, en términos básicos, adaptarse. Digo que no fue fácil para mí porque al principio tuve que vivir de manera sacrificada, sin confort, sin tantas alternativas de trabajo, explotado por tus propios compatriotas, ganando miseria en pizzerías, humillado por la policía francesa. Cuesta sobrevivir al racismo, a las situaciones cotidianas difíciles, el clima, incluso a ser ilegal, etc. Si uno no resiste eso y si no tiene las ideas y los objetivos bien determinados, es mejor quedarse en nuestra patria a tomar tereré con los muchachos y esperar otra suerte. Además, cuando yo estoy medio deprimido siempre digo que me hubiese quedado en mi país para vivir una vida tranquila, tomando, compartiendo con mis amigos, jugando al futbol, farreando, como se dice en nuestro país, para vivir las cosas placenteras de nuestra patria. En fin, todo depende de las ambiciones de cada uno. Francia me dio la oportunidad de vivir en su territorio y, como me adapté, me trata bien. Como se dice: tuve que pagar el derecho de piso.

Leí que la Biblioteca Nacional de Francia considera tu discografía como un patrimonio cultural, poniéndola a disposición de toda persona interesada en tu obra. Cuéntame más sobre esto.

Sí, la biblioteca francesa considera que toda mi discografía debe quedar de por vida en esa institución, por todo el aporte cultural que he dado con mi trabajo a Francia. En total, 15 discos míos distribuidos y editados en este país quedan definitivamente allí. Además de estar a disposición de la gente, ¡es tema de estudio para los estudiantes en musicología y otras materias! Me explicaron que mi música es parte de la evolución del folclore y que es sujeto de estudio. Y lógicamente esto es una gran satisfacción para mí, porque después de 50 años un artista paraguayo vuelve a formar parte de la Biblioteca Nacional de Francia. Los únicos artistas de interés cultural en esa institución fueron los del grupo Los Guaraníes, de Francisco Marín, ¡hace 50 años! El senado francés también me distinguió como «Personalidad de América Latina en Francia» en 2011.

Veo en tu página web que tienes 17 álbumes. ¿Cuál fue la repercusión de los mismos? ¿Son álbumes de composiciones propias? ¿Un músico de tus características, considerado como un arpista universal, vive de las presentaciones en vivo?

Tengo grabado 17 discos, prácticamente todos con mis propias composiciones. Algunos de ellos tuvieron repercusión; otros de manera más modesta. Los discos que me dieron grandes satisfacciones fueron Paraguay, publicado con la productora Terra y distribuido en varios países de Europa. Luego Yacaré, La Balada del Indio, Arpa Danza y El Vagabundo trascendieron de una manera bastante interesante para un artista extranjero. Los demás discos tuvieron una repercusión más modesta, pero me permiten mantener una situación estable como artista.

Actualmente, en realidad desde 2005, prácticamente el mercado del disco va decayendo en el mundo porque, con la aparición de internet, la gente descarga las músicas de manera ilegal y ya casi no se venden discos. Por mi lado, sigo produciendo porque tengo actuaciones en vivo y un circuito que me sigue. Estoy en el género que llaman músicas del mundo. Eso me permite ser un artista universal. Mis composiciones no son convencionales y es accesible a todo público.

Recorriste una buena parte del mundo gracias a tu talento musical y vives en Francia. ¿Cada cuánto vienes a Paraguay? ¿Qué te trae a nuestro país?

He recorrido bastante gracias a mi arpa. Eso es algo que aporta a mi vida una gran satisfacción. Hasta hoy vivo de lo único que sé hacer: tocar el arpa. Pude realizar mi sueño de vivir de mi arte, crear una familia, tener una vida equilibrada, una trayectoria artística bastante correcta aún con perspectivas de futuro. Y así será hasta que algún día decida volver a nuestro país, a retomar esa vida sencilla que dejé hace 32 años.

Cada vez que fui a Paraguay he presentado algo nuevo. Voy porque quiero hacer conocer un repertorio nuevo. Y lo que me lleva al país es la tierra colorada, los amigos, la familia, mi raíz y también las ganas de aportar alguito para dar esperanzas a los que desean ser artistas y arpistas. Siempre dije: Vivo en Francia pero mi mente está cotidianamente en nuestro país. No pasa un día sin que deje de pensar en los aromas de nuestra tierra, el calor humano que aquí no es igual, la amistad, el cariño. ¡Es todo eso lo que busco cuando voy!

Y para terminar, Ismael, ¿piensas que la situación mejorará en Paraguay para la gente que se dedica al arte?

La situación mejoró muchísimo en el Paraguay, en el ámbito artístico, y seguirá mejorando de a poco. Lo que pasa actualmente es que no hay lugar para todos, pues existe demasiado talento artístico en todas las ramas y el mercado es pequeño. Pero veo que se desarrolló bastante el circuito musical y artístico. En mi época no existía prácticamente concierto de artistas en los teatros y las salas. Hoy hay espacio e incluso los artistas paraguayos tienen fans, algo que nunca existió antes. Existen leyes que apoyan a los artistas. Hay nuevas instituciones. Todo va mejorando. Yo tengo muchas esperanzas hacia el futuro de nuestro país y sus artistas. Pienso que cada uno debe crearse su camino y no esperar el apoyo… Hay que disponerse a sufrir para que algún día uno tenga la satisfacción de haber logrado algo, por sus propios méritos. ¡Basta de decir: no hay apoyo! Uno solo cuenta consigo mismo. El artista debe ser libre y creativo, debe ser único, y para eso hay que batallar como un león, ganar las batallas para conseguir la victoria y la libertad.

 

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