Iron Maiden en el Jockey: La histórica noche de la bestia en Paraguay

La legendaria banda británica se presentó en un glorioso e histórico show en Paraguay. La celebración del Metal la encabezó Iron Maiden junto a Slayer y Ghost. 30 mil personas se dieron cita en el Jockey Club.

Las expectativas para el primer show de Iron Maiden en nuestro país eran enormes. Por fin llegaba el día en que la banda británica de Heavy Metal más popular de la historia se presentaría frente a sus miles de fanáticos paraguayos. Ni siquiera horas antes del show los fans podían creer que este domingo 29 de septiembre verían a dos de las bandas más importantes y exitosas del género: Iron Maiden y Slayer. Metaleros entrados en años junto a jóvenes que queman sus primeros cartuchos dentro de este estilo celebraron lo que fue una gran fiesta del Metal.

En los papeles previos, uno sabe que ver a Iron Maiden significa presenciar un espectáculo de un gran despliegue escénico, además de una enorme calidad musical. Se sabía qué clásicos íbamos a escuchar ya que Iron Maiden recrea el Maiden England ’88. El inicio fue con “Moonchild”, la canción que abre el celebrado “Seventh son of a seventh son”, seguida de la invitación de los británicos a jugar con la locura. Era el turno de “Can i play with madness”.

Finalmente no importaba con cuál canción empiecen, el hecho de observar a Steve Harris cantar cada una de sus canciones apuntando al público con su bajo y a Dickinson corriendo por todas partes ya valía pagar tu entrada. Emoción desbordante reflejada en cada rostro que uno veía cerca. Aunque en realidad el primer gran festejo colectivo se notó cuando Bruce Dickinson entonó el “¡Scream for me Asunción!” durante “The Prisoner”. La gente, agradecida, se prendía fuego y, por supuesto, gritaba por el legendario cantante. Luego llegaría el momento de un gran clásico: “2 Minutes to midnigth”.

A través de las pantallas se lo veía a un muy contento Nicko McBrain enfundado en una camiseta de la selección nacional con un 666 de numeración. Increíble la energía que trasmite el baterista, quien sin dudas es el motor de la banda. Mientras que los tres guitarristas hacían de las suyas por todo el escenario. Janick Gers es el más inquieto de ellos. Se la pasó saltando de un lado a otro de una manera muy particular. El eterno Dave Murray, el guitarrista que está desde que se fundó Iron Maiden, brillaba con cada solo de guitarra, al igual que su compañero Adrian Smith.

Seguidamente Dickinson dijo: “Nos tomó 35 años venir a Paraguay. Y les voy a decir que no van a pasar otros 35 años para volver”. Sí, Bruce, claro que sí. “You sing so loud in this country. You really do”. Por supuesto, Bruno querido. Claro que no creémos que a todas y cada una de las audiencias de Maiden decís lo mismo, sino solamente a nosotros. La verdad que resulta increíble el manejo del escenario que tiene el piloto, esgrimista y vocalista de Iron Maiden. Podría dar clases si quisiera. Corre cual veinteañero de un lado al otro del escenario. Hasta se pasó una bandera con el logo de Mc Donalds por el trasero. Seguramente a Eddie no le cae muy bien el payaso Ronald.

Lo bueno de evitar leer los setlists que se manejan antes de un show de la banda que uno va a ver se reflejó en escuchar la hermosa “Afraid to shoot strangers”, por lo menos desde acá no se esperaba esta obra maestra. Pasaron “The Trooper” y “Number of the beast”, el diablo metía la cola y el escenario literalmente se prendía fuego por las llamas que saltaban desde todos los costados. El calor del infierno se palpaba en el Jockey. Y por supuesto, los años de Paul Di’Anno nunca se olvidan, llegó el turno de “The Phantom of the opera”, con los tres guitarristas más el gigantesco Steve Harris haciendo los coros al enorme Dickinson.

¿Hay canción más coreable de Iron Maiden que “Wasted years”? No sé, pero los más de 30 mil presentes la corearon al unísono. Versión impecable la de “Seventh son of a seventh son”, la melodía oscura y progresiva propia de esta gran canción creó un ambiente tenebroso en el Jockey. Había que sacarse el sombrero ante el cruce de guitarras que se dio en ese momento. Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers no podrían funcionar mejor que con este clásico que contó con una especie de sacertodiza del infierno tocado un terrorífico órgano desde el fondo, además de mucha pirotecnia que marcaba el ritmo de la canción. A lo largo del show, mucha impresión causaba la escenografía sumados a los constantes cambios de telones que resultaban bastante alucinantes.

Catarata de emociones de la mano de “Fear of the Dark”, uno de los grandes himnos que tiene el Metal. “Iron Maiden te va a atrapar, no importa la manera” cantan en “Iron Maiden”, aquél clásico del primer disco. Generaciones enteras que se dieron cita en el Jockey para ver a la banda son la prueba irrefutable de esto. ¿Cuántos clásicos a esa altura de la noche? Demasiados. Pero a un grupo que tiene tanto que ofrecer todavía la gente pedía más. Con “Aces High” se escuchó la que quizás fue la mejor performance de Dickinson en toda la noche. El vocalista demostró que todavía canta como en sus mejores épocas junto a la Doncella. De hecho esta es una buena época de Maiden, teniendo en cuenta lo increíbles que suenan en vivo y que siguen convocando verdaderas multitudes en todo el mundo.

Tras un poco más de dos horas, todos cantábamos y saltábamos a la par de Dickinson y Harris con “Running free”, otro himno de la época de Paul Di’Anno. Así se cerraba el primer gran show de Iron Maiden en Paraguay. Increíble. Con 38 años de carrera encima, uno de los referentes más importantes, populares y exitosos del Heavy Metal acababa de tocar en Asunción. Dickinson, te tomamos la palabra, que no pasen tantos años para que vuelvan. Tanto quisiéramos de vuelta a Iron Maiden en su próxima gira latinoamericana. Claro que sí. Lo cierto es que tenemos una buena historia que contar a nuestros hijos, alguna vez podemos decirles que en 2013 Iron Maiden tocó este clásico y este otro también en Paraguay. Y eso significa mucho.

Paraguay pintado de sangre 

Si el broche de oro de la gran noche metalera en Paraguay fue Iron Maiden, los mejores invitados que podían tener los británicos es la banda más grande de Thrash Metal de todos los tiempos: Slayer. Se apagan las luces y comienza a sonar la intro de “World painted blood”, track uno del disco homónimo de 2009. Se sentía en la fría noche que algo denso, oscuro y violento estaba por suceder. Esto va a ser increíble decían los amantes de las emociones más fuertes.

La presencia que tiene la banda mete miedo. Todos de negro sumado al telón con el logo del grupo de fondo. En realidad, la sola presencia de Kerry King intimida hasta al más valiente. Así subieron sin vueltas a desparramar agresión en forma de riffs de guitarras a una velocidad despiadada. Pasaba “Disciple”, del gran “God hates us all”. Dos clásicos de la última época de Slayer para empezar la noche slaytánica.

Llegaba el turno de uno de los grandes himnos del Thrash Metal, el descontrol se hacía presente de la mano de “War ensemble”, el primero de los viejos clásicos de Slayer. También pasaba “Mandatory Suicide”, del sublime “South of heaven”. A esas alturas uno empezaba a entender porque Slayer probablemente sea la mejor banda en vivo del Metal. Luego se escucharía a un muy amable Señor Araya decir: “La bandera”, sus primeras palabras “en chileno”. Antes de arrancar con la oscurísima “Dead skin mask” continuó: “The Paraguay flag. I feel the love”. Resultó extraño escuchar la palabra “love” de los labios de este señor, ya que nos tiene tan acostumbrados a palabras como “hate”, “blood”, “death”, “hell” y tantas otras más de este tono. Gran noche del cantante, quizás el cuello ya no lo pueda mover como antes, pero la voz sigue intacta. Por algo Tom Araya es el Slayer favorito de muchos.

Si entre el público te encontrabas del lado de Kerry King resultaba impresionante tenerlo tan sólo a unos metros machacando sin piedad a su guitarra. Más todavía si en algún momento clavaba la mirada hacia el lugar donde uno se encontraba. El guitarrista del infierno hacía de las suyas tocando unos solos perfectos de guitarra a la velocidad de la luz. Llegaba el turno de “Seasons in the abyss”, otro himno de la banda.

Jeff Hanneman, tu legado nadie va a olvidar y tu ausencia lo siente cada fanático de Slayer. Era el momento del homenaje al guitarrista fallecido en este año. El rubio músico era evocado con ese enorme telón de fondo con su nombre escrito bajo la inscripción “Angel of death”.

Momento final del show de Slayer, se venían tres temas con la firma de Hanneman, el compositor de los grandes clásicos de la banda. El primero fue “South of heaven”, lo seguió ese violento himno llamado “Raining blood”. El infierno era desatado en el Jockey por Tom Araya, Kerry King, Gary Holt y Paul Bostaph.

La lluvia de sangre llegaba a su fin. Sin vueltas, le engancharon “Angel of death”, King y Holt se enfrentan en unos solos de guitarras salidos del mismísimo averno. Se retiraron luego de regalar púas y saludar a la gente: “Buenas noches. Este es Paul Bostaph. Muchas gracias”, decía Tom. No, Señor Araya. Gracias a ustedes por tan inolvidable y violenta noche. Jamás la olvidaremos.

Desde Suecia llegó Ghost

Puntualmente a las 18:30 hs, Ghost subía al escenario. Un telón rojo con el logo de la banda, más los anónimos músicos con sendos trajes negros músicos se presentaban sobre el escenario del Jockey. Empezaron con el tema que abre su último disco “Infestissumam”. Ghost está formado por unos suecos que se esconden en las sombras, que musical y líricamente por muchos momentos recuerda a King Diamond y Mercyful Fate.

Ghost se dedicó durante casi todo su set a homenajear a Lucifer desde la primera canción. Y a pesar de la imagen que tiene el Papa Emeritus II, en algunos momentos el vocalista se animaba a interactuar amistosamente con el público. Si estás en el Metal sabés que Ghost es la nueva gran cosa, en donde la prensa les dio una gran mano quizás sobrevalorando excesivamente a la banda. Cosa que a la larga siempre suele jugar en contra a los grupos. De igual manera, esperamos grandes discos de Ghost, pues no sólo tienen un gran presente sino un gran futuro. Musicalmente son inobjetables. Fue un set bastante corto, no pasó de los 40 minutos, que bien sirvió para preparar a la gente para Slayer.

Fotos: Rocío Céspedes.

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