Indígenas avá-guaraní danzaron sobre las ruinas de su templo

La comunidad avá-guaraní Y’apo, ubicada en el departamento de Canindeyú, había sido desalojada de sus tierras ancestrales el pasado 20 de mayo en un procedimiento ordenado por la jueza Silvia Cuevas.

"Nosotros los avá dónde vamos a ir. Este es nuestro lugar. Si nos echan volveremos a entrar. Foto: Sunu.  Cacique Ramón López.

«Nosotros los avá dónde vamos a ir. Este es nuestro lugar. Si nos echan volveremos a entrar», dijo el cacique Ramón López. Foto: Conapi.

Miembros de la familia lingüística avá-guaraní que habían sido desalojados de sus tierras ancestrales reingresaron a sus tierras esta semana para danzar sobre las ruinas del Jeroky aty (templo), informó la Coordinación Nacional de Pastoral Indígena (Conapi). La comunidad se halla asentada en la localidad de Corpus Christi, departamento de Canindeyú.

A través de las danzas pidieron a “Ñanderuvusu” la fortaleza para seguir luchando por sus derechos. Tras el desalojo, danzaron con más fuerza y ánimo encima de las cenizas que quedaron del lugar de culto, añade. “Nosotros los Ava dónde vamos a ir. Este es nuestro lugar, si nos echan volveremos a entrar”, cantó el cacique Ramón López.

En el ñembo’e jeroky (rezo-baile) se alternan las plegarias y un simulacro de combate repleto de humor. Los oponentes esquivan con destreza los golpes y la caída de alguno hace estallar en risas a los danzantes.

Los avá están resueltos a defender sus tierras. Foto: Sunú.

Los avá están resueltos a defender sus tierras. Foto: Conapi.

La policía llega y vigila el transcurso del ritual. Uno de los cantores cae y todos lo rodean. Estallan de júbilo cuando corroboran que no manói (que no murió). Invocan a Nane Ramói (Nuestro Abuelo) y le piden que les infunda py’aguasu (valor). Ratifican que volverán a ingresar a sus tierras.

Existen investigaciones históricas y antropológicas de autores como Franz Müller, Curt Unkel “Nimuendaju” y León Cadogan que demuestran que los avá estuvieron tradicionalmente asentados en esos territorios, que forman un tekoha en torno a la laguna, había señalado la Conapi tras el desalojo.

El organismo también había acusado a la jueza Silvia Cuevas de haber realizado una maniobra convocando a una audiencia a los indígenas en Salto del Guairá y ordenando que a la misma hora se ejecute la destrucción de las viviendas de la comunidad, aprovechando la ausencia de los habitantes.

 Laguna SA, empresa beneficiada con el procedimiento, adquirió las tierras con todos los indígenas adentro y en años anteriores ya se habían ejecutado violentos desalojos para desmontar el lugar y destinarlo a la producción intensiva de rubros agrícolas como la carne y la soja.

 

Las viviendas y el templo de la comunidad fueron totalmente destruidas. Foto: Conapi.

Las viviendas y el templo de la comunidad fueron totalmente destruidas. Foto: Conapi.

 

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